miércoles, 30 de marzo de 2016

Improvisando mi adolescencia – Capítulo 30.

¿Qué mierda está pasando?”, fue lo primero que pensé. Creo que nunca me hubiese imaginado algo así.

—¿Me pueden explicar qué carajo están haciendo juntos? —pregunté histérica, entrando a la habitación. —¿No te cansás vos? —me dirigí a Paula.

Ambos bajaron la mirada.

—Te puedo explicar —soltó Agus después de unos segundos.
—De vos no quiero explicaciones, no somos nada. De vos sí, “amiga” —hice con los dedos.

Se largó a llorar. Sí, así, automáticamente. No estaba para escenitas, cada minuto que pasaba me sentía peor, traicionada, y aún sin saber la razón.

—Si quieren me voy —dijo él parándose de la cama.
—No. Vos te quedás.

Se volvió a sentar y, en cambio, Paula se paró para hablar.

—Yo te juro que si me dejás hablar hasta el final, no te jodo más en tu vida.
—Hablá.

Suspiró. Justo antes de que empezara a hablar, entraron Luz y Fiorella para ver cómo estaba el ambiente. Les pedí que se quedaran y eso hicieron.

—Por favor, no me interrumpan.
—No da que andes pidiendo favores, Paula —dijo Luz bruscamente.
—Voy a empezar, ¿sí?

Asentimos, ya con poca paciencia.

—Una semana antes de la joda en la que vos conociste a Agustín, yo empecé a tener problemas.

Todas estábamos por preguntar qué clase de problemas, pero mejor no interrumpir.

—Problemas conmigo misma, con mi autoestima —continuó. —Ya no sabía qué mierda hacer para enamorar a Joaquín, me sentía inferior a vos —dijo mirándome—, sentía que nunca te iba a alcanzar. Sos como una ídola para mí, tenés todo lo que yo quisiera y sos como a mí me gustaría ser.

Empezó a llorar y las ganas de abrazarla aparecieron, pero me contuve. Lo peor estaba llegando, lo presentía.

—Cada día que pasaba vos estabas mejor con Joaquín, la envidia me salía por todos lados. Empecé a comer menos, a vestirme mejor, a maquillarme, a hacer más deporte, no falté ni a un solo entrenamiento de vóley, todo para que tu novio se fijara en mí. Pero lo que yo no sabía, era que él te amaba a vos —pausó. —Es decir, sí lo sabía, pero no lo entendía, no era consciente de eso.

Una lágrima cayó por mi mejilla.

—No llores, pará —me dijo. —Uno de esos días, conocí a Agustín gracias a Abril que entrena conmigo, ustedes los conocieron a ambos la noche de la joda. Vi que pegaron onda al instante y se me ocurrió una idea.

Ya está. Todo estaba claro. Intenté acomodar mi cabeza antes de decir cosas de las que después tal vez me arrepentiría, pero la paciencia se me había acabado.

—¡Sos una enferma! —grité empezando a llorar. —¡No me digas que le pediste a este estúpido que me haga separar de Joaquín!

Mis amigas, sorprendidas, abrieron los ojos de una manera inexplicable y no sabían qué decir. El silencio de Paula dio a entender todo, por lo que ellas me abrazaron y la eliminaban con la mirada.

—¡Y vos sos un hijo de puta! —grité señalando a Agus.

Él me pedía perdón, no le salían otras palabras de su boca.

—Cómo no me di cuenta, levantaron tantas sospechas —mencioné casi en voz baja. —Les salió todo como querían, hicieron que me separara de Joaquín y también que me enganchara con este pelotudo.
—¡Paula, decí algo! —gritó él.
—¿Qué pasa? —pregunté sin entender.

Paula revoleó los ojos sin ganas y habló.

