martes, 19 de julio de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 50 (final).

Querido diario: Te vuelvo a escribir, y qué raro se siente. Como cuando no ves a una persona hace mucho tiempo y, por cosa del destino, te la encontrás en la calle. O como cuando ponés tu música en aleatorio y, por cosa del destino, comienza a sonar esa canción que tal vez era mejor no escuchar.
Creo que por eso te encontré: por cosa del destino. Estaba revolviendo las cajas que tengo debajo de mi cama y, sin querer, abrí una. Y ahí estabas vos, mi fiel confidente. Lo extraño es que, horas antes, había estado pensando en los últimos años que pasé en Recoleta… Tantos recuerdos, tantas emociones, tantas cosas se me vinieron a la mente.
Y es que tuve que releerte todo, desde que comencé a escribirlo con dieciséis años y mi vida era relativamente normal hasta cuando fui a buscar a Agus a su casa. La página final fue esa, porque nunca más había vuelto a escribirte (hasta el día de hoy). Si mi memoria no me falla, esa misma noche cuando llegué a casa decidí eliminar de mi vida todo aquello que no aportaba nada, y evidentemente vos, diario querido, eras eso. Una acumulación de recuerdos que era mejor olvidar, porque mi adolescencia no fue la más bella ni la más relatada por todos. No, nada de eso. Así que supongo que opté por guardarte en una caja que años más tarde sería encontrado por la protagonista. Cosas del destino, sí.

Bueno, supongo que las páginas que sobran necesitan ser completadas con el fin de mi adolescencia y el comienzo de mi vida como… no, mayor no. A ver, cumplí diecinueve la semana pasada, mayor no soy. Adolescente tampoco. En fin. El comienzo de mi vida nueva, una vida diferente a la que tenía pensado.
Seguramente te intrigan muchas cosas (o personas, mejor dicho) que, al final, quedaron inconclusas: Agustín, Joaquín, Zoe, mamá, Paula. Ahora que me pongo a pensar, tenía un quilombo mental interno terrible.

Empecemos por lo más importante y, también, más doloroso. Toda mi adolescencia creí que las personas que más me amaban, jamás me dejarían. Hasta que caí en la cuenta de que siempre (aunque no me guste) me van a dejar por diversas razones, ya sea una mudanza, un distanciamiento, una pelea, o simplemente… una ausencia física (¡pero no emocional!). Porque eso pasó con mamá: me dejó acá sin su presencia, con todos mis mambos y cierta felicidad, pero su alma siempre me acompaña y jamás me deja sola. Y si bien extraño cada día más sus abrazos, sus lágrimas, sus contenciones, sus comidas, sus frases, su risa, su mirada, siempre tuve claro que algún día iba a pasar. Porque “cáncer”, lamentablemente, no es solo un signo zodiacal, y es más jodido de lo que vos creés. Porque, lamentablemente, hay cosas que son y no se pueden evitar por más veces que intentes. Y eso me tocó a mí: aceptar y seguir adelante.
Apenas llegué a casa ese 15 de julio de 2016, agarré mi cuaderno (donde aún hoy escribo frases y hago dibujos) y coloqué con mi mejor letra, lo que mamá me había dicho esa tarde en el hospital: que siempre haga lo que me hace feliz, que no me deje llevar por el resto, que cuide a los que amo y que me decida en el terreno amoroso. Recuerdo que al escribirlo, sonreía. Algo dentro de mí me decía que tuviera paciencia, que todo se solucionaría, pero no siempre las soluciones son las que esperamos o las que queremos.

—Ju, llamaron del Hospital.

Me dijo papá despertándome en la madrugada del día siguiente. Su cara lo decía todo, pero yo no podía aceptarlo.

—Callate —empecé a gritarle.

Y me calmó, como siempre hizo y sigue haciendo cada vez que necesito apoyo.
Y me traumé. Y lloré, lloré, lloré. Y quería desaparecer, quería irme con ella.

—Mamá no pudo salir, mi amor.

