jueves, 31 de marzo de 2016

Improvisando mi adolescencia – Capítulo 31.

Me senté rápidamente en la cama para taparme o, al menos, para que se viera lo menos posible.

—Gracias —dije.

Estiré mi mano para que me diera uno de sus pantalones cortos e intenté ponérmelo lo más veloz que pude. Mientras, él miraba para todos lados. Sentía su incomodidad.

—Disculpame que esté así —dijo señalando su torso—, pasa que en esta casa hace terrible calor.

Sonreí.

—Sí, bueno. Gracias de nuevo —me levanté. —Me voy a casa.

Quedó recalculando, creo que había entendido cualquier cosa.

—¿Qué? ¿Cómo que te vas?
—Sí, nunca dije que me iba a quedar.
—Pero pensaba que sí.

Abrí los ojos alegremente y salí de su habitación, buscando la puerta principal para salir. Una vez que llegué, la abrí y él quedó atrás de esta.

—¿En serio no querés que te acompañe?
—Sí, Joaquín, posta. Gracias —dije sonriente.

Lo saludé con la mano y comencé mi trayecto. Eran las seis de la mañana y el sol estaba saliendo. Si bien ya era sábado, varios autos recorrían la ciudad: muchos llenos de adolescentes y otros tantos con gente mayor, supongo que iría a trabajar.

Últimamente mis noches están siendo rarísimas”, pensé en voz alta. En ese momento me acordé de Nico. Marqué su número y llamé.

—Julia, al fin te dignás a aparecer —dijo con cierto tono de preocupación.
—Hola, hermanito. Perdón, tuve una noche complicada.
—Después me contás. ¿Dónde andás?
—Caminando.
—¿¡Qué!? ¿Qué mierda hacés caminando? —exclamó gritando.
—¡Calmate! Estoy volviendo a casa.

Me pidió que me quedara donde estaba porque en quince minutos pasaría a buscarme. Entré a un quiosco a comprar una botella de agua y me senté en una mesa que estaba afuera de este.
Mi celular comenzó a sonar y vi en la pantalla el nombre de Agustín. “¿Por qué me está llamando?”, ¿No le quedaron bien claras las cosas?”, ¿Realmente se enganchó conmigo?”, no paraba de preguntarme. “La puta madre, ya fue”.

—¿Qué pasa? —contesté nerviosa.
—Linda, necesito hablarte, en serio.
—Basta, Agus, fue. ¿Querés escuchar que está todo bien? Sí, está todo bien —dije irónicamente.

Tomé un sorbo de agua mientras escuchaba su silencio.

—No, no fue nada. Yo sé que no fue y sé que te duele. Te juro que a mí también, necesito verte, necesito que aclaremos todo, necesito que escuches mi versión.
—¿No sos consciente del mal que me causaste? Ojalá estuvieras en mi mente en este preciso momento.
—Lamentablemente no puedo ser vos, pero es lo que más me gustaría así nunca te hubieses enganchado conmigo.

No me esperaba esa respuesta.

—Listo, chau —dije sin saber cómo continuar.
—Pará, Ju, posta te digo. Solo te pido que nos juntemos y que me escuches, después no te jodo más y si querés te alejás de mí para siempre. Pero necesito sacarme la culpa que tengo encima.
—¿Vos no estás en plena joda en tu casa? —pregunté pensativa y recordando todo. Digamos que me había olvidado de esa parte.

Se rió y, sin querer, yo también.

—Quedan un par, pero son amigos más que nada. Yo estoy en mi habitación, no disfruté la noche sabiendo que vos te habías ido así de… —lo interrumpí.
—Bueno, está bien, nos vemos.

Pude sentir su sonrisa.

—Pero mañana sin falta, alrededor de las dos, ¿me escuchaste? —soné firme.
—No te voy a fallar y vos no te vas a arrepentir de haberme escuchado, te lo prometo.
—No prometas, cumplí y listo. Odio dar segundas oportunidades pero algo me dice que vos te merecés una.
—Ese algo no te miente.

Escuché bocinazos fuertes y me di cuenta de que Nico estaba en la esquina esperándome. Me despedí de Agustín y salí corriendo al auto. Al fin estaba con mi hermano.

—Qué carita, eh —comentó apenas me senté en el asiento del copiloto.
—Te dije que mi noche estuvo complicada.

Puso música tranqui y durante el recorrido, el cual alargó para poder escuchar atentamente mi relato, le conté todo lo sucedido.

