miércoles, 29 de junio de 2016

Improvisando mi adolescencia – Capítulo 44.

Querido diario:
Pasaron varios días de ese acontecimiento. Dejé de escribirte porque, sinceramente, necesitaba mucho tiempo para mí sola. Para pensar, para reflexionar, para llorar en silencio, para reír recordando, para gritar de la bronca… Para descargar emociones.

Y me desperté. Agitada, con los ojos llorosos. La realidad se estaba mezclando con mi imaginación, ya no podía seguir así. Miré el reloj y eran las cuatro y media de la mañana. Automáticamente agarré mi celular y abrí WhatsApp. No tenía mensajes de Joaquín, que era lo que realmente me importaba.
De hecho, todavía me tenía bloqueada. Y yo como buena estúpida soñando con un reencuentro.
Y volví a llorar.
Pero a llorar en serio. Mil lágrimas por segundo caían de mis ojos, se deslizaban por mis mejillas, doblaban a la izquierda y caían en la almohada. Y a la mañana siguiente, mis recuerdos de esa noche quedaron guardados ahí: un secreto entre ella y yo.

Siempre pensé (y sigo pensando) que las mejores amistades no se crean con personas sino con objetos o cosas inanimadas. Un libro, un cd de música, una foto, una canción, una poesía, una palabra. ¿En mi caso? Mi almohada. Y hablo en serio, de nuevo.


—Hija, despertate —dijo mamá esa mañana. —¿Estás bien?

Me refregué los ojos y me senté en la cama.

—Hola, má. Sí —respondí sonriendo falsamente.

Levantó una ceja. No me creía, obvio.

—Tenés los ojos hinchadísimos, Julita, ¿qué te pasó?

Suspiré y volví a llorar. ¡Tan sensible iba a estar!

—Mamá, me siento mal —dije con la voz entrecortada—. Todo empeora, empeora y sigue empeorando. Morirme sería mejor que estar acá.

Un segundo después de haber dicho eso, no pude evitar arrepentirme. ¡Cómo le iba a decir eso a mi mamá, que está sufriendo de cáncer, que solo intentaba ayudarme y yo la tiré abajo!

—No, pará, no quise decir eso —solté rápidamente mientras la abrazaba. —Vos me entendés.
—Sí, te entiendo. Pero hija, le estás dando demasiada importancia a algo que tiene que ser un recuerdo.

Nos quedamos hablando unos minutos hasta que llegamos a la conclusión de que me faltaban horas de descanso, últimamente tenía un insomnio terrible. Así que me dejó faltar, apagó la luz y se fue.


—¡Ah, hija, me acabo de acordar! —exclamó mamá mientras ponía en pausa Querido John.

Sí, nos cuesta despegarnos del masoquismo, eh.

—¿Qué pasó, má?

Me terminé despertando a las nueve de la mañana, pero bueno, algo es algo. Cuando fui a la cocina a desayunar, mamá estaba por empezar a ver la peli, así que la acompañé.

—Hoy tengo otra sesión con Mariela, mi psicóloga.

Sonreí.

—¡Qué bueno! Te hace bien, no dejes de ir.
—Sí —respondió extrañada. —No me digas que te olvidaste.
—¿Qué? ¿De qué? —pregunté tratando de recordar.

Me miró con decepción. O eso pensaba yo.

—¡Hija, te dije que tenemos que ir juntas a la próxima sesión y la próxima sesión es hoy! —dijo casi gritando.

Aparte de estúpida, mala hija también. Combo completo.
La abracé, le pedí perdón veinte veces y le dije que la acompañaría. Quizás me terminaba haciendo bien a mí misma.


Luz: Ami, por qué faltaste?? Te extrañamos!
Fio: Eso, nenaaa ♥ Pasó algo?
Luz: Tu mamá solo nos dijo que estabas cansada, pero…
Julia: Jajaja hola lindas. Sí, qué se yo, eso también. Ayer entré en crisis. Tuve un sueño horrible y, encima, lloré toda la noche. No le deseo a nadie estar en mi lugar
Fio: Ay gordita, nos hubieses llamado. Sabés que nos quedamos hasta cualquier hora mirando series
Luz: Ahora necesitás algo? Querés q pasemos?? Estamos en recreo todavía
Julia: Hoy no puedo, acompaño a mamá a la psicóloga. Pero si quieren cuando terminamos nos reunimos
Fio: Sííí, vengan a casa si quieren. Les cocino???
Luz: Noooo, nos vas a intoxicar!!!
Julia: Jajajaja les llevo algo. Ahora veo qué tengo en casa
Fio: Dale ♥♥
Fio: Luz dónde estás?? Te dije que me esperaras, ya salí del baño!
Luz: Ups, fui a comprar. Bancame
Julia: Tengo la necesidad de decirles que las adoro. Nos vemos después