En ese momento grité más que nunca en mi vida. ¿Acaso ella había hecho algo muy malo como para merecer eso? ¿O su familia, nosotros, yo, no la cuidamos como lo necesitaba? No sé. Muchas preguntas ocuparon mi mente, pero ninguna podía (y de hecho, ahora tampoco puede) ser respondida.

De ese día recuerdo poco. Después de la noticia, no pude pegar un ojo en toda la noche y con Nico nos fuimos hasta el Hospital. Estuvimos ahí muchas horas, hasta que papá nos encontró y se quedó con nosotros. También me acuerdo que no fui a la escuela por bastante tiempo, pero Luz y Fio estuvieron a mi lado incondicionalmente ayudándome en cada cosa que necesitaba. Y que tres días después del fallecimiento de mamá, me tatué en el omóplato derecho “Felicidad” en honor a ella y a sus últimas palabras hacia mí.
Los primeros meses era todo tan difícil. Pero tan, tan, tan difícil que pensaba que no me recuperaría nunca. Y mirame, acá estoy, más fuerte que nunca; lo que no me mató, me fortaleció. Además, la convivencia con papá y Nico no ayudaba demasiado, hasta que mi hermano se mudó cerca de casa con uno de sus mejores amigos.
Iba un día por medio al cementerio donde mamá se encontraba, pero después de un tiempo me di cuenta de que eso me hacía diez veces peor, así que desde ese momento hasta ahora, trato de ir dos veces por mes. Y ahí descargo todas mis emociones hacia ella, le cuento cómo va mi vida, cómo estamos todos mientras ella nos mira y nos apoya. Va a sonar raro, pero cuando necesito un consejo con mucha urgencia y solo sé que es mamá la que puede dármelo, voy a visitarla y miro su tumba (odio esa palabra, la odio) hasta sentir sus palabras. Es decir, yo sé qué haría mamá en mi lugar, y tomo eso como su consejo. Y me voy, feliz… porque sé que estaría orgullosa de mí.


Relaciones amorosas. Ahora que me toca contarte esta parte, me puse a pensar en cómo la vida te da giros totalmente inesperados y uno, quiera o no, tiene que estar preparado para ellos; pueden golpearte o levantarte, pero siempre te van a cambiar. Por ejemplo: yo, con apenas quince años (o quizá un poco menos), podría haber jurado que Joaquín en el futuro sería mi esposo, el padre de mis hijos, el amor de vida. Menos mal que no juré ni prometí nada, me hubiese ido mal.
Lo último que supiste sobre mis amores fue que aparecí en la casa de Agustín y fin. Bueno, acá viene la parte linda de mi vida. Para mí siempre hay que arriesgar, porque más de lo perdido no vamos a perder. Nunca. Y eso hice ese día, lo recuerdo como si hubiese sido ayer (menos mal).

—Te necesito —le dije.

Su mamá entendió que la conversación se tornaría seria y se fue al piso de arriba.

—Los dos hicimos las cosas mal. Muy mal. Lo admitiste vos y ahora lo hago yo. Pero te quiero, y las segundas oportunidades me gustan.

Sus dientes completamente blancos. Su sonrisa hermosa. Sus labios acercándose a los míos. Y ahora sonrío, porque no me arrepiento de haberme arriesgado y de haber formado algo tan lindo con él.

Cuando mamá falleció, Agus fue el primero en estar para mí. Se quedaba en casa, me buscaba las tareas del colegio, me acompañaba a todos lados. Él es ese tipo de compañía que te hace olvidar un ratito lo malo y te recuerda que hay mil motivos más para salir adelante, y siempre le voy a estar agradecida por eso.
Hacemos un buen dúo y muchos de nuestros conocidos opinan lo mismo. Hay química, mucha, y después de unos tres meses de estar saliendo, comenzamos a entendernos con la mirada. Para mí, eso es lo más lindo de una pareja: que con solo mirarse, ya se comprendan.
Al principio, a papá y a Nico les costaba aceptar todo el cambio amoroso que mi vida estaba transitando. Estaban muy acostumbrados a Joaquín, a su personalidad, a la confianza que había entre los tres. El recibir a una persona totalmente desconocida para ellos y tener que comenzar de cero, les fue demasiado chocante, además de que Agus es completamente diferente a Joaquín. Y esa fue una de las primeras cosas que les pedí a papá y a mi hermano: que no compararan.
Claramente todo está saliendo genial, porque ahora van juntos a la cancha, Nico lo invita a ver partidos de básquet y hasta a jugar a la play. Me encanta. Y papá, bueno, sigue en un proceso de asimilación, aunque creo yo… va a durarle mucho tiempo más.
Antes de llevar a cabo una relación “seria”, Agus y yo aclaramos varios tantos, empezando por Paula. Ya no me quedan dudas sobre ese tema y cada día me demuestra lo mucho que me quiere (cuando te demuestran, ya no hay que dudar más).


