domingo, 27 de marzo de 2016

Improvisando mi adolescencia – Capítulo 29.

Silencio incomodísimo por un minuto. Yo mantuve mi mirada fijamente sobre Paula, quien bajó la suya durante todo ese tiempo. Nico y sus amigos empezaron a irse a lo de Agus y me pidió que no hiciera bardo.
Cerraron la puerta. Solo quedaban mis amigos.

—¡¿Qué mierda fue eso?! —gritó Fio.

Otro silencio más. Para ser sincera, a esa altura ya estaba harta de los silencios en los que se piensan qué decir para zafar de una situación. Y yo sabía con claridad que de esa, no iba a salir viva.

—Dale, amiga —dije remarcando la última palabra. —¿No pensás decir nada?
—Paren, eu, debe ser un malentendido. Tiene alcohol encima, ya la conocen —la defendió Bruno.
—¿Vos me estás jodiendo, boludo? ¡Está sobria! ¡Sabe lo que hace! —grité ya desesperada. —Hablá de una puta vez, Paula, me estás cansando.

Ella se limitó a levantar su cabeza, pararse frente a todos y quedar como el centro de atención. Lo que ella siempre quiere, obviamente.

—Basta —dijo con mucha tranquilidad. —Yo puedo hablar.
—¡Hacelo! —gritamos todos.

Empezó a llorar. Yo tenía muchísimas ganas de ir a esa joda pero más me interesaba escuchar esa historia por la que tan intrigada estaba. Seguramente todo se relacionaría con todo.

—Cuando íbamos a segundo año yo estaba enamoradísima de un chico más grande, pero nunca le conté a ninguno de ustedes porque me daba vergüenza. Fueron pasando los meses y cada vez me atraía más y más —suspiró—, hasta que un día llegó Julia diciendo que se estaba hablando con un chico.

Cerré los ojos como si eso fuera a prohibir que Paula hablara. Ya me imaginaba todo y no quería (ni podía) aceptarlo.

—¿Estás bien, Ju? —me preguntó Luz abrazándome.

Asentí. Me senté porque sentía que mi cabeza daba mil vueltas, no sé si por el alcohol o por la confesión.

—Ese chico era Joaquín, el mismo que tanto me gustab… —no terminó la frase. —En fin. Seguí callándome porque la felicidad de mi amiga me importaba más, pero no puedo más, de verdad que no. Y cuando ella nos contó que habían terminado, una parte de mí se alegró. Mi desesperación era cada vez más grande, no sabía qué hacer, cómo reaccionar, si hablar o no, así que preferí no decir nada al respecto. Ahora lo veo y se me para el mundo, lo amo, ¿entienden? Lo amo.
—¡Callate, sorete! —grité yo. —¡Andate de mi casa, ahora!

Todos se quedaron callados, supongo que nadie sabía qué decir. Yo sí. Podía seguir.

—Vos no estás enamorada, no sabés lo que es amar. Lo tuyo es obsesión, ¡obsesión! —empecé a llorar de la bronca. Me sentía engañada. —¡No te quiero volver a ver!

Paula se paró y se acercó a mí. Intentó abrazarme, pero me alejé. Ramiro se puso en el medio de ambas para que no se desate un caos.

—Dejame explicarte, en serio —soltó.
—¿Vos me estás jodiendo? ¡Qué me vas a explicar! ¡Ya entendí todo!

Me di vuelta diéndole la espalda

—Paula, va a ser mejor que te vayas —dijo Fio con cierta timidez e inseguridad. —Hacelo por el grupo.

Eso hizo.

—Quiero imaginar que nadie sabía esto —dije yo para romper el hielo.
—No, no —respondieron todos.
—No puedo creerlo, nunca se me hubiese cruzado por la cabeza —comentó Bruno.

Luz lo rebajó con la mirada.

—Igual, chicos, había que ser muy boludo como para no darse cuenta.

La miré como diciendo “hablá”.

—Quiero decir, era bastante obvia. ¿Nunca se fijaron en cómo lo miraba?
—Nunca hablar antes, ¿no? —dije yo histérica.
—No hablo sin saber, Julia. ¿Por qué no vamos yendo a la joda? Creo que todos necesitamos distraernos —opinó abrazándome.