—¿Cómo pasaron la mañana mis dos amores? —preguntó papá al entrar a casa.
—Bien, rompiendo las bolas —comentó Nico tan sutilmente. —¡Se largaron a llorar con la película Querido John, viejo!

Reímos todos, incluso él.

—Hija, pedí todo lo que hicieron hoy en clases, por favor —dijo papá.

Empezamos a comer la carne al horno con ensalada que habíamos hecho durante la mañana.

—Sí, después veo a las chicas así que tranqui.
—Después de acompañarme, ¿no? —cuestionó mamá preocupada.

Reí y asentí con la cabeza.

Les contamos a Nico y a papá lo de la sesión con la psicóloga y, como era de esperarse, mi hermano dijo “ni drogado asisto a lugares como esos”. Van a tener que obligarlo, lamento decirlo.

Después de almorzar fui a mi habitación a cambiarme (look acá) y a arreglarme un poco.
“Me cago en vos, en tu estado, en tu última conexión y en tu foto de mierda”, dije en voz alta al ver que Joaquín me seguía teniendo bloqueada. Así que decidí desactivar los datos móviles y desconectarme de toda esa alteración mental que estaba sufriendo.


—¿Puedo poner música? —le pregunté a mamá mientras íbamos en el auto hacia el consultorio.
—Sorprendeme —respondió alegre.

Saqué de la guantera un cd que yo misma había grabado (es decir, con mis temas preferidos) y fui al número dieciséis.

Flawless de The Neighbourhood. No sabés cómo te recomiendo esta canción, diario querido.

Ella no quiso que él corriera, él no quería que
ella se asustara.
Nadie dijo que sería fácil, ellos sabían que era brutal
pero, mala suerte, dice mi parte favorita.

—Nunca me mostraste este tema —comentó mamá mientras movía su cabeza al ritmo de la música.
Porque nunca me sentí tan mal como para enseñártelo”, pensé.
Pero no dije nada, solo sonreí y volví a mirar por la ventana.

—Bueno, llegamos. Tratala bien, sé respetuosa y si te pregunta cosas que te incomodan, tratá de respondarlas. Hacelo por mí aunque sea —me pidió.

Me dio un beso en la frente y encaramos al lugar.
Nos sentamos en unos banquitos que hay en el hall, se podría decir, y empezamos a charlar sobre esta banda que comenté anteriormente. La amo.

—Hola, Sara —se acercó la psicóloga al salir de su consultorio. —Ella debe ser la famosa Julia —dijo sonriendo.

Le devolví el gesto.

—Hola.

Entramos y unos aires de calma se acercaron a mí. Como que me sentí cuidada y protegida. Confiada.
Hablamos un poco sobre mi vida hasta que llegamos al caso de mamá, en el cual yo, según Mariela, estoy muy involucrada. Pero ella, al ser psicóloga, no puede contarme cosas sobre sus pacientes (aunque yo creo saber todo sobre mamá), por lo que nos pidió que empezáramos hablando sobre nuestra relación.
Quise comenzar yo. Me da orgullo hablar de ella. Y se notó bastante, porque a los dos minutos ya estaba llorando. Pero no sé si de emoción, de tristeza o todo junto. Un rato después, mamá fue opinando y diciendo cosas respecto al tema, lo cual me hizo sentir muy… llena. 

Mamá y yo hablábamos y Mariela solo anotaba. Nos miraba, pero no hacía gestos ni nada por el estilo. Escribía, borraba, tachaba, volvía a escribir. Hasta que nos pidió que paráramos.

—Julia, ¿vos vas al psicólogo?

Negué con la cabeza.

—Deberías.

La miré extrañada y esbocé una sonrisa desentendida.

—Te explico —comenzó. —Por lo que me diste a entender, cuando ni vos misma comprendés qué te pasa, tu mamá salta al rescate y te una mano gigante.
—Sí —sonreí. Y mamá también.
—Bueno. Yo, desde este lugar que ocupo, te digo que no es bueno tener una relación de amistad con una madre. Está perfecto que se lleven bien y se aconsejen, pero hasta cierto punto, ¿me entienden?