Paula… Qué tema jodido este. No sigo resentida por lo que pasó hace tres años, no. De hecho, hoy le agradezco inmensamente por ese plan estúpido que creó en su adolescencia porque por eso estoy feliz. Ahora, yendo a lo importante, ella estuvo junto a mí cuando ocurrió todo lo de mamá y parecía que las cosas iban a encaminarse. Siempre me pidió perdón, y yo tenía intenciones de que regresara a mi vida, hasta que me enteré que había comenzado a salir con Joaquín. Y ahí tuve que hacer una pausa enorme porque no lograba entender qué tan garcas pueden llegar a ser las personas. Sin embargo, mis otros amigos me decían que lo pensara, que podíamos volver a ser el grupo grande de siempre… Pero yo no quería eso, no me interesaba en realidad, y ahí comencé a comprender que la calidad de mis amistades siempre va a ser mejor que la cantidad de ellas.
A ver, está bien, yo ya estaba con Agustín y todo lo que quieras, pero… ¿era necesario? ¡Fuimos amigas por un montón de años! ¡No te podés cagar en una persona de esa forma! Actualmente estoy feliz por mi ex, porque no solo siguen juntos sino que ella se fue a estudiar al sur para que puedan comenzar a convivir. Después de eso no supe más nada, y tampoco me interesa.


Ojalá todos tengan la oportunidad de conocer a alguien que, en muy poco tiempo, les cambie la forma de ver la vida. A alguien que con solo tres oraciones les haga pensar en todo lo que estuvieron haciendo mal para que corran y arreglen la situación. A alguien que, aunque no vean seguido, sepan que va a estar incondicionalmente. A alguien que al principio parece ser su opuesto pero, a medida que pasa el tiempo, es como sus otros “yo”.

No hablo de Agustín. Hablo de Zoe.

¿Podés creer que todavía seguimos siendo amigas? Tiene un potencial tan enorme, una actitud tan sana y una sonrisa tan llenadora que decís “esta chica tiene que estar en mi vida”. Hasta el día de hoy, ni ella ni yo, podemos entender cómo es que en pocos días de charla nos volvimos tan importantes la una para la otra. Si bien ella está viviendo en México con su amigo (sí, cumplió su sueño de alejarse de las malas vibras), siempre que tiene oportunidad viene a verme. Y por suerte existen Skype, Twitter y todas las redes sociales.
Hay algo que no mencioné anteriormente porque estaba esperando la parte en la que me tocara hablar sobre Zoe, y es que ella fue la que, en cierto modo, me motivó a salir adelante. El día que llegamos del campo, cuando yo estaba por ingresar a la habitación del Hospital con mamá, ella me dejó un sobre en la sala de espera y se fue.
Ese sobre me lo dio papá un día después del fallecimiento de mamá, tal cual le había pedido Zoe a él. “Tu amiga me pidió que te entregara esta carta veinticuatro horas después de la ausencia de Sara”, me dijo. Y claro: al principio no quería leerla, porque sabía que las palabras iban a ser tan sabias que solo me quedaría aceptarlas y comenzar desde cero. Reflexioné y la leí. Menos mal. La voy a buscar y la voy a pegar en esta hoja como recuerdo.

