miércoles, 28 de septiembre de 2016

Es amor.

Que alguien venga y me explique por qué cuando te veo se me para el mundo, por qué cuando me hablás se me corta la respiración o me pongo nerviosa.
También que me explique por qué no logro encontrarte un defecto, o por qué nunca me canso de hablar sobre vos, o por qué necesito tu sonrisa para que mi día sea el mejor.
Que me explique por qué pienso tanto en vos, por qué gasto tantas horas de mi vida en imaginarnos una vida juntos, por qué te encuentro en cada sueño que tengo.
Y, si puede, que me explique por qué llegaste a mi vida de un momento a otro cambiando todas mis ideas, mis esquemas, mi rutina; haciéndome entender qué es el amor.
Me das paz, tan simple como eso. ¡Y qué agradecida estoy!

-Luli.

lunes, 19 de septiembre de 2016

La (des)ilusión.

Desde el punto de vista femenino (y minitah, por qué no) sabemos que es posible que esa ilusión no se concrete, que puede no ser real; no nos toma por sorpresa. Lo que sí nos toma por sorpresa es la forma y el momento en el que nos desilusionamos: es como una cachetada que nos da la vida para que abramos los ojos, para que volvamos a la realidad. ¿Y qué sucede cuando ya no tenemos esa ilusión? Nos queda un vacío inmenso con gusto dulce, recordamos lo bueno e intentamos descartar lo malo. Nos queda una experiencia de la cual hay que aprender a través del mejor remedio: el tiempo.

Llega un momento en que esa desilusión ya no existe y, en su lugar, aparece una nueva ilusión. Queremos, ¡deseamos! que no pase lo mismo; pero sí pasa, y por más que nos disguste tenemos que entender que son necesarias, tanto para el ilusionador como para el desilusionado.

Creer en ilusiones es similar a una forma de esclavitud que nos mantiene desconectados del mundo real. Por eso, no dejemos de ilusionarnos y desilusionarnos, de aprender de nuestras caídas y saber levantarnos con más fuerza.

-Luli.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Punto y aparte.

Mi cabeza no para de pensar, de imaginar, de maquinear, de preguntarse cosas que no tienen respuestas (¿o será que no me esfuerzo por encontrarlas?). Ya no sé qué hacer, no puedo dormir en paz, no puedo estudiar, no puedo siquiera hacer las cosas que amo con cierta tranquilidad mental.

¿Por qué se fue todo tan al carajo en un abrir y cerrar de ojos? ¿En qué momento llegamos adonde estamos? ¿Será que no supimos aprovechar cada situación? ¿Y dónde quedaron las promesas que me hiciste? ¿Qué va a pasar con nosotros?

Uno piensa que lo tiene todo y, sin embargo, cuando se va… ¿qué sucede? Nos quedamos sin nada.

Punto final.
Punto y aparte.

-Luli.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Volver a sentir.

Llega un momento en el que todo me da igual, en el que si me pasa algo groso o no, no me pongo ni feliz ni triste. Un momento en el que si duermo o estoy despierta es lo mismo porque nada de lo que hago me transmite algo. Un momento en el que todas las caras me aburren y necesito aislarme, estar sola, encerrarme en mi mundo.
Intento encontrar el porqué de todo esto, pero no aparece… simplemente sucede.

Quiero nuevas personas en mi vida, quiero experiencias tanto buenas como malas, quiero que llegue algo o alguien que me cause una pequeña sensación en el pecho, algo o alguien que me haga volver a sentir.
Me aburre la rutina y necesito cambios constantemente. ¿Y qué? Espero que una simple acción, palabra o persona dé un giro de 360º en mí, porque es exactamente lo que estoy buscando pero aún no encuentro.


-Luli.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Mi mejor amiga.

Sos una persona llena de luz, de energía, de creatividad, de amor. Una persona que siempre me roba las sonrisas más reales, que siempre va a apoyarme sea cual sea mi decisión, que siempre va a serme sincera aunque eso pueda herirme; pero no por maldad, sino por el cariño inmenso que sé que me tenés. Y eso es lo que más amo de vos: que siempre estás conmigo a pesar de todo. Que siempre me decís lo que sentís y lo que pensás, que no tenés dos caras. Que soportás mis cagadas, mis llantos, mis histerias, pero también me soportás cuando el corazón me estalla de felicidad y soy la amiga más pesada del mundo.

Tu sentido del humor y tu forma de ver la vida tan particulares me ayudaron en mis peores momentos, y de eso te voy a estar agradecida de por vida.
Sos la persona que más quiero y valoro, la persona que nunca quiero perder porque sin vos, yo no soy yo. Te convertiste en mi confidente, en mi mamá, en mi mejor amiga, en mi hermana (y me encanta que ocupes tantos roles).

Nunca me dejaste caer. Los días en lo que lo único que quiero es no existir, vos me hacés reír. Compartís conmigo los mejores y los peores momentos. Me ayudás y escuchás cuando mi tristeza no puede ser mayor.
Tus abrazos, tus besos, tus mimos, tus palabras. Tu llegada, tu apoyo incondicional, tu confianza. Ser parte de tu vida.

Por más años de amistad.
De tropiezos y recuperaciones. 
Lo que pase, ¡pero juntas!
-Luli.