Asentimos.

—Por lo que, si te parece, te propongo que tengas una sesión solo conmigo, sin Sara. Porque debés tener amigos, otros familiares, novio quizá. Tenés que recurrir a otras personas, hay que tener límites.
—Yo creo que está bien —comentó mamá.
—Sí, yo igual —apoyé.

Mariela sonrió.

—Mirá, ahora no tengo turnos hasta la semana que viene. Pero, Sara, ¿te puedo dar un consejo? Desde mi lugar de madre, no de psicóloga.
—Por supuesto —respondió mamá.
—Julia lo que necesita son aires nuevos, gente nueva y lugares nuevos. Yo te recomendaría que la lleves de viaje, si tienen la posibilidad, claro, o al menos por acá cerca.

No pude evitar reír, pero de buena manera. Porque tenía razón.

 —Me encantaría, vos sabés cuánto —contestó mientras me acariciaba la cabeza. —Pero yo en este estado no puedo irme, mi marido trabaja más de lo que está en casa…

Mariela anotó.

—¿Y sola?
—¿Qué? ¿Que viaje sola? —repreguntó mamá.
—Sí. Con algún familiar con el que ella se sienta cómoda estaría bueno. Un campo, una chacra, un pueblo alejado.

Decidí meterme en la conversación porque estaban hablando de mí frente a mí.

—Bueno, Mariela, mis abuelos tienen campo a tres horas de acá.

Mariela sonrió y mamá cerró los ojos queriendo decir “¿en qué me vengo a meter?”

Luli / Improvisando mi adolescencia – Capítulo 44.

martes, 28 de junio de 2016

No nos conformemos.

Pensar, rendirnos y largarnos a llorar es mucho más fácil que pensar, intentarlo y no quedarnos con la duda. Y por eso no nos la jugamos por lo que queremos, ni decimos lo que sentimos, ni probamos cosas nuevas; porque es mejor la comodidad, quedarnos como estamos, si total "así estamos bien".
Pero podemos estar mejor. Y nos engañamos a nosotros mismos, nos carcomemos la cabeza preguntándonos "qué hubiera pasado si..." en vez de actuar. Y las oportunidades pasan, el tiempo pasa, la gente pasa, pero nosotros seguimos ahí; estancados, sin reaccionar. Seguimos ahí pensando, pensando y pensando.
Lo que no entendemos es que pensar tanto hace mal, no solo nos afecta a nosotros mismos sino que también termina afectando a nuestro entorno. Porque dejamos de ser los que éramos, porque vivimos con el miedo de "qué pasaría si...", porque nos perdemos mil cosas solo para no cambiar nuestra comodidad (a veces no tan cómoda).

A veces solo hace falta abrir un poco los ojos, abrir un poco la cabeza y abrir un poco el corazón. Las cosas no llegan solas, hay que buscarlas y elegir lo que queremos.

No nos conformemos con lo poco que tenemos, vayamos por más que, fracasos o victorias, tenemos enseñanzas que siempre nos acompañan.

-Luli.

miércoles, 8 de junio de 2016

Llegaste.

Dicen que las mejores cosas llegan cuando menos las esperás, y así pasó con vos. Sin buscarte, llegaste en el momento en el que más te necesitaba, en el momento en el cual estaba harta de amores baratos, pasajeros, en el momento en el que creía que todos eran iguales, que nadie te tomaba en serio, en el momento en el cual no quería conocer a nadie más, porque me había resignado a creer en el amor.
Llegaste cuando más sola me sentía, cuando nadie lograba comprenderme, cuando lo único que quería era desaparecer de este mundo, cuando sentía que no encajaba en ninguna parte, cuando ya no sabía qué hacer para dejar de sentirme vacía.
Llegaste y todo cambió, le diste un giro a mi vida, uniste mis pedazos rotos, mis días dejaron de ser grises y los llenaste de colores, llegaste sin importarte el caos que era mi vida, llegaste cuando la soledad se había dispuesto a quedarse. 
Llegaste cuando todo parecía no tener rumbo, cuando creía que todo estaba perdido, cuando no veía la salida en ningún lado. Llegaste y nos encontramos, sin siquiera estar buscándonos, llegaste para guiarme, para ser mi sostén, para cubrir los vacíos, para hacerme ver que todo no es tan malo como parece. Llegaste para cambiar esta rutina monótona, llegaste para salvarme.
No sé si fue casualidad o destino, pero llegaste, y ojalá que sea para quedarte.