—¡Es una loca de mierda! —gritó apenas terminé de hablar.
—¿Viste? Yo no puedo creer haber confiado en alguien así.

Bajé el vidrio porque necesitaba aire. Pensar en ella y en ese plan tan psicópata y estúpido, me hacía doler la cabeza. Miré para afuera.

—Igual, ¿vos creés que hizo bien en haberte ocultado lo que le pasaba con Joaquín?
—Obvio que hizo mal. Si yo lo sabía la podría haber ayudado —respondí mirando el centro. —Pero realmente nunca se me cruzó por la cabeza.
—No caigo, boluda. Es re shockeante.
—Y lo peor es que yo soy la protagonista.



Guardó el auto en el garage y entramos por la puerta de tal. Fui al baño a lavarme los dientes y a sacarme el maquillaje, mi cara era un completo desastre. Cuando salí, vi a Nico durmiéndose en el sillón, por lo que lo desperté con tranquilidad así hacía sus cosas.

Al llegar a mi cuarto, me di cuenta de que había estado con el pantalón de Joaquín durante todo ese tiempo. Para mi suerte, mi hermano no había preguntado nada. Saqué mi pijama de debajo de la almohada y me lo puse; dejé el short sobre una silla así me acordaba de devolvérselo. Busqué el cargador de mi celular y lo enchufé. Pensaba dejarlo sobre la mesita de luz para poder dormir de una vez por todas, pero mis amigas habían estado charlando en el grupo.

Fio: La verdad q por ser el último finde antes de q comiencen las clases, estuvo chotísimo
Luz: Coincido! Si la joda no hubiese salido así...
Luz: Che ami, seguro q Julia está durmiendo, y me chupa tres huevos q Paula lea esto. No deberíamos sacarla del grupo? Se fue todo al carajo
Fio: Sí, no? Pero la administradora sos vos, tonta
Pau: Chicas, no me saquen, esperen
Fio: Ya tuviste tu tiempo d hablar. Luz, dale
Luz: No jodas Paula, ya fue
Pau: No, no! Quiero decirles algo
Fio: Qué pasa?
Pau: Estoy muy arrepentida
Luz: Jaja sí, bueno, hablamos
Pau: Vos y tu sarcasmo
Pau: Les hablo en serio. Salí de esa joda y llegué a casa, no paro de llorar, no puedo creer que hice todo eso
Luz: Sin embargo lo hiciste
Fio: Hubieras sido consciente antes, creo q tuviste tiempo para pensarlo bien

El último mensaje había sido hacía quince minutos. Decidí aparecer.

Julia: Luz, porfa
Luz: Hola linda. Sí, ya la saco
Pau: No sean hijas d puta!!!
Fio: JAJA nosotras? A NOSOTRAS NOS DECÍS? Cualquiera, Paula
Julia: Creo que te confundiste de personaje
Pau: Bue, hagan lo q quieran, como siempre
Luz: En serio pretendías quedarte en el grupo? No sé si sos boluda o te hacés
Pau: No bardeés que acá nadie dijo nada
Fio: Nadie dijo nada pero vos hiciste algo, motivo suficiente para q te vayas a la mierda, Paula. Luz, q estás esperando!!!! Sacala de una vez!!

Luz ha eliminado a Pau del grupo.

Julia: Gracias por todo. Las amo
Luz: Cómo no vamos a estar, pendeja? No solo te lastimó a vos, también derrumbó el grupo
Fio: Sí, totalmente. Las amo con toda mi alma chiquitas!!! ♥♥
Luz: Yo a ustedes! Pero no se pongan melosas, por favor
Julia: Jajajaj qué hacen despiertas?
Fio: Yo llegué hace un rato, estuve con una amiga q me encontré en lo de Agustín
Luz: Yo nada
Julia: Apa
Fio: Ese “yo nada” me suena más a “yo hice de todo”…
Luz: Jajajaja las odio. Estuve con Ramiro
Julia: Ah, qué bien! No hablaban hacía bastante, no?
Luz: No, Ju, no. ESTUVE con Ramiro
Fio: PARÁ
Julia: ESTUVISTE DE ESTAR?
Luz: CHICAS, A VER, ME LO COMÍ
Fio: QUE QUÉÉÉ
Julia: CONTÁ TODO, esa es mi lady

Nos dio detalles de la situación: ella estaba con Bruno y de repente apareció Ramiro. La sacó a bailar y después salieron afuera a tomar un poco de aire, donde él empezó a chamuyarla y Luz, obvio, le siguió el jueguito. Él le dijo de ir a caminar porque ya estaba cansado, ella accedió y la magia sucedió. ¡Al fin una linda noticia!
Me fui a dormir feliz. Sí, tres mil malas en solo veinticuatro horas, pero rescatar algo bueno es, hoy en día, necesario.



