lunes, 17 de octubre de 2016

Sensaciones.

Un café caliente con mucha espuma. Un té de frutos rojos. La comida de la abuela. El postre de mamá. Los asados de papá.
Las peleas con tus primos, con tus hermanos. Los abrazos de tu abuelo y los consejos de tus tías. Las discusiones familiares en plena sobremesa, ¿y qué importa?

Abrazar a una amiga. Escuchar a una amiga. Apoyar a una amiga. Contenerla, quererla, serle sincera, compartir, reír, ¡estar!

Un beso en los labios, un beso en la mejilla o un beso en la frente. Un beso tímido en la comisura de los labios. No importa cómo sea, sino de quién venga. 
Una caricia. Un mensaje. Una salida. Un “te adoro” sin vueltas, un “te quiero ver” directo y un “estoy hasta las manos con vos” para enamorarme.
Un recital con alguien que querés. Una birra en un balcón, un pucho de a dos, una sonrisa compartida. 

La luna con el cielo despejado. Las nubes grises cuando está por llover. La lluvia, caminar debajo de ella, el arcoíris que se forma después. El viento en la cara, ¡sí, que te despeine!, el cabello desatado y una sonrisa gigante. El mar, el sonido de las olas, los gritos de los nenes y los nenes hundiéndose en la arena.
El sol. El sol brillando, el sol en el amanecer, el sol en el atardecer. El sol rodeado de nubes o el sol con un cielo totalmente celeste.

El olor a libro viejo. Sentir un libro nuevo. Leerlo y formar parte de la historia, irte por un rato, ser otra persona.
El sonido de la guitarra, ¿qué importa si es acústica, criolla o eléctrica? Todas suenan igual de bien. Todas son música.
La música. Tu canción preferida, la que te hace bailar, la que te hace llorar o la que te provoca mil emociones diferentes en solo cuatro minutos. La canción que te dedicó esa persona, la canción que dedicaste, la canción que querés dedicar. Todas causan algo.

Sensaciones que vivís a diario y que tenés que valorar más.
Disfrutalas, ¡no sabés cuándo vas a dejar de sentirlas!



-Luli.

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