-Sofi.

lunes, 6 de junio de 2016

Soy yo de nuevo.

Vueltero, histérico e indeciso. Así eras (y quizá, así seguís siendo): irritante. Pero me encantabas, ya que ni con esas características hartantes dejabas de estar en mi cabeza.

Cada persona elige los labios que quiere besar,
los ojos que quiere mirar,
el corazón que quiere cuidar
y a la persona
que quiere alegrar,
pero vos, ¿cuándo me elegiste?

Soñaba todas las noches con que aparecías por la ventana de mi habitación para buscarme e irnos solo a caminar y a escucharnos. Soñaba todas las noches con que dormíamos juntos. Soñaba todas las noches con que me querías. Soñaba todas las noches con vos jugándotela por mí. Por nosotros.
Pero eso tampoco nunca pasó. Porque un día estabas y al otro ya no. Porque un día me extrañabas y al otro ya no. Porque un día querías verme, tocarme, besarme, abrazarme, y al otro ya no. Y yo me la bancaba, porque te amaba. O eso pensaba.
Porque llegó un día en el que me desperté cansada de sufrir por vos, cansada de llorar por vos, cansada de hartar a mis amigas hablando sobre vos, cansada de no querer salir por vos, cansada de estar obsesionada con el celular por vos. Porque llegó un día en el que me cansé de vos.
Pero vos no querías aceptar que la mujer que comía de la palma de tu mano, había empezado a dejar de tener hambre.

Y cuando finalmente estuviste listo para quererme,
yo ya estaba lista para irme.

Me propuse abrir nuevos horizontes, conocer nuevas personas, secarme las lágrimas y salir a recorrer todo lo que me estaba perdiendo por alguien que, claramente había demostrado, no lo valía. Y, puedo jurar, fue la mejor decisión que pude haber tomado.

Porque volví a sonreír. Porque volví a hablar con mis amigas sobre otras cosas. Porque no tuve más insomnios por tu culpa. Porque ya no estabas en cada canción que escuchaba. Porque no extrañaba tenerte cerca. Porque soy yo de nuevo.

-Luli.

sábado, 4 de junio de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 43.

La espera se me hizo eterna. Dejé su chat abierto pero no se ponía En línea, por lo que supuse que estaría leyendo mi carta. Decidí ir a la cocina a buscar una manzana o cualquier cosa que hubiese para comer y bajar los nervios. Encontré varias y agarré dos.

—¿Estás bien, hija? —preguntó mamá observándome.

Asentí sonriendo y me fui.



Deslicé la barra de notificaciones y ahí estaba su mensaje.

Jo: Seguís ahí?
Yo: Sí, sí…
Jo: Me sorprendiste jajaja
Yo: Siento un poco de vergüenza, creo. Pero no me arrepiento
Jo: Está perfecto! Jaja. No me la esperaba, posta
Yo: Dicen que las cosas inesperadas son las mejores, no?
Jo: Sí, depende.. Hablemos de esto, porfa

Empecé a comer la manzana explotando de los nervios. Sentía cómo mis dedos empezaban a temblar.

Yo: Bueno. Arranco. Te escribí lo que me pasa, lo que siento después de todo esto. No te quise hacer sentir presionado ni nada. Fue un descargo emocional, jaja
Jo: Lindo descargo emocional!
Yo: Necesario.
Jo: Gracias por la sinceridad, Ju. Ahora lo hago yo, te parece?

Y bueno, si no quedaba otra…

Yo:
Jo: Te quiero y te extraño. Mucho! Pero no pienso que alguien es esencial en la vida de otra persona, y este distanciamiento me hizo darme cuenta de varias cosas

“No sigas, por favor, basta.”

Jo: Me acordé de cada momento que pasé con vos cuando nuestra relación empezó a ir mal. De cada palabra que me decías, de cada expresión que usabas, de todo! Y, medio tarde, te doy la razón. Lo nuestro está super desgastado, ya no es lo mismo…

Los “Escribiendo…” me mataban.