Me desperté. Miré el reloj: 12:06. “Bueno, bastante bien, supongo”, pensé. Abrí las cortinas y vi el patio de casa: había un sol radiante y parecía un día caluroso. Aproveché a abrir las ventanas así mi habitación se ventilaba un poco. Me volví a acostar simplemente para hacer fiaca y agarré el celular.

Agus: Buenos días, no me olvido de nuestro encuentro de hoy
Yo: Hola, sisi. A qué hora entonces?
Agus: Tipo dos y media?
Yo: En dónde?
Agus: En algún lugar donde se pueda hablar bien
Yo: Vení a casa, seguro q Nico sale. Un rato nomas.
Agus: Ahí voy a estar, linda. Gracias

No podía ni quería hacérsela tan fácil, así que lo dejé en visto.
Abrí el siguiente mensaje y era de Nico. Me avisaba que se juntaba a almorzar con Eugenia en su casa, probablemente no volvería hasta tarde. Después de toda la revisión general de WhatsApp, ordené mi cuarto y decidí cambiarme. Cuando empecé a sacarme el pijama, un chucho de frío me atacó. “Qué raro”, pensé, “acá siempre hace calor”. Mi idea de usar short cambió automáticamente, así que opté por este look.

Fui a la cocina y vi que Nico me había dejado una notita sobre la mesita del living: “te compré sandwichitos de miga, tus preferidos: dos de primavera y dos de morrón con huevo. Te quiero”. Si quiere, puede ser el más lindo. Estaba yendo a la cocina para almorzar pero me agarró un frío horrible, por lo tanto volví al living a buscar alguna camperita y encontré una de mi hermano. Me la puse y, ya preocupada, agarré el termómetro que está en la cocina para ver si tenía fiebre.
Ah, no, si yo no pego ni media”, dije en voz alta al ver que el termómetro marcaba 39 y medio de temperatura. Con lo desabrigada que había estado los últimos días, era obvio que algo así iba a pasar; solo esperaba una cosa y era estar mejor para el primer día de clases.

Yo: Eu, estoy con fiebre
Agus: No querés verme? Decimelo y listo
Yo: Jaja no, es en serio. Vení igual, quiero escucharte, pero te dejo la llave de la puerta principal atrás de la maceta roja que está en el porch. ACORDATE. Yo me tiro en el sillón a ver una peli, llamame cuando estés viniendo y si no atiendo es porq me dormí
Agus: Jajaja bueno, y paso nomas?
Yo: Sí, te dije q te dejo la llave atrás de la maceta roja
Agus: Maceta roja. Listo



Luli / Improvisando mi adolescencia – Capítulo 31.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Improvisando mi adolescencia – Capítulo 30.

¿Qué mierda está pasando?”, fue lo primero que pensé. Creo que nunca me hubiese imaginado algo así.

—¿Me pueden explicar qué carajo están haciendo juntos? —pregunté histérica, entrando a la habitación. —¿No te cansás vos? —me dirigí a Paula.

Ambos bajaron la mirada.

—Te puedo explicar —soltó Agus después de unos segundos.
—De vos no quiero explicaciones, no somos nada. De vos sí, “amiga” —hice con los dedos.

Se largó a llorar. Sí, así, automáticamente. No estaba para escenitas, cada minuto que pasaba me sentía peor, traicionada, y aún sin saber la razón.

—Si quieren me voy —dijo él parándose de la cama.
—No. Vos te quedás.

Se volvió a sentar y, en cambio, Paula se paró para hablar.

—Yo te juro que si me dejás hablar hasta el final, no te jodo más en tu vida.
—Hablá.

Suspiró. Justo antes de que empezara a hablar, entraron Luz y Fiorella para ver cómo estaba el ambiente. Les pedí que se quedaran y eso hicieron.

—Por favor, no me interrumpan.
—No da que andes pidiendo favores, Paula —dijo Luz bruscamente.
—Voy a empezar, ¿sí?

Asentimos, ya con poca paciencia.

