lunes, 10 de octubre de 2016

Extraño tu amistad.

¿Te acordás cuando pasábamos horas, horas y horas hablando y no nos cansábamos nunca? Siempre teníamos algo que contarnos, algo para opinar, algo de qué reírnos. ¿Y te acordás cuando venías a casa un día y te quedabas dos más porque mi familia era la tuya? (y viceversa). No importaba si dormíamos, mirábamos películas o charlábamos sobre la vida; lo importante era estar pegadas y divertirnos.

Todos nos preguntaban si no nos aburríamos de estar juntas constantemente, y nosotras con la mejor sonrisa respondíamos que no. ¿Cómo nos íbamos a aburrir? Éramos como hermanas.
Hasta que un día, “todos” dejaron de preguntar. Porque la respuesta fue evidente.

De repente todo cambió: no nos contábamos con quién habíamos hablado, no nos sacábamos más fotos para ver juntas en un futuro y emocionarnos con eso, no salíamos a bailar y ni siquiera a tomar un café, no nos reíamos más de los chistes que solo nosotras entendíamos.
De repente dejamos de ser lo que alguna vez habíamos sido.
Y fue un dolor alma, porque la persona más importante para mí ya no formaba parte de mi vida.

Hoy en día extraño tu amistad y todo lo que vivimos de la mano de la otra, pero entendí que nada es para siempre y que a veces es necesario distanciarse para extrañarse y saber valorar a la persona que tenemos al lado.
Me encantaría que volvieras, que me contaras todo lo que te pasó en este tiempo, que me sacaras sonrisas como antes, que vinieras hasta casa solo a molestarme. Pero también quiero que seas feliz, porque te lo merecés por la gran amiga que fuiste mientras nuestra gran y linda hermandad duró, y aunque hayamos tomado caminos diferentes siempre voy a esta esperándote con los brazos abiertos para llenarte de amor y que todo empiece de cero.

-Luli.

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