“Antes que nada, lo lamento. No sé si vas a leer esto el mismo día que se la di a tu papá, o si el día siguiente o si en un mes, pero espero que falte mucho.
Cuando era más pendeja y miraba novelas, siempre me preguntaba por qué las peores cosas les pasan a las mejores personas. Y hoy, después de muchos años, me respondo que es para fortalecerlas. Porque vos vas a salir de esta como pudiste salir de tantas, porque sos fuerte. Porque lo que más quiso tu mamá para vos es tu felicidad, y vos a partir de hoy vas a tener que hacer hasta lo imposible para cumplirle eso. Y confío profundamente en que vas a conseguirla y sé que jamás la decepcionarías.
Entiendo que tengas un dolor muy inmenso en tu alma y que por más que pasen los años, ese dolor va a seguir presente. Pero ahora vos tenés que entender que llorando no vas a lograr nada; de hecho, estás perdiendo tiempo en conseguir la felicidad que tu mamá tanto desea para vos. Así que dale, amiga, afrontá esto con tu mejor sonrisa y salí a demostrarles a todos que hasta en los peores momentos se puede salir adelante. Porque vos acá viniste a cumplir un objetivo, y es hacerte feliz y también poder hacer felices a los que te rodean. Y tu mamá está más cerca tuyo de lo que te imaginás, ¡tenés que correr y apurarte!
Vos podés. Confío en vos. Confío en que tu mamá nunca te va a soltar la mano, ¡sostenete en ella! No caigas. Nunca.
Te quiero. Y leé esto cada vez que lo necesites, porque sé que mis palabras te abren un poquito la cabeza.


Estemos donde estemos, voy a estar cerca tuyo. ¡Siempre!

Zoe.



Estoy llorando. Cada vez que tengo la hermosa oportunidad de leer esto, lloro. Porque es profundo, real, sincero. Es la verdad expresada en palabras, y pocas personas logran eso.
Recuerdo patentemente que después de haberla leído y llorar durante varios minutos, la llamé a su celular más de quince veces y ninguna atendió. Insistí por muchísimos días pero no daba señales de vida, hasta que un sábado que parecía ser como cualquier otro, apareció por casa y me dio el mejor abrazo que no había recibido en meses. Se quedó un par de semanas con nosotros para después partir a México, y antes de hacerlo, me confesó que el dibujo del mundo hecho en flores que me había colocado en la carta, lo había hecho ella.

No quería ponerme tan sensible terminando esta etapa de mi adolescencia, pero siempre que se cierra una puerta se derraman algunas lágrimas (aún sabiendo que una puerta nueva está a punto de abrirse).


Te cuento un poquito de mi yo actual: cuando empecé el último año de la secundaria con más energías que nunca, tuve que decidir con seriedad qué carrera seguir (o decidir si trabajar) y si viajaría a Bariloche, porque todavía no había firmado con la empresa y cada vez quedaban menos meses. Después de mucho pensarlo, elegí no viajar y ahorrar dinero para mis estudios, aparte seguía mal por lo de mamá y no me interesaba una semana de joda. Respecto a la carrera, opté por lo que tanto quería sin la oposición de nadie: Traductorado de inglés.

Ya casi a mitad de ese año, llegué a casa y papá me dijo que tenía una sorpresa para mí pero que iba a dármela con la condición de que no preguntara qué era. Difícil, pero no imposible. Nos subimos al auto e hicimos un trayecto bastante largo, casi una hora.
Estacionamos en una calle muy tranquila de la ciudad de La Plata, una de mis favoritas desde siempre. No entendía nada y realmente quería sorprenderme.

—Son tuyas —me dijo sonriente.

Y me entregó un juego de llaves. Empecé a mirar para todos lados creyendo que era una broma, pero no, y enfrente de mí tenía un edificio enorme con mil ventanas y muchos departamentos. Y uno de ellos sería mío.
Así que desde ese lugar te escribo, desde mi propio departamento a varios kilómetros de mi familia. Me encanta, es hermoso, muy amplio y muy yo. Tiene cuadros con frases por todos lados, dibujos míos colgados, plantitas. Me transmite paz y me da muchísimo gusto poder disfrutarlo.