—Una semana antes de la joda en la que vos conociste a Agustín, yo empecé a tener problemas.

Todas estábamos por preguntar qué clase de problemas, pero mejor no interrumpir.

—Problemas conmigo misma, con mi autoestima —continuó. —Ya no sabía qué mierda hacer para enamorar a Joaquín, me sentía inferior a vos —dijo mirándome—, sentía que nunca te iba a alcanzar. Sos como una ídola para mí, tenés todo lo que yo quisiera y sos como a mí me gustaría ser.

Empezó a llorar y las ganas de abrazarla aparecieron, pero me contuve. Lo peor estaba llegando, lo presentía.

—Cada día que pasaba vos estabas mejor con Joaquín, la envidia me salía por todos lados. Empecé a comer menos, a vestirme mejor, a maquillarme, a hacer más deporte, no falté ni a un solo entrenamiento de vóley, todo para que tu novio se fijara en mí. Pero lo que yo no sabía, era que él te amaba a vos —pausó. —Es decir, sí lo sabía, pero no lo entendía, no era consciente de eso.

Una lágrima cayó por mi mejilla.

—No llores, pará —me dijo. —Uno de esos días, conocí a Agustín gracias a Abril que entrena conmigo, ustedes los conocieron a ambos la noche de la joda. Vi que pegaron onda al instante y se me ocurrió una idea.

Ya está. Todo estaba claro. Intenté acomodar mi cabeza antes de decir cosas de las que después tal vez me arrepentiría, pero la paciencia se me había acabado.

—¡Sos una enferma! —grité empezando a llorar. —¡No me digas que le pediste a este estúpido que me haga separar de Joaquín!

Mis amigas, sorprendidas, abrieron los ojos de una manera inexplicable y no sabían qué decir. El silencio de Paula dio a entender todo, por lo que ellas me abrazaron y la eliminaban con la mirada.

—¡Y vos sos un hijo de puta! —grité señalando a Agus.

Él me pedía perdón, no le salían otras palabras de su boca.

—Cómo no me di cuenta, levantaron tantas sospechas —mencioné casi en voz baja. —Les salió todo como querían, hicieron que me separara de Joaquín y también que me enganchara con este pelotudo.
—¡Paula, decí algo! —gritó él.
—¿Qué pasa? —pregunté sin entender.

Paula revoleó los ojos sin ganas y habló.

—Que Agustín quiso hacerlo hasta cierto punto.
—¿Eh?
—¡Que a mí me salió todo como el orto, porque se terminó enganchando de verdad! —parecía furiosa cuando, en realidad, tendría que haber sido al revés.
—¿Tanto les cuesta explicarme bien? —pregunté más tranquila pero no por eso, sin bronca.
—Que yo en un principio acepté porque quería plata —contó él levantándose de la cama. —Pero después, conociéndote con el paso de los días, me di cuenta de que no paraba de mirar tu foto de perfil y de que necesitaba estar con vos constantemente, por eso te invitaba a hacer cosas todo el tiempo. Hablé con Paula, le conté que ya no me interesaba su propuesta pero no me permitió que dejara de hacerlo. Yo no quise lastimarte, realmente me gustás, Ju.
—Felicitaciones, vos a mí también me gustás y sin embargo encontraste la forma de cagarla. Bien, chicos —dije sarcásticamente. —Agus, ojalá con la plata que ganaste te compres una novia. Y vos, Paula, ojalá salgas con Joaquín.

Se me cayó otra lágrima, sentía decepción, bronca, tristeza y ganas de no parar de llorar.

—Paula, sos una hija de puta. Te vas a quedar sola, acordate, todo vuelve —dijo Luz defendiéndome. —¡Cómo se te pudo haber cruzado por la cabeza esta locura! ¡Sabés cómo viene la mano con Julia y sus temas familiares, enferma!

Ella volvió a llorar y a gritar, justificándose que su amor hacia mí era enorme. Sí, se notaba… Cansada de toda esa situación, abrí la puerta y mis amigas me siguieron, pero no me fui sin antes gritarles.

Les pedí a las chicas que me dejaran sola, solo quería salir de esa casa y volver a la mía. Salí a la vereda, respiré lentamente y empecé a caminar.



—¡Ju, Ju! —me gritaron.

Me di vuelta y ahí estaba él.

—Hola, Jo —saludé sonriendo.

Empezó a correr hasta alcanzarme. Me dio su campera y me la puso. En otro momento me hubiese negado, pero la realidad era que no tenía ni fuerzas para discutir.

