miércoles, 13 de abril de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 36.

Luz sonrió, me guiñó el ojo derecho y se fue al banco de una compañera. Yo me acerqué a Agus con una sonrisa.

—Buenos días.
—Qué lindo verte desde tan temprano —dijo. —¿Te sentarías con tu nuevo compañero?

Hice una mueca.

—Ay, perdón, pero todos los primer día de clases me siento con Luz —comenté disculpándome. —Mañana nos sentamos juntos.

Sonrió asintiendo y mi amiga se acercó. Saludó a Agus.

—Ju, ¿nos sentamos allá? —preguntó señalando un banco en diagonal adonde estábamos.

Ese banco estaba al fondo, el de Agus estaba más adelante y podría verlo con mucha claridad.

—Dale —respondí después de haber analizado el panorama.

La mañana transcurrió con total normalidad, los profesores iban siendo agradables y el curso en sí también. Yo estaba bastante nerviosa por el hecho de que Agustín fuera mi nuevo compañero y porque tendría que verle la cara a Paula todos los días, pero dejé de pensar en esos asuntos y todo fluyó genial.

—Boluda, Agustín no para de mirarte —dijo Luz mientras el profesor de Química escribía en el pizarrón los requisitos para aprobar la materia. —Se da vuelta y vos no te das cuenta.

Sonreí mirando hacia su lugar.

—Sí me di cuenta, tonta. Solo que sé disimular.
—Paula tampoco sabe disimular, te cuento. No para de mirarlos a ambos.

Nos reímos y justo él se dio vuelta para verme. Nuestras miradas se chocaron y puedo jurar que repetiría ese momento unas cuántas veces más.

A las ocho y media tuvimos el primer recreo de veinte minutos. Fio nos había escrito en el grupo: se había quedado dormida el primer día de clases y pedía que le contáramos todo, desde la llegada de Agus hasta cómo eran los nuevos profesores.
Estábamos sentadas en un banco del hall cuando se acercó Joaquín.

—Hola —saludó parado frente a nosotras.

Levanté mi cabeza.

—¿Qué pasa? —pregunté con poca paciencia. —¿Qué querés?
—Desearte suerte para este año.

Miré a Luz y noté cómo revoleaba los ojos. Esta escenita era repetida.

—No necesito ni quiero suerte. Gracias igualmente —respondí en tono seco.

Volví a agarrar mi celular para leer a Fiorella y notaba la presencia de Joaquín. Me estaba cansando de verdad.

—¡¿Necesitás algo?! —exclamé irritada.
—¿No me vas a desear suerte?

¡NO!

—No, nene, no quiero hablar con vos. ¿Te podés ir?

Estaba yéndose cuando apareció Paula, se saludaron y se quedaron charlando cerca de nosotras. Ella, al poder mirarme, me hacía caras desafiantes. Las aguanté una vez, dos veces y hasta tres, hasta que Luz me dijo que no sea boluda.

—¿Qué mierda querés, Paula?

Joaquín miró sin entender.

—Si no te hizo nada, loca. ¿Para qué la buscás?
—¡Me está jodiendo desde que se puso a hablar con vos!

Mi ex amiga sonrió falsamente.

—Ay, no, te debés estar equivocando. Yo solo estoy hablando con Jo.

¿Con Jo? ¡LA QUERÍA MATAR! ¡Ese apodo se lo había puesto YOOO!

—¿Perdón?

Joaquín entró a reírse a carcajadas.

—Están todas bastante paranoicas. Vamos, Pau.

Se fueron por el camino contrario y me quedé con mil cosas por decir. ¡Tan estúpida tenía que ser!

—Le falla posta, eh —soltó Luz cuando nos quedamos solas.
—¿Qué hice para merecer esto?

Volvimos al aula después de haber charlado un poco y, con Literatura y Biología de por medio, el día terminó rapidísimo.



—¿Hay alguien? —pregunté cuando entré a casa.
—Hola —dijo Nico desde la cocina. —¡Te estoy cocinando!

Sonreí para mis adentros y me acerqué adonde él estaba.

—Ese olorcito…
—Hamburguesas con puré. El almuerzo de mamá de todos los primeros días.
—El mejor —apoyé.

Fui a mi habitación a sacarme el uniforme y me vestí con ropa de entrecasa (este es el look). Una vez que terminé, fui al baño.



—¿Cómo te fue hoy? —preguntó mi hermano mientras empezábamos a comer.
—Bien, qué se yo. Normal —contesté.

El almuerzo estaba buenísimo.

—¿Cómo que normal? ¡Tus primer día son siempre buenos, Julia! —exclamó.