Me corté el cabello hasta la nuca (sí, me lo corté yo sola) y amo cómo me queda. Parezco otra, pero en el fondo… sigo siendo la misma de siempre. Mi estilo de vida es el que cambió, aunque eso era obvio que pasaría. También sigo fumando, pero trato de no hacerlo tan seguido. Y estoy pensando en hacerme otro tatuaje, así que pienso releerte, querido diario, para encontrar frases lindas y significativas para mí. Pronto vuelvo renovada.

Ya estoy en el segundo año de la carrera, es bastante complicada pero cuando estoy por decaer pienso en mamá y en Zoe. Y sigo, aunque tenga que tomar quince cafés, aunque tenga que perderme las mejores fiestas, aunque no pueda salir con Agus… porque sé que voy a conseguir lo que quiero, que es recibirme. Y en la búsqueda de mi título como traductora, también me choqué con la búsqueda de mi felicidad. Ambas cuestan, pero se pueden conseguir.

Ya que nombré a Agus, aprovecho a contar que está estudiando Profesorado de Educación Física en La Plata también, a tres cuadras de mi departamento. También tengo cerca a Fio que está estudiando Psicología (¡y se puso de novia con Mateooo!) y a Luz, que decidió comenzar a trabajar en la empresa de sus papás.
Como mencioné antes, Nico se fue a vivir con un amigo a pocas cuadras de nuestra casa en Recoleta. Se está dedicando al básquet y le va genial, al fin y al cabo, después de tanto juzgarlo, creo que esa siempre fue su vocación. Hasta donde yo sé, está soltero, pero siempre tiene alguna chica dando vueltas.

Mi viejito hermoso… El más fuerte de este diario. Tuvo que recurrir a un psicólogo durante mucho tiempo para poder superar todo lo de mamá, y ahora está bien. Pero siempre se puede estar mejor. De hecho, después de tres años en soledad, está conociendo a una mujer muy adorable. Al principio me puse celosa y me enojé bastante, pero él se merece ser tan feliz como yo, o incluso más.


Una nostalgia enorme haber terminado las pocas hojas que te quedaban. Pero a la vez estoy muy orgullosa de todas las cosas que logré, y tenerlas escritas… me llena un poquito el alma. Porque en un futuro pienso compartirles este pequeño gran quilombo a mis hijos, porque hay recuerdos que jamás se borran pero tenerlos escritos te hacen poner la piel de gallina.
Porque el final de este diario no había sido el mejor de todos, pero que no haya sido no quiere decir que no será.
Porque tener presente lo que alguna vez fui, me hace entender lo que soy hoy y lo que voy a ser siempre. Porque pueden venir algunos e irse otros, pueden hacerte sufrir y después te vas a levantar, pero hay que entender que la vida es cuestión de hacer: arriesgar, experimentar y descartar.

No tengamos miedo de improvisar cada cosa que hacemos, decimos o sentimos, recordemos que lo que nos sorprende es lo que nos marca.
Te lo dice alguien que apoya fielmente a las improvisaciones. Confiá.

Ayer, hoy y siempre,
Julia. ♥

P.D.: Dejo el diario sin llave, nunca se sabe cuándo puede volver a abrirse.

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Qué emoción y qué raro se siente haber terminado con esto tan lindo que empezó un 14 de enero de este año. Sinceramente, nunca imaginé que generaría tanto en las seguidoras del blog, que empezarían a hablarme por y sobre la novela o que tuitearían frases que les gustaron de los capítulos.
Y seguramente ustedes no se imaginan cuánto me gustó escribirla, ni cuánto lloré al hacer ciertas partes. Me he dormido a cualquieeer hora los días de semana solo para analizar cómo continuaría la vida de Julia, o para decidir con quién se quedaría; o para elegir un final que les deje algo, que les haga reflexionar, que les haga observar ciertos aspectos de su vida con una mirada diferente. 
Tampoco se deben imaginar la cantidad de mensajitos que llegaron a la cuenta (e incluso a mi Twitter privado) para que Improvisando mi adolescencia no terminara, o simplemente para felicitarme y darme las gracias por haberla hecho. 
Pero, la verdad, es que las gracias más grandes se las llevan ustedes, los que me apoyaron desde el minuto cero y los que recién se sumaron a la lectura. Y la felicidad mayor me la gano yo al saber que les gustó lo que hice, lo que tanto tiempo me llevó pensar y lo que con tanto amor terminé.
Como dijo Julia, el diario queda sin llave... ¡hay capítulos que nunca cierran!