—Gracias.
—No, de nada —me devolvió la sonrisa. —¿Qué pasó? ¿Estás bien? Escuché un montón de gritos, se fueron varios de la joda por ese temita.

Me largué a llorar. La sensibilidad me estaba matando. Él, como siempre, en vez de atosigarme con preguntas estúpidas e incluso innecesarias, se limitó a abrazarme y a permitirme apoyar mi cabeza en su hombro. No sé si extrañaba eso, pero qué bien me sentía.

—Mi vida es una mierda —dije entre lágrimas. —¿Todo mal me tiene que salir?

Frenó su paso y lo imité. Me separó de él y me miró.

—Pará, gorda, ¿qué pasa?
—Si te cuento no me vas a creer.

Se quedó callado, sin saber qué decir.

—Si te referís a que últimamente no creo nada de lo que me decís, es porque estoy molesto. Nada más. Sí te creo, pero la bronca me supera.

Reí.

—Todo lo de Agustín fue un juego de Paula.
—¿Qué? No te entiendo.
—Que Paula le “pagó” —hice las comillas con los dedos— a él para que él me separara de vos.

Me miró sin entender.

—¿Y por qué quisiera separarte de mí?
—¡Porque está obsesionada con vos, Joaquín!

Me costó hacer que me creyera, pensaba que era una joda de mal gusto. Caminamos sabiendo que íbamos a terminar en su casa: siempre pasaba eso cuando yo me sentía mal o sin ganas de algo. En el camino analizamos toda la situación y sacamos conclusiones, pero todo nos seguía pareciendo una tremenda estupidez y una idea que solo puede llevar a cabo una loca.



—Pasá —me dijo abriéndome la puerta de su casa.

Ese olor lo conozco”, pensé. “El desodorante de jazmín que compra su mamá”. Sonreí para mis adentros.

—¿Estás solo? —pregunté sacándome su campera.
—Sí, mi viejo se fue al campo y mamá y Emma se fueron a La Plata.
—¿Eh? ¿Por?
—Trabajo.

Me preparó un café para despabilarme un poco y, mientras él se encargaba de eso, yo recorría la casa recordando cada día allí. Caídas, peleas, abrazos, besos, llantos, películas, juegos de play, meriendas, cenas, presentación oficial, juntadas, juegos con su hermanita. Si las paredes pudiesen hablar…

—Tomá —dijo dándome el café.

Estábamos en el living cuando lo agarré y me lo volcó en mi short.

—¡Ay! —grité por el ardor.
—¡Perdoname! —exclamó él. —¡Pará, pará, quedate quieta!

Y salió corriendo a buscar una rejilla húmeda.

—Gracias —dije tomándola.

Empecé a limpiarme y me insistió con que vaya a cambiarme. Acepté después de unas tres veces y fuimos a su habitación para que me diera un pantalón. En ese instante recordé cuánto me gustaba usar su ropa cuando me quedaba a dormir.

—Esperame acá.

Y se fue al cuarto de juegos a buscar ropa en el canasto, donde seguramente estaba su ropa sin planchar a causa de que su mamá no estaba en la ciudad. Mientras miraba las fotos colgadas en su pared, me di cuenta de que seguía teniendo la que estaba conmigo, la primera foto que nos sacamos juntos.
Salí rápidamente de mis pensamientos y empecé a sacarme el short para cambiarme cuando él llegara. Me puse de espaldas a la puerta y comencé a desabrocharlo. Me dio vergüenza, no sé por qué si esa casa ya me había visto de esa forma varias veces sin la necesidad de haber estado sexualmente con Joaquín.

—Encontré este, Ju —dijo Joaquín.

Y no me dio tiempo a sentarme que él ya estaba dentro de la habitación.
Yo en ropa interior y él había aparecido sin remera.
Mi corazón se aceleró por diez.


Luli / Improvisando mi adolescencia – Capítulo 30.

lunes, 28 de marzo de 2016

Un pogo con vos.

Mirarnos, sonreírnos, tomarnos de las manos y hacer la fila.
La emoción de compartirlo juntos, la alegría de vivirlo con el otro.
Volver a mirarnos, apretarnos las manos y entrar.