Jo: … y por más tiempo que nos tomemos, esto ya no avanza, Ju. Vivimos lo que teníamos que vivir, pasamos por lo que teníamos que pasar y duramos lo que teníamos que durar. Ahora es momento de buscar, crear y replantearnos cosas nuevas. Te quiero muchísimo y siempre vas a ser la persona más importante de mi vida, estés cerca o lejos. Y no quería que te confundieras, sabía q no tenía q llamarte. Perdón!

Cada palabra que leía me rompía un poquito más el corazón. Pero no podía parar.

Yo: Lo acepto, pero no lo entiendo. Me buscabas constantemente, te aparecías por mi casa, me llamabas a la hora que fuere, todo por nada?
Jo: No digas eso. Yo me cansé de remarla tanto después de q hayas estado con Agustín. Estaba dispuesto a perdonarte todo. Pero abrí la cabeza y empecé a quererme un poco… y hasta ahí llegué
Yo: Nunca vas a entender que NO estuve con Agustín mientras estaba con vos?
Jo: O sea que estuviste con él mientras pensabas en qué decirme a mí, no? Jajaja ya fue, eu, posta. Todo bien igual, pero no quiero seguir con esto
Yo: Listo? Así terminamos casi dos años de noviazgo? Oka, dale
Jo: Y cómo querés que terminemos si todo empezó por vos y tus histeriqueos, boluda? Diciéndote que te amo y que vengas a buscarme? NO JULIA!

Momento de echarse culpas.

Yo: Ahora la culpa es mía
Jo: Ahora y antes. Ya sabés lo que pienso, basta, ya fue. Gracias por todo, que seas muy muy muy feliz!
Yo: Estás con otra, no?
Jo: EH? Podés parar?
Yo: Decime la verdad, Joaquín

Bloqueé dos segundos mi celular y, cuando volví a abrir WhatsApp, no podía ver su foto de perfil, ni su estado ni su última conexión. ¿Me había bloqueado? Sí.
“Es un forro cagón. Lo odio!”, grité mientras tiraba el celular contra el ropero.

—¡Julia, pará! —gritó mamá entrando a mi cuarto.

Empecé a llorar y ella me abrazó.

—¿Qué te pasa, reina?
—¡Joaquín me pasa, má, Joaquín! —respondí histérica.

Me miró compasiva.

—¿Querés hablar?
—¡No! ¡Lo único que quiero es olvidarme de él para siempre y mandarlo bien a la  mierda!
—Basta, hija, basta —me tranquilizaba mamá tocándome el pelo. —Acostate y dormí, ¿sí?

Le hice caso (medio a la fuerza) y me dormí al poco tiempo.



Me desperté ya siendo de día, pero cuando miré el reloj eran las diez de la mañana. Me puse las pantuflas con cierta rapidez y recorrí la casa buscando a alguien, pero nadie estaba.

—¡¿Papá?! ¡¿Nico?! —pregunté gritando.

En ese momento golpearon la puerta. Me acerqué al espejo que está en el living y mi aspecto era agradable como para recibir a alguien a las diez de la mañana. Abrí la puerta.

—¿Qué querés?
—Tengo algo para darte —contestó con una sonrisa.
—No quiero nada de vos, Paula. ¿Qué hacés acá? ¿No fuiste al colegio?

Volvió a sonreír.

—En serio te va a gustar. Es solo para vos.
—¡¿No entendés que no quiero nada que venga de tu parte?! —grité eufórica.

Miró para su lado izquierdo y guiñó el ojo. Yo no podía ver de qué o de quién se trataba, pero pensé que me estaba haciendo una broma de mal gusto.

—Nos vemos —dije.

Entré a mi casa bastante confundida. ¿Por qué seguía esforzándose tanto en buscarme, en recuperarme?

Abrí la alacena, saqué cereales y los puse dentro de un vaso de yogurt con frutilla. Coloqué todo en la mesa y puse Soda Stereo en la compu del living. Masoquismo puro, se le llama.
Estaba muy entretenida cantando y comiendo hasta que sonó de nuevo el timbre. Me prometí que si era Paula, le cerraría la puerta en la cara. Pero no era ella.

—Sorpresa —dijo.

Me quedé con los ojos abiertos como dos platos y la boca cerrada, hasta que entendí la situación (más o menos) y empecé a rascarme la cabeza, a morderme el labio, a levantar la ceja izquierda.

—¿No vas a decir nada?
—¡Sí, que sos un pelotudo! ¡Rajá de mi casa, enfermo! —le grité.
—Obligame a irme —desafió. —¿Me vine desde el sur para verte y me tratás así?