-Luli .

14 comentarios:

  1. Me lloré todo, simplemente lo amé ❤ gracias por hacer esto tan lindo y hacernos pensar, reflexionar y emocionarnos

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  2. Gracias por hacer este diario lo ame , gracias por sacarme sonrisa , llantos y emociones

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  3. Muy lindo, la ame!! te felicito! (llore fuerte)

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  4. Que hermoso todo Lulita!!! Leí todo el capitulo con las lagrimas en los ojos y finalmente me llore hasta la más mínima. No quería leerlo, lo admito. Me cuesta dejar ir. Pero si algo aprendí de "Improvisando mi Adolescencia" es que hay que soltar... Me ayudo muchísimo y estoy súper agradecida y contenta por vos, por la repercusión que tuvo y por la gran escritora que sos. Si, eso sos, una escritora del carajo. Ojala sigas sacandonos sonrisas, enamorandonos de una novela y logrando que nos adentremos tanto como para sentirnos el personaje.
    Un abrazo enorme, M.

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  5. Me encantaría que todos estos capítulos llenos de frases y enseñanzas queden plasmados en un libro para releerlo en una hoja de papel y guardarlo en mi estantería con mi colección de las mejores novelas que tengo y que leí hasta el momento. Me encantó y la verdad es inspirador. Me considero una fiel lectora y voy a estar esperando otra maravillosa obra como esta. Felicitaciones.

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  6. Gracias, solo eso, deja una enseñanza enorme lo que escribiste. Seguí escribiendo, poca gente tiene este don. Te felicito Luli!

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  7. Desde ya te digo que me lloré la vida en cada uno de los capítulos, desde cada pelea estupida de Julia con Joaquin y/o Agustín hasta la muerte de Sara. Gracias por está novela tan hermosa. Sos una genia! Seguí escribiendo por que sos gigante!! Un beso y todo lo mejor. -Gabi

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  8. Eternas gracias!!!! no te das una idea lo que me hiciste reflexionar con cada palabra, te agradezco muchísimo, de verdad. Seguí escribiendo. Sos una genia, Luli♥

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  9. La verdad muy buena la novela! Un final para reflexionar y que deja mucho para pensar y aplicar en la vida! ♥

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  10. Me canse de llorar😭 muy lindos capitulossss 🙆😻

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  11. Me largue a llorar, lo descubri ayer a la tarde y me lei los 50 capitulos de ayer a hoy, recien lo termino, es genial segui asi

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  12. Si, otra vez acá. Yo soy de las que siguió la novela desde ese 14 de enero (lo recuerdo porque varias razones) hasta que termino el martes 19 de julio. Y cada vez que tengo oportunidad, me leo algún que otro capitulo que recuerde que tiene algo que me completa. O si tengo tiempo, leo toda la novela... La realidad es que es tan fuerte, y tan significativa para muchas de tus lectoras, Lulita. Ojalá pronto vuelvas a escribir algo, para vos, para nosotras, para quien quieras. ¡Gracias! Por compartir la magia de tus palabras <3

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  13. La leía desde que empezó y por quilombos familiares deje de leer, porque sabía que me movilizaba mucho y en su momento necesitaba estar bien. Espero que leas esto porque te quiero agradecer por poner en palabras lo que yo no puedo, por hacernos reflexionar y por hacernos sentir acompañadas a lo lejos! Muchísimas gracias

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    1. Muchas gracias por retomar la novela, en serio ♥ Me pone muy contenta que te haya gustado y que haya sido una especie de compañía para vos. Espero que tus problemas estén más encaminados; éxitos y gracias de nuevo!

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