Ahí estamos, en el recital de nuestra banda preferida. No sé en cuál pensás vos, no sé en cuál pensás que yo pienso, pero estamos juntos y nada más importa.
Se apagan las luces, todos empiezan a gritar, a cantar, a vivir. Vos estás que llorás de la felicidad que tenés encima y yo no paro de mirarte porque me gustás así. Cuando te veo sonreír, todo mi ser sonríe con vos dicen Las Pastillas, ¿no?

Arranca el primer tema, uno de los más conocidos y uno de los más cantados por el público (vos imaginá el que más quieras). Automáticamente se me viene a la mente Viejas Locas, porque ahora no es como antes, es mejor. Te veo, me sonrojo y tiemblo, me repito pensando en La Bersuit.

Ya en la cuarta canción estamos transpirados, agitados, con más energía que antes y sin ganas de irnos; queremos quedarnos así para siempre, si estoy con vos no necesito nada, suena No Te Va Gustar. ¡No puedo creer estar viviendo esto con vos, que a mi mente hacés volar!, dicen Los Piojos. Cuanto más lo pienso, menos lo creo.

La banda se toma un descanso después del séptimo tema y nosotros estamos más felices que nunca. Compartiendo lo que más nos gusta, la música, juntos. ¿Qué más se puede pedir? Una mezcla de canciones suena en mi cabeza, todas me hacen pensar en vos y en el increíble momento que estamos viviendo.

Nada podía ser mejor, hasta que te acercás a mí y me decís en el oído “lo lindo de mi vida es el saber que la gobierna tu ser”, ¿cuándo no vos con Las Pastillas? Te sigo el juego, me gusta, “le bastó sonreír para salvarme la vida”, suelto mirándote fijamente concentrándome en Salta La Banca.

El recital termina con un tema que, según recuerdo, todos cantan, saltan, festejan y se abrazan como si se conocieran de toda la vida. No sé en cuál canción pensaste vos, te cuento que mi recital terminó con un “pero dos que se quieren, se dicen cualquier cosa”. ¡Grande, Patricio Rey!

Y me despierto sobresaltadamente. Otra vez soñando con vos. Otro concierto compartido con vos. Otra noche de rock con vos.

Analizo, reflexiono, pienso, y qué lindo sería compartir un pogo con vos.

Luli.

domingo, 27 de marzo de 2016

Improvisando mi adolescencia – Capítulo 29.

Silencio incomodísimo por un minuto. Yo mantuve mi mirada fijamente sobre Paula, quien bajó la suya durante todo ese tiempo. Nico y sus amigos empezaron a irse a lo de Agus y me pidió que no hiciera bardo.
Cerraron la puerta. Solo quedaban mis amigos.

—¡¿Qué mierda fue eso?! —gritó Fio.

Otro silencio más. Para ser sincera, a esa altura ya estaba harta de los silencios en los que se piensan qué decir para zafar de una situación. Y yo sabía con claridad que de esa, no iba a salir viva.

—Dale, amiga —dije remarcando la última palabra. —¿No pensás decir nada?
—Paren, eu, debe ser un malentendido. Tiene alcohol encima, ya la conocen —la defendió Bruno.
—¿Vos me estás jodiendo, boludo? ¡Está sobria! ¡Sabe lo que hace! —grité ya desesperada. —Hablá de una puta vez, Paula, me estás cansando.

Ella se limitó a levantar su cabeza, pararse frente a todos y quedar como el centro de atención. Lo que ella siempre quiere, obviamente.

—Basta —dijo con mucha tranquilidad. —Yo puedo hablar.
—¡Hacelo! —gritamos todos.

Empezó a llorar. Yo tenía muchísimas ganas de ir a esa joda pero más me interesaba escuchar esa historia por la que tan intrigada estaba. Seguramente todo se relacionaría con todo.

—Cuando íbamos a segundo año yo estaba enamoradísima de un chico más grande, pero nunca le conté a ninguno de ustedes porque me daba vergüenza. Fueron pasando los meses y cada vez me atraía más y más —suspiró—, hasta que un día llegó Julia diciendo que se estaba hablando con un chico.

Cerré los ojos como si eso fuera a prohibir que Paula hablara. Ya me imaginaba todo y no quería (ni podía) aceptarlo.

—¿Estás bien, Ju? —me preguntó Luz abrazándome.

Asentí. Me senté porque sentía que mi cabeza daba mil vueltas, no sé si por el alcohol o por la confesión.