—Que Agustín quiso hacerlo hasta cierto punto.
—¿Eh?
—¡Que a mí me salió todo como el orto, porque se terminó enganchando de verdad! —parecía furiosa cuando, en realidad, tendría que haber sido al revés.
—¿Tanto les cuesta explicarme bien? —pregunté más tranquila pero no por eso, sin bronca.
—Que yo en un principio acepté porque quería plata —contó él levantándose de la cama. —Pero después, conociéndote con el paso de los días, me di cuenta de que no paraba de mirar tu foto de perfil y de que necesitaba estar con vos constantemente, por eso te invitaba a hacer cosas todo el tiempo. Hablé con Paula, le conté que ya no me interesaba su propuesta pero no me permitió que dejara de hacerlo. Yo no quise lastimarte, realmente me gustás, Ju.
—Felicitaciones, vos a mí también me gustás y sin embargo encontraste la forma de cagarla. Bien, chicos —dije sarcásticamente. —Agus, ojalá con la plata que ganaste te compres una novia. Y vos, Paula, ojalá salgas con Joaquín.

Se me cayó otra lágrima, sentía decepción, bronca, tristeza y ganas de no parar de llorar.

—Paula, sos una hija de puta. Te vas a quedar sola, acordate, todo vuelve —dijo Luz defendiéndome. —¡Cómo se te pudo haber cruzado por la cabeza esta locura! ¡Sabés cómo viene la mano con Julia y sus temas familiares, enferma!

Ella volvió a llorar y a gritar, justificándose que su amor hacia mí era enorme. Sí, se notaba… Cansada de toda esa situación, abrí la puerta y mis amigas me siguieron, pero no me fui sin antes gritarles.

Les pedí a las chicas que me dejaran sola, solo quería salir de esa casa y volver a la mía. Salí a la vereda, respiré lentamente y empecé a caminar.



—¡Ju, Ju! —me gritaron.

Me di vuelta y ahí estaba él.

—Hola, Jo —saludé sonriendo.

Empezó a correr hasta alcanzarme. Me dio su campera y me la puso. En otro momento me hubiese negado, pero la realidad era que no tenía ni fuerzas para discutir.

—Gracias.
—No, de nada —me devolvió la sonrisa. —¿Qué pasó? ¿Estás bien? Escuché un montón de gritos, se fueron varios de la joda por ese temita.

Me largué a llorar. La sensibilidad me estaba matando. Él, como siempre, en vez de atosigarme con preguntas estúpidas e incluso innecesarias, se limitó a abrazarme y a permitirme apoyar mi cabeza en su hombro. No sé si extrañaba eso, pero qué bien me sentía.

—Mi vida es una mierda —dije entre lágrimas. —¿Todo mal me tiene que salir?

Frenó su paso y lo imité. Me separó de él y me miró.

—Pará, gorda, ¿qué pasa?
—Si te cuento no me vas a creer.

Se quedó callado, sin saber qué decir.

—Si te referís a que últimamente no creo nada de lo que me decís, es porque estoy molesto. Nada más. Sí te creo, pero la bronca me supera.

Reí.

—Todo lo de Agustín fue un juego de Paula.
—¿Qué? No te entiendo.
—Que Paula le “pagó” —hice las comillas con los dedos— a él para que él me separara de vos.

Me miró sin entender.

—¿Y por qué quisiera separarte de mí?
—¡Porque está obsesionada con vos, Joaquín!

Me costó hacer que me creyera, pensaba que era una joda de mal gusto. Caminamos sabiendo que íbamos a terminar en su casa: siempre pasaba eso cuando yo me sentía mal o sin ganas de algo. En el camino analizamos toda la situación y sacamos conclusiones, pero todo nos seguía pareciendo una tremenda estupidez y una idea que solo puede llevar a cabo una loca.



—Pasá —me dijo abriéndome la puerta de su casa.

Ese olor lo conozco”, pensé. “El desodorante de jazmín que compra su mamá”. Sonreí para mis adentros.