Reí irónicamente.

—¿Te mandé una carta desnudándome por completo y me bloqueás por WhatsApp? Huevos son los que te faltan, Joaquín.
—¿Ah, sí? —preguntó redoblando la apuesta.

Iba a asentir con la cabeza para después entrar a casa pero me besó.
Sí, así.
Sus labios sobre los míos y su perfume sobre mi piel.
Quería separarme, pero no podía (ni quería). Quería decirle que lo odiaba con cada parte de mi ser, pero no me salían las palabras.

Entramos besándonos a mi casa, casi sin respirar, diría yo. Soda seguía sonando fuertemente, pero no molestaba: al contrario, era un gusto reencontrarnos así.

—Te amo, te amo, te amo —dijo suavemente en mi oído derecho mientras me besaba el cuello. —Te amo.

Sonreí para mis adentros.

Fuimos hacia mi habitación, donde solo se oía el ruido del viento y de algunos pájaros. Podía ver por la ventana cómo el cielo se iba nublando y cómo los truenos empezaban a hacerse notar. Me gustaba.
Nos acostamos en mi cama y Joaquín empezó a desnudarme. Yo hice lo mismo con él, hasta que empezó a bajar y yo solo gozaba. 
No puedo explicar con palabras cuánto extrañaba su presencia, su voz, su perfume, sus besos, su manera de tocarme, su sensualidad, su cabello, sus manos. No puedo explicar todo lo que sentí en el momento en el que volvíamos a estar juntos.

—Sos la más linda —dijo abrazándome.

Por una extraña razón, sentí su voz lejos de mí.

—Te extrañaba tanto —volvió a comentar.


Pero sus palabras estaban cada vez más distantes de mi cuerpo.

Luli / Improvisando mi adolescencia - Capítulo 43.

viernes, 3 de junio de 2016

Volvé, mi amor.

Que vuelva el de antes, por favor.
Que vuelva el que me dedicaba sonrisas lindas, tímidas pero llenadoras.
Que vuelva el que me hablaba sin excusa alguna, solo porque sí.
Que vuelva el que me hacía reír como nadie más podía.
Que vuelva el que no le tenía miedo al qué dirán, porque ahora dependés mucho del resto.
Que vuelva el que me demostraba cuánto le importaba; no solo con palabras, sino también con acciones.
Que vuelva el que me molestaba solo porque le gustaba verme enojada.
Que vuelva el que miraba cada un minuto y se daba vuelta rápidamente para que yo no lo viera.
Que vuelva el que me sacaba temas de conversación sin parar.
Que vuelva el que me daba los besos más tiernos y cariñosos que alguna vez recibí.
Que vuelva el que no era vueltero, el que si quería algo lo decía y ya.
Que vuelva el que me quería.

Vos, mi amor, ¿por qué no volvés? No te imaginás cuánto te extraño. Extraño lo que eras y también extraño lo que éramos juntos. Me acuerdo de tu perfume y me duele sentirlo cada vez menos. Me acuerdo de tu voz y me duele escucharla solo una vez por día. Me acuerdo de nuestras conversaciones y me duele tenerlas una vez cada tanto.

¿Por qué tuviste que cambiar así, sin previo aviso? ¿Por qué no te quedaste siendo el que eras? Extraño al que una vez me enamoró. Hace menos de dos meses seguía a tus pies, pero… ver cómo cambiabas tu esencia, lo que tanto te identificaba; darme cuenta de que la persona que me cautivó por su inteligencia y su forma de ser cada vez estaba más lejos de ser lo que era, hizo que me alejara de vos.
Y por eso te extraño tanto. Porque vos eras perfecto, con tus defectos incluidos. ¿No te alcanzaba con que seas perfecto en mi vida?

Dicen que alguien sigue enamorado del otro aun cuando éste cambia, pero yo no lo creo así. Yo me enamoré de lo que esa persona me mostró, de lo que fue y de lo que me gustaba de ella. Si cambia, ¿por qué tendría que seguir enamorada si ya se fue lo que me enamoró? Y estoy segurísima de que, en el fondo, él sigue siendo el mismo. Pero ciertos ambientes, ciertas personas, ciertas circunstancias, te hacen cambiar y querer ser (o fingir ser) alguien que no sos solo para encajar.

Es triste verte ir,
de alguna manera estaba esperando que te quedaras.

-Luli.