—Ese chico era Joaquín, el mismo que tanto me gustab… —no terminó la frase. —En fin. Seguí callándome porque la felicidad de mi amiga me importaba más, pero no puedo más, de verdad que no. Y cuando ella nos contó que habían terminado, una parte de mí se alegró. Mi desesperación era cada vez más grande, no sabía qué hacer, cómo reaccionar, si hablar o no, así que preferí no decir nada al respecto. Ahora lo veo y se me para el mundo, lo amo, ¿entienden? Lo amo.
—¡Callate, sorete! —grité yo. —¡Andate de mi casa, ahora!

Todos se quedaron callados, supongo que nadie sabía qué decir. Yo sí. Podía seguir.

—Vos no estás enamorada, no sabés lo que es amar. Lo tuyo es obsesión, ¡obsesión! —empecé a llorar de la bronca. Me sentía engañada. —¡No te quiero volver a ver!

Paula se paró y se acercó a mí. Intentó abrazarme, pero me alejé. Ramiro se puso en el medio de ambas para que no se desate un caos.

—Dejame explicarte, en serio —soltó.
—¿Vos me estás jodiendo? ¡Qué me vas a explicar! ¡Ya entendí todo!

Me di vuelta diéndole la espalda

—Paula, va a ser mejor que te vayas —dijo Fio con cierta timidez e inseguridad. —Hacelo por el grupo.

Eso hizo.

—Quiero imaginar que nadie sabía esto —dije yo para romper el hielo.
—No, no —respondieron todos.
—No puedo creerlo, nunca se me hubiese cruzado por la cabeza —comentó Bruno.

Luz lo rebajó con la mirada.

—Igual, chicos, había que ser muy boludo como para no darse cuenta.

La miré como diciendo “hablá”.

—Quiero decir, era bastante obvia. ¿Nunca se fijaron en cómo lo miraba?
—Nunca hablar antes, ¿no? —dije yo histérica.
—No hablo sin saber, Julia. ¿Por qué no vamos yendo a la joda? Creo que todos necesitamos distraernos —opinó abrazándome.

Las ganas de salir se me habían ido, pero no podía darle a Paula el lujo de no ir.



—¿Estás bien? —me preguntó Agus un ratito después de haber llegado.
—Perfectamente —respondí sonriéndole. —Me gusta la música, eh.

Me devolvió la sonrisa, me agarró la mano y me sacó a bailar. Su casa era inmensa y parecía más amplia aún sin la mesa y las sillas cerca. Solo había un par de silloncitos, la cocina actuaba de barra y el patio también estaba a disposición de nosotros.

—En un rato te busco, voy a ver si está todo en orden —dijo.

Me dio un beso en la mejilla y se fue. Yo salí al patio a tomar un poco de aire y, de paso, a buscar a mis amigos.

—¡Ju! —gritaron Luz y Fio apenas me vieron. —¿Dónde estabas?

Me reí por su coordinación para decir ciertas cosas.

—Con Agus, ¿por? ¿Pasó algo? —ya estaba paranoica.
—Sí —tartamudearon ambas.

Abrí los ojos en plan de querer explicaciones urgentemente. Ellas se miraron y Luz le guiñó el ojo a Fio para que hablara.

—No te calientes ni te pongas estúpida, ¿me escuchaste?

Asentí.

—Joaquín está acá.

Me reí irónicamente para no decir “qué vida de mierda que tengo”.

—¿Lo vieron?
—Sí, boluda, encima está solo.
—¿¡Qué!? —grité sorprendida. —¡Nunca sale solo!
—¡Lo sé! Por eso te lo digo —dijo Fio.
—Me pasó por al lado, le sonreí bastante simpática y me eliminó con la mirada, te juro —comentó Luz. —Nunca lo había visto así.

Pensé.

—¿Vieron? Algo le pasa.

Todo esto habrá ocurrido alrededor de las tres, cuatro de la mañana como mucho. A las cuatro y media comenzaron a sacar más alcohol y ya casi todos estaban muy mal, excepto mis amigos y yo. O al menos eso parecía.



—¡Chicas! —apareció Bruno gritándonos.

Nos dimos vuelta y lo vimos corriendo con un vaso de cerveza en la mano. Su estado de ebriedad era graciosísimo.

—¡La vi a Paula!
—¡Callate! —exclamó Luz. —¡Pará de gritar!
—Perdón, perdón, no me doy cuenta —dijo él bajando su tono. —La vi a Paula, estaba charlando con un chico.
—¿Qué chico? —preguntó Fio intrigada.

Pensó mientras tomaba de su vaso.

