domingo, 4 de diciembre de 2016

Me llevás a otro planeta.

No sé cómo empezar esto. No sé cómo explicar todo lo que me pasa con vos, todo lo que me hacés sentir. No creo poder definirlo con palabras, porque lo nuestro es magia. Tan simple y llenador como eso.
Te miro y el corazón me empieza a latir más rápido de lo normal, y sonrío, y no sé porqué. Pero la sensación me encanta (y no quiero dejar de tenerla).
Me hablás y mi carita va tomando un color rojizo llegando al bordó, porque me gusta que me hables, porque me gusta escuchar tu voz tan cerca de mí. ¿Qué importa el color de mi piel en el momento que decís mi nombre, tan lindo como solo a vos te sale? Vení, buscame, conversame, que por vos me pongo colorada todos los días.
Me llega un mensaje tuyo y mi sonrisa se forma sola, sin siquiera pensarlo. ¿Sabés lo hermoso que es sonreír por alguien? ¿Sabés lo hermoso que es que alguien te haga sonreír? Eso lográs vos en mí: que sonría, que me sienta plena, feliz, completa. Completa, sobre todo; porque  cuando estamos juntos siento que no necesito nada más .

Pero lo que más disfruto de vos, de nosotros, de esto tan pequeño y grande que formamos, es el silencio. Porque podemos pasar toda la tarde escuchando Soda Stereo, The Strokes o Falsa Cubana, y nos encanta, y cantamos despacito para que no nos escuchemos; pero llega un silencio (por más cortito que sea) y todo sigue igual. Cruzamos miradas, nos sonreímos, queremos decir algo y no sabemos qué. Ya fue, ¿no? Gran placer disfrutar de silencios con personas que querés, que valorás, que admirás. Total, con ese estado de tranquilidad que puede durar de uno a tres minutos sumado a tus ojos sobre los míos, ya no quiero más. Esa mirada vale más que mil canciones, más que mil palabras.

Y en ese silencio que parece eterno, se me retuerce el estómago y me dan unas ganas inmensas de abrazarte, de besarte, de decirte “te quiero” y de contarte lo mucho que me gusta tenerte tan cerca.
No lo hago.
Te sigo observando, como siempre, desconcentrándome con tu belleza sobrenatural (física y mental). Te sigo observando, como siempre, mientras pienso lo bien que me hacés, las cosas que me hacés sentir y por qué me hacés sentir de esta forma.

Y mirá, acá te lo digo, cortita y al pie: me llevás a otro planeta. Gracias.

 -Luli.


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