—¿Estás solo? —pregunté sacándome su campera.
—Sí, mi viejo se fue al campo y mamá y Emma se fueron a La Plata.
—¿Eh? ¿Por?
—Trabajo.

Me preparó un café para despabilarme un poco y, mientras él se encargaba de eso, yo recorría la casa recordando cada día allí. Caídas, peleas, abrazos, besos, llantos, películas, juegos de play, meriendas, cenas, presentación oficial, juntadas, juegos con su hermanita. Si las paredes pudiesen hablar…

—Tomá —dijo dándome el café.

Estábamos en el living cuando lo agarré y me lo volcó en mi short.

—¡Ay! —grité por el ardor.
—¡Perdoname! —exclamó él. —¡Pará, pará, quedate quieta!

Y salió corriendo a buscar una rejilla húmeda.

—Gracias —dije tomándola.

Empecé a limpiarme y me insistió con que vaya a cambiarme. Acepté después de unas tres veces y fuimos a su habitación para que me diera un pantalón. En ese instante recordé cuánto me gustaba usar su ropa cuando me quedaba a dormir.

—Esperame acá.

Y se fue al cuarto de juegos a buscar ropa en el canasto, donde seguramente estaba su ropa sin planchar a causa de que su mamá no estaba en la ciudad. Mientras miraba las fotos colgadas en su pared, me di cuenta de que seguía teniendo la que estaba conmigo, la primera foto que nos sacamos juntos.
Salí rápidamente de mis pensamientos y empecé a sacarme el short para cambiarme cuando él llegara. Me puse de espaldas a la puerta y comencé a desabrocharlo. Me dio vergüenza, no sé por qué si esa casa ya me había visto de esa forma varias veces sin la necesidad de haber estado sexualmente con Joaquín.

—Encontré este, Ju —dijo Joaquín.

Y no me dio tiempo a sentarme que él ya estaba dentro de la habitación.
Yo en ropa interior y él había aparecido sin remera.
Mi corazón se aceleró por diez.


Luli / Improvisando mi adolescencia – Capítulo 30.

20 comentarios:

  1. Eeh? Te fuiste con Joaquín como si nada? Yo ya no entiendo la verdad

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  2. Este capitulo me re mareo

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  3. Chicas esta confundida ella, de la noche a la mañana no se le van a desaparecer los sentimientos hacia Joaquin, en algún momento le iba a pasar algo como esto..

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  4. Para mañana el 31 plis!!!!!!!!!!!

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  5. Ojalá todo se arregle con joa, tenes que estar con él, ambos se quieren realmente.Necesito el capítulo siguiente ya

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  6. La flashaste, como se va a ir con el de la nada?

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  7. No llegan a garchar y dejo de leer

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  8. Me encantaaaa! Seguila asi que con Joa es hermoso, no hagas caso a las que les gustan los cancheritos como Agustin

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  9. o garchan o no leo mas jajajajaja. No, pero de verdad que vuelvan!! son hermosos juntosss💘💘

    GARCHE GARCHE GARCHE ah jajajajajaja

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  10. Yo queria a Agustin no me pueden hacer estooo el 31 yaaaaa

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  11. Joaquín!!!!!!! Al fin! Tienen que volver

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  12. Y ASI DE RAPIDO SE FUE CON JOAQUIN???? ESTOY CONFUNDIDA

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  13. El 31 ya por favorrrrrr��

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  14. O garchan o no leo mas jajajaja el 31 yaaaaa chicas deleeen

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  15. Es obvio que con todo lo que pasó se va a aferrar a la persona que más estuvo para ella, las peleas en ese caso ya no tienen relevancia.

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  16. Que onda? Todas le dan consejos y la cagan a pedo y es una novela nomáss,no es ella

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  17. Por que la dejan así!????? Quiero el próximo yaaaa!!!!!!!!!!!

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  18. Sabiaaaa que Jooaquin era bueno, no podia ser todo eso lo de Agustin , era todo muy rapido. Me encantaaa quiero el otro capitulo

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