—Ni idea, che. Pero era alto, pelo negro, fachero.
—¿Dónde los viste? —pregunté yo rogando que ese chico no fuera Joaquín.
—Arriba —respondió riéndose.
—Yo no le creería mucho, Ju. Está re mal. ¡Reaccioná, imbécil! —le gritó Luz a Bruno.

Él se rió, me deseó suerte y se fue a bailar.

—¿Qué hago? ¿Voy a ver? —necesitaba ayuda. —¡Es una forra!
—Calmate, amiga, pará. No sabés con quién está ni qué está haciendo, aparte arriba hay varias habitaciones, ¿o no? —aclaró Fio.
—Sí, igual, yo iría, eh. Después de lo que hizo ya no confío —opinó Luz.

Yo solo escuchaba lo que hablaban, prefería no decir nada.

—Chicas, no me maten, pero creo que después de todo Paula no estuvo tan mal.
—¿Sos joda? —preguntamos con mi amiga al unísono.
—No, hablo en serio. Ella quiso que vos seas feliz, Julita, abrí los ojos.
—Claramente tenemos realidades diferentes, ami. Lo acepto, pero no lo comparto —le di un sorbo al vaso de Gancia de Luz. —Me voy.
—¿A dónde?
—Al piso de arriba.



¿Qué mierda estás haciendo, Julia? Te vas a arrepentir de por vida, listo, bajá esas escaleras y volvé con tus amigas. ¿Por qué sos tan curiosa? ¡Todo mal hacés! Te vas a llevar una gran decepción, en serio, mejor no enterarse. ¡Andate, estúpida!”, repitió mi cabeza hasta llegar arriba.

Había cuatro habitaciones: un baño y tres cuartos. El de Agustín yo ya lo conocía, sabía cuál era, pero en vez de mandarme directamente a ese decidí pasar por al lado de cada puerta para ver si escuchaba algo.

—Ay, movete —me dijo una chica que salía del baño y estaba hasta la nuca de alcohol.

La miré con mi mejor cara de odio y continué mi investigación. Por lo visto, en el baño no había nadie, solo esa adolescente en pedo. Seguí con la puerta de la derecha, solo las separaba un espejo. No se oían voces, entré de todos modos.

—¿Hola? —pregunté gritando.

Nadie respondió, estaba vacía. Parecía una sala de juegos o algo así. Salí.

—¿Buscás a alguien? —me preguntó un chico rubio de ojos marrones. —Te puedo ayudar.

¿Confiar o no confiar?

—Sí —respondí dudando. —¿No viste a una chica como de mi altura, con el pelo marrón, vestida con un short de jean y un top que dice only smile?

Se rió tiernamente.

—Sí, Paula, ¿no?

¿Tan conocida es esta?”, me pregunté. Volví a mi mundo y reaccioné. Asentí.

—Está en una de las habitaciones, creo que en la de los viejos de Agus, la de ahí —señaló la puerta de al lado a la que había entrado.
—Pará. ¿También conocés a Agus? —pregunté sin entender.
—Sí, obvio, hacemos skate juntos.

Quizá me conocía. Es decir, si yo tanto le gustaba tendría que saber, mínimo, mi nombre.

—Ah, mirá. Yo soy Julia —sonreí.
—Lautaro.
—¿No me ubicás?

Pensó.

—No, negrita. ¿De dónde?
—Soy amiga de Agus. Bah, “amiga” —hice con los dedos las comillas—. Gusta de mí pero estamos viendo. Complicado.

Se rió.

—No te tengo ni de cara, eh. Y eso que Agus comenta sobre las minitas que le gustan. Bueno, te dejo, suerte con tu búsqueda.

Me saludó y se fue. Cada cosa que encontraba o escuchaba, me hacía sospechar más. Seguro hablábamos de diferentes Agustines. Salí de mis pensamientos y me decidí por entrar a la habitación que me había comentado el tal Lautaro.
La peor decisión que podría haber tomado después de haber ido a esa maldita joda.



—Julia, mierda —dijo Agustín agitadamente. —¿Qué hacés acá?

Ingresé más al cuarto sin estar realmente segura. Ahora agradezco haberlo hecho.

—¿Qué hacés vos acá? —preguntó Paula.

Los dos nerviosos. Los dos sentados en la cama. Los dos tenían algo en sus manos y tardé en ver qué era.



Luli / Improvisando mi adolescencia – Capítulo 29.