Me reí porque era cierto. Antes, cuando mi vida era más o menos normal, yo iba al colegio con Joaquín y allá nos encontrábamos con su grupo y el mío. Nos pasábamos las horas hablando de las vacaciones y del gran año que nos estaría esperando.
Este año todo sería diferente. Mis amigas, mis relaciones amorosas, mi familia, mi escuela… Los cambios ya se estaban sintiendo. Y mucho.

—Bueno, este fue un primer día normal —dije con poca emoción. —¿Vos qué hiciste?
—Yo dormí hasta las nueve y después me fui a entrenar —pausó para tomar jugo. —Volví a casa hace una hora, ponele, me bañé y te cociné esta delicia.

Continuamos hablando del quinto año escolar que ya estaba arrancando y del famoso Bariloche. Me contó sus experiencias allá (no todas, por suerte) y compartimos opiniones. En un momento me acordé de todo lo que yo había sufrido el año pasado cuando Joaquín firmó con una empresa para irse este año.

—No me tenés que prometer nada, confío en vos y en nosotros —decía yo.
—Y hacés bien en confiar. Nada va a cambiar esto hermoso que tenemos —decía él.
—Bariloche son un par de días, nuestra relación es más que eso —volvía a decir él para convencerme de que nada pasaría.

Él había soñado con ese viaje desde que entró a la secundaria, no podíamos privarnos de ir sin saber cómo estaría todo luego.
Y menos mal que no tomamos esa decisión, porque meses después todo terminó siendo completamente distinto y, sobre todo, inesperado.

Lavé los platos después de haber almorzado y me fui a acostar un rato. Una vez en la cama, le mandé un mensaje a papá para que me contara la situación en San Francisco, y hasta supuse que respondería rápido. Pero me dormí sin haber recibido una respuesta.

Abrí los ojos y sentí ruidos que parecían llegar del living. Miré la hora en el celular y eran las cuatro de la tarde. Tenía un mensaje de papá.

Pá: Todo marcha normal tirando a mal. Mamá sigue durmiendo, hoy le hacen más estudios. Te amamos

Decidí contestarle.

Yo: Estudios? Más todavía?
Pá: Sí, mi amor. Ojalá fuera tan sencillo como pensamos!
Pá: Lo peor de todo es que cada vez come menos. No tiene fuerzas para casi nada. Si la vieras no la reconocerías.
Yo: Ay, pá. Que los médicos hagan todo lo posible
Pá: Eso intentan, mi reina.

—¿Nico me dijo que iba a salir? —me pregunté al soltar el celular y volviendo al mundo.

Me levanté cuidadosamente de la cama para no sufrir mareos, me puse mis pantuflas violetas y encaminé al lugar de donde provenía todo el quilombo.

—¿Vos? ¿Qué hacés acá? ¿Cómo entraste? —pregunté sorprendida.
—Tenemos que hablar. Y a solas —respondió levantando una ceja.
—Yo no tengo nada que hablar con vos. Andate de mi casa.

Se rió irónicamente.

—¿Ah, no? —se acercó a mí. —Tenemos que hablar de una sola cosita. Te encantaría escucharme.

Luli / Improvisando mi adolescencia - Capítulo 36.

14 comentarios:

  1. EL 37 POR FAVOOOORRRR🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏

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  2. A naaaaaaa, pone el 37 ya que me dejaste con la intriga mal locaaaaaa!!! Porfa, lo necesito💆💆💆

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  3. No era q Joaquín ya había terminado la secundaria ?

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  4. Pobre joa, no lo forres así, trata de llevarse bien.Así como disculpaste la cagada gigante de Agus, dejalo a Joa que pueda hablarte bien también, capaz hay algo que quiere decirte o hacerte ver, dale esa posibilidad, se lo merece
    EL 37 POR FAVOR, ME MUEROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, PONELO HOY O MAÑANAAAAAAAAAAAAAAAAAA !!

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  5. Necesito el 37, como me vas a dejar con esta intriga? Ahre
    Sos una genia piba♥

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  6. No entiendo por que no te importa Joaquín! Onda pasaron banda de cosas y lo tratas como el orto. El 37!!!!! ����

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  7. Como lo perdono a cagada gigante de Agus, que al menos lo escuche a Jo! Paula zorra la odio -.- el 37 ya chicaaassssss xfa :c

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  8. Nunca me enganché con este tipo de cosas, pero juro que me encanta, 37 por favor ����

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  9. Y quien entra??????😶😶😶 El 37 por faaaa

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  10. Ya quiero el 37.A ella le falta un año? En Bs As terminan en 6to?

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  11. Ni ahí me visto con esa ropa para andar en mi casa jaja

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  12. Nico terminó la secundaria y Joaquín no? Tienen la misma edad

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  13. No era que julia estaba en 4to recien y joaquin en 5to?

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