jueves, 17 de noviembre de 2016

Mambos internos.

Estás triste. Estás decaída. Llorás antes de dormir o mientras te bañás (porque en esos momentos nadie te puede oír). Sonreír no te sale, y reír, menos.
Te hablan y no escuchás. Vivís en la tuya, en tu mundo, sin poder dejar de pensar en tus quilombos. Cada vez dormís menos, tus mambos internos te quitan el sueño, el café te desvela, la noche te inspira y te hace recordar; y aunque querés dormir constantemente, no podés.
Te preguntás mil veces “¿por qué esto?”, “¿por qué a mí?”, y no encontrás respuesta alguna. Llega un momento en el que te decís a vos misma que lo mejor es cambiar de tema, de página, de vista, y pensar en otras cosas. ¡Y tampoco te sale!

Los días pasan cada vez más rápido, pero no te importa: solo querés dejar de sufrir por cosas que no pasan, o por cosas que ya pasaron, o por cosas que podrían llegar a pasar… en vez de disfrutar el hoy, el ahora, el presente, el estoy.
Pero sí, te dejo con tus mambos internos que, apuesto, te gustan. Los necesitás. Si no los tenés, te sentís incompleta.
Sí, te acostumbraste a vivir con un dolor que podrías haber dado por terminado hace mucho, mucho tiempo.

Luli.

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