lunes, 24 de octubre de 2016

Extraviada - Capítulo 1.

Cerró sus ojos e intentó dormir. Contó ovejas, cantó canciones lentas dentro de su cabeza, pensó en cosas lindas, y nada.
Los recuerdos, una vez más, atormentaban su cabeza. Pero Chiara ya estaba más que acostumbrada: le pasaba lo mismo desde los diez años, aproximadamente, cuando comenzó a comprender el mundo en el que vivía y la clase de personas que la rodeaban.
Volvió a abrir los ojos para que el pasado saliera de su cabeza y se dio media vuelta para observar a su hermana, a su incondicional, a su pilar.

—Fio, ¿estás despierta? —preguntó en voz baja.
Silencio.
—Fio —volvió a llamar.
Silencio.
Sonrió para sus adentros y, sin hacer demasiado ruido, se levantó de la cama para ir a su escritorio.

Su habitación era su parte favorita de la casa: además de dormir con su hermana, cosa que le encantaba, tenía una parte en la que estaba su mesa de estudio y una notebook (aunque más que estudiar, la usaba para escribir) donde se pasaba horas y horas mirando series, actualizando su blog y chateando con sus amigas.
Las cuatro paredes de la habitación estaban pintadas de rosa palo, color que ambas eligieron apenas llegaron a la casa. Había pósters de artistas que les encantaban y fotos de ellas juntas, con sus amigas, solas, de chiquitas, con sus papás, y demás. Era un lugar muy reconfortante para Chiara y Fiona, pero sobre todo, una guarida.
Porque allí se escondían sus secretos, sus chismes, sus llantos, sus historias, sus risas. Todo lo que compartían, todo lo que amaban, todo lo que las entristecía; todo estaba en esa habitación, incluso las cajas de recuerdos.

Se sentó en la silla giratoria de su escritorio y prendió la notebook. Abrió WhatsApp Web para ver si alguna de sus amigas estaba conectada y enchufó sus auriculares tras buscar Dollhouse de Melanie Martinez. «Qué tema del bien», pensó.

Chia: Hola Vic
Vicky: Hola Chia! Qué hacés despierta?
Chia: No me puedo dormir, estoy re desvelada. Me quiero morir. Siempre me pasa lo mismo
Vicky: Uy nena, acostate y relajate, estás muy estresada creo yo…
Chia: Nooo, estresada de qué?! Estresada debés estar vos con tantas cosas!
Vicky: Jajaja sí, puede ser. Justo me agarraste repasando para un parcial que tengo mañana
Chia: Entonces te dejo estudiar tranquila. El sábado vas a estar trabajando?
Vicky: Sí mi amor
Chia: bueno, entonces voy a pasar con Fiona a merendar y charlamos un ratito
Vicky: Dale, amiga. Gracias. Que duermas bien
Chia: Que te sea leve el estudio! Te quiero.

Si había algo que le costaba horrores a Chiara, era demostrar cariño. Había pasado por situaciones tan difíciles y dolorosas, principalmente causada por adultos, que sentía que todos eran iguales, que todos la tratarían de la misma manera. Nunca decía “te quiero”, nunca abrazaba y pocas veces sonreía.
Después de varios años de terapia pudo soltarse y renovarse, por lo que comenzó a ser afectuosa y a dar amor cada vez que podía. «Tengo que demostrarle a la gente que me rodea cuán importante es para mí, nunca sé cuándo la vida nos va a separar», se decía siempre pensando en su familia biológica.


—¿A qué hora se durmieron ayer, chicas? —preguntó Bernardo.
—Yo a las doce, me parece —contestó Fiona algo dubitativa. —Pero alguien que conozco —dijo levantando su voz— se durmió re tarde.
Pilar y Bernardo se miraron, cómplices, riéndose.
—¿De nuevo, mi amor?
—Es que, pá, no me agarra sueño. ¿Qué querés que haga? —se atajó Chiara.
Él no respondió y miró el reloj. Todavía faltaba para que cada uno entrara a sus actividades.
—¿Piensan hacer algo este finde largo? —preguntó la mamá de las hermanas.
—Dormir y ver películas —contestó Fiona simpáticamente. —Excepto mañana a la tarde que voy a merendar con Chia —comentó sonriéndole.
Chiara le devolvió la sonrisa.
—Como todos los sábados —acotó alegre. Todos los sábados, desde hacía años, iban al Starbucks más cercano a merendar, sin excepción alguna. —Pero no creo hacer nada aparte de eso. Tengo que adelantar cosas del colegio y de mi página.



Chiara salió de su casa media hora antes de entrar al colegio porque, si bien quedaba a quince minutos caminando, a ella le gustaba ir escuchando música e inspirándose para nuevos relatos en su blog. Abrió Spotify en su celular y eligió Deja vu de Gustavo Cerati. «Sacar belleza de este caos es virtud», pensó mientras cantaba en voz baja. Su parte favorita.

Pasó por un quiosco a comprar un atado de cigarrillos mentolados y un paquete de chicles de fruta. Sacó de su mochila su encendedor violeta y prendió uno. Hizo el mismo recorrido de siempre, solo que la sensación fue diferente.
Para ir hasta el colegio necesitaba pasar por un jardín de infantes, al cual asistían nenes de hasta cinco años. Ya estaba acostumbrada a verlos entrar, a verlos reír, a verlos jugar en el patio delantero, a verlos aprender. De hecho, varios de los nenes la reconocían por su rubio ceniza tan particular y por su habitual cigarrillo en mano, y la saludaban contentos.
Pero ese día fue distinto, porque al pasar por allí decidió quedarse en la vereda un rato para observarlos detenidamente. Todos entraban con un adulto hasta la puerta de ingreso, les daban un beso y un abrazo, y se iban, sabiendo que volverían a sus casas con las personas que querían. Todos con sus abuelos, sus papás, sus hermanos mayores, sus tíos; todos rodeados de familiares, y eso fue lo que le provocó algo en el pecho. Que tuvieran a sus parientes biológicos tan cerca, que supieran quiénes son, que los despidieran sabiendo que a las cuatro horas los verían de nuevo.

«Un día más sin vos», pensó como todas las mañanas.

Ignoró por completo esa sensación y se quedó con un gran nudo en el pecho, pero ese nudo ya venía estando en ella desde hacía meses. Ese nudo significaba algo, pero Chiara no sabía bien qué.
 ¿Necesitaba llorar? ¿Necesitaba gritar?
¿Necesitaba hablar? ¿Necesitaba descargarse emocionalmente?
¿Necesitaba saber quién era Chiara, en realidad?  Sí. Y necesitaba dejar de buscar gente que se pareciera a ella por si era un familiar. Un tío, un primo, un abuelo.
Su mamá. Su papá.
Cualquiera.

Necesitaba dejar de estar perdida entre la multitud.

-Luli.

7 comentarios:

  1. Gracias por otra novela, me encanta lo que escribís!!

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  2. Gracias Luli, la verdad que es agradable leer lo que escribis. Te mando un beso

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    1. Muchas gracias por leerme! Me alegra que te guste 💛 Besos

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  3. Sin duda que escribir es la mejor forma de expresarse pero leerte es una cura para el alma�� Gennnnia, te admiro

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