Las ganas de salir se me habían ido, pero no podía darle a Paula el lujo de no ir.



—¿Estás bien? —me preguntó Agus un ratito después de haber llegado.
—Perfectamente —respondí sonriéndole. —Me gusta la música, eh.

Me devolvió la sonrisa, me agarró la mano y me sacó a bailar. Su casa era inmensa y parecía más amplia aún sin la mesa y las sillas cerca. Solo había un par de silloncitos, la cocina actuaba de barra y el patio también estaba a disposición de nosotros.

—En un rato te busco, voy a ver si está todo en orden —dijo.

Me dio un beso en la mejilla y se fue. Yo salí al patio a tomar un poco de aire y, de paso, a buscar a mis amigos.

—¡Ju! —gritaron Luz y Fio apenas me vieron. —¿Dónde estabas?

Me reí por su coordinación para decir ciertas cosas.

—Con Agus, ¿por? ¿Pasó algo? —ya estaba paranoica.
—Sí —tartamudearon ambas.

Abrí los ojos en plan de querer explicaciones urgentemente. Ellas se miraron y Luz le guiñó el ojo a Fio para que hablara.

—No te calientes ni te pongas estúpida, ¿me escuchaste?

Asentí.

—Joaquín está acá.

Me reí irónicamente para no decir “qué vida de mierda que tengo”.

—¿Lo vieron?
—Sí, boluda, encima está solo.
—¿¡Qué!? —grité sorprendida. —¡Nunca sale solo!
—¡Lo sé! Por eso te lo digo —dijo Fio.
—Me pasó por al lado, le sonreí bastante simpática y me eliminó con la mirada, te juro —comentó Luz. —Nunca lo había visto así.

Pensé.

—¿Vieron? Algo le pasa.

Todo esto habrá ocurrido alrededor de las tres, cuatro de la mañana como mucho. A las cuatro y media comenzaron a sacar más alcohol y ya casi todos estaban muy mal, excepto mis amigos y yo. O al menos eso parecía.



—¡Chicas! —apareció Bruno gritándonos.

Nos dimos vuelta y lo vimos corriendo con un vaso de cerveza en la mano. Su estado de ebriedad era graciosísimo.

—¡La vi a Paula!
—¡Callate! —exclamó Luz. —¡Pará de gritar!
—Perdón, perdón, no me doy cuenta —dijo él bajando su tono. —La vi a Paula, estaba charlando con un chico.
—¿Qué chico? —preguntó Fio intrigada.

Pensó mientras tomaba de su vaso.

—Ni idea, che. Pero era alto, pelo negro, fachero.
—¿Dónde los viste? —pregunté yo rogando que ese chico no fuera Joaquín.
—Arriba —respondió riéndose.
—Yo no le creería mucho, Ju. Está re mal. ¡Reaccioná, imbécil! —le gritó Luz a Bruno.

Él se rió, me deseó suerte y se fue a bailar.

—¿Qué hago? ¿Voy a ver? —necesitaba ayuda. —¡Es una forra!
—Calmate, amiga, pará. No sabés con quién está ni qué está haciendo, aparte arriba hay varias habitaciones, ¿o no? —aclaró Fio.
—Sí, igual, yo iría, eh. Después de lo que hizo ya no confío —opinó Luz.

Yo solo escuchaba lo que hablaban, prefería no decir nada.

—Chicas, no me maten, pero creo que después de todo Paula no estuvo tan mal.
—¿Sos joda? —preguntamos con mi amiga al unísono.
—No, hablo en serio. Ella quiso que vos seas feliz, Julita, abrí los ojos.
—Claramente tenemos realidades diferentes, ami. Lo acepto, pero no lo comparto —le di un sorbo al vaso de Gancia de Luz. —Me voy.
—¿A dónde?
—Al piso de arriba.



¿Qué mierda estás haciendo, Julia? Te vas a arrepentir de por vida, listo, bajá esas escaleras y volvé con tus amigas. ¿Por qué sos tan curiosa? ¡Todo mal hacés! Te vas a llevar una gran decepción, en serio, mejor no enterarse. ¡Andate, estúpida!”, repitió mi cabeza hasta llegar arriba.

Había cuatro habitaciones: un baño y tres cuartos. El de Agustín yo ya lo conocía, sabía cuál era, pero en vez de mandarme directamente a ese decidí pasar por al lado de cada puerta para ver si escuchaba algo.

—Ay, movete —me dijo una chica que salía del baño y estaba hasta la nuca de alcohol.

La miré con mi mejor cara de odio y continué mi investigación. Por lo visto, en el baño no había nadie, solo esa adolescente en pedo. Seguí con la puerta de la derecha, solo las separaba un espejo. No se oían voces, entré de todos modos.

—¿Hola? —pregunté gritando.

Nadie respondió, estaba vacía. Parecía una sala de juegos o algo así. Salí.

—¿Buscás a alguien? —me preguntó un chico rubio de ojos marrones. —Te puedo ayudar.

¿Confiar o no confiar?

—Sí —respondí dudando. —¿No viste a una chica como de mi altura, con el pelo marrón, vestida con un short de jean y un top que dice only smile?

Se rió tiernamente.

—Sí, Paula, ¿no?

¿Tan conocida es esta?”, me pregunté. Volví a mi mundo y reaccioné. Asentí.

—Está en una de las habitaciones, creo que en la de los viejos de Agus, la de ahí —señaló la puerta de al lado a la que había entrado.
—Pará. ¿También conocés a Agus? —pregunté sin entender.
—Sí, obvio, hacemos skate juntos.

Quizá me conocía. Es decir, si yo tanto le gustaba tendría que saber, mínimo, mi nombre.

—Ah, mirá. Yo soy Julia —sonreí.
—Lautaro.
—¿No me ubicás?

Pensó.

—No, negrita. ¿De dónde?
—Soy amiga de Agus. Bah, “amiga” —hice con los dedos las comillas—. Gusta de mí pero estamos viendo. Complicado.

Se rió.

—No te tengo ni de cara, eh. Y eso que Agus comenta sobre las minitas que le gustan. Bueno, te dejo, suerte con tu búsqueda.

Me saludó y se fue. Cada cosa que encontraba o escuchaba, me hacía sospechar más. Seguro hablábamos de diferentes Agustines. Salí de mis pensamientos y me decidí por entrar a la habitación que me había comentado el tal Lautaro.
La peor decisión que podría haber tomado después de haber ido a esa maldita joda.



—Julia, mierda —dijo Agustín agitadamente. —¿Qué hacés acá?

Ingresé más al cuarto sin estar realmente segura. Ahora agradezco haberlo hecho.

—¿Qué hacés vos acá? —preguntó Paula.

Los dos nerviosos. Los dos sentados en la cama. Los dos tenían algo en sus manos y tardé en ver qué era.



Luli / Improvisando mi adolescencia – Capítulo 29.

19 comentarios:

  1. Quiero el 30 ya!!! 😭😭😭😭

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  2. Ay diosss, lo re malpense jeje. Seguilo yaaaa

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  3. Por favooooor, el otro capítulo publicalo hoy !! No aguanto tanta intriga, me mueroooo

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  4. naaaa como me vas a dejar con esa intriga? necesito el 30 por diiiiiosss

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  5. Exijo el 30!!!!!!!!!!!! Luli obsequianolos para esta noche.

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  6. Naaaaa! Quiero el 30 DIOS

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  7. Espero el 30!!!
    Me dejaste con una re intriga.
    Luli para mañana por favorrrr

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  8. El 30 Yaaa Porfaaaa.Sos la mejor ����

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  9. Mmm me parece que Agus la esta usando a ju �� saca él 30 lo antes posible porfa!!!

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  10. El 30 por favorrrrr. Pense que el que iba a estar en la pieza iba a ser joaquin diosss ��

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  11. Pense que el que iba a estar en esa pieza era joaquin! ay ay ay, media pila el 30 YAAAAAA, no me pueden dejar con esta intriga che :c

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  12. EL 30 POR DIOOOOOOOOOS

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  13. No da que tardes tanto en subir, aburre

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  14. Y el 30??? Lo necesito yaaaa,sino me aburro��

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  15. Aburre que tardes tanto

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