lunes, 29 de febrero de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 17.

Un rato después las pizzas estaban listas. Pusimos la mesa entre todas, bajamos un poco el volumen (que por cierto sonaba Roses de The Chainsmokers, tema que amo) y una vez ya en nuestros asientos, todas me miraron esperando que relate mi historia.

—Me ponen nerviosas, chicas —dije bajando la mirada mientras me reía. —Coman y escúchenme, no me miren.

Todas se rieron al unísono. Empezamos a comer.

—Bueno, cuando llegamos a casa después del almuerzo estaba solamente mi mamá, pero se fue unos minutos después —hice una pausa para tomar jugo. —Cuando nos quedamos solos, subimos a mi habitación, yo puse música y todo eso que hago cuando estoy sola, ustedes ya saben —y asintieron con la cabeza. —Empezamos a besarnos, cada vez con más intensidad —me sonrojé, sonreí y ellas gritaron “aaaayyyy”—, ¡cállense! —las callé. —Quedamos acostados en mi cama y él dijo que no iba a hacer nada que yo no quisiera… —fui interrumpida por Pau y su celular.
—Uy, no sé quién será, qué inoportuno —dijo ella. —Voy al baño a atender, después me terminás de contar —me dio un beso y se fue a hablar.
—¡SEGUÍ! —me gritaron las dos restantes.

Y habré estado una media hora más contando mi historia de amor, con jugo y pizza de por medio. Mis amigas la amaron, me hicieron preguntas de todo tipo pero decidí no responder algunas por respeto a nuestra relación, obvio.
Pau apareció como quince minutos después de que yo haya terminado, todas la miramos como “¿y?”.

—Chicas, ¿hoy vamos a ser solo nosotras y nuestras respectivas… parejas? —terminó la frase dudando de lo que acababa de decir.
—Supongo —soltó Fio. —¿Por?

Pau se sentó.

—Porque acaba de llamarme Abril, mi amiga de vóley, ¿se acuerdan?

CÓMO olvidarla.

—¡Ay, sí! ¡La prima de Agus… —no terminó de hablar porque se dio cuenta que es la prima de Agustín.

Las tres me miraron a mí esperando una respuesta.

—¿Por qué mierda me miran? —pregunté violentamente.
—Tranqui, amiga. Porque es probable que venga con Agustín, salen siempre juntos —gran silencio. —Pero si no querés, no vienen y listo.

Pensé un rato.

—Recuerden que viene Jo, chicas. No quiero quilombo —dije sinceramente. —Que venga, pero que se mantenga alejado de mi novio y de mí.

Sonrieron y volvió a llamar a Abril para confirmarle. Yo fui al baño y aproveché a escribirle a Joaquín, prefería que se enterara antes.

Yo: Amor
Jo: Hola hermosa! Voy ahora?
Yo: No, no. Sobre eso t quiero hablar
Jo: Se canceló?
Jo: No Joooo. Va a venir Abril con Agustín
Yo: Abril? Quiéne s Abril?
Yo: La prima de él
Jo: Y?
Yo: Nada, querés q vengan? Sino les digo a las chicas q no y fue
Jo: Sí gorda, vamos a tratar de mejorar esa relación, dale? Si va a ser tu amigo quiero conocerlo o algo
Yo: ♥ te amo, nos vemos en un rato
Jo: Yo más!! Llevo algo?
Yo: Esacbio

Salí del baño más contenta de lo que había entrado.

—¿Y? ¿Qué onda? —preguntó Pau mientras juntaba la mesa. Empecé a ayudarla, Fio y Luz lavaban y secaban los platos.
—Jo dijo que no tiene drama, así que todo bien —sonreí.
—¡Genial! ¡Qué linda noche se viene, amigas! —gritó Fio.

Terminamos de ordenar la cocina y el comedor y empezamos a sacar los objetos de valor que Fiorella tiene en su casa, los cuales son bastantes: desde jarrones hasta cuadros súper importantes para su mamá. Una vez que terminamos, nos dividimos la plata del alcohol que habíamos comprado, Luz casi siempre se encarga de comprar todo y nosotras le devolvemos lo que gastó.
Sacamos algunos vasos, acomodamos la mesa, pusimos hielo en el congelador y cambiamos de música: la cumbia y el reggeatón se iban apoderando de la casa. Una media hora después, empezaron a llegar nuestros invitados… y, a decir verdad, había más gente de la que le habíamos dicho: seguro eran amigos de nuestros amigos, amigos de los chicos, y se fueron enterando. A Fio no le molestó en absoluto, al contrario, le encantaba recibir gente en su casa (su casa es como la casa del grupo) siempre y cuando no haya demasiado descontrol.
Hacía mucho calor, demasiado por ser Febrero, así que abrimos la puerta principal. Podría decir que fue como una joda solo que con menos personas, alrededor de veinte chicos y chicas estaban junto a nosotros, casi todos conocidos, claro.
Cada persona que entraba, lo hacía con una botella de alcohol bajo el brazo, esa es siempre la regla. Fuimos abriendo de a poco, aunque media hora después la mayoría estaba dada vuelta por culpa de los juegos, pero también por culpa de ellos mismos: los que no jugaban, tomaban desenfrenadamente como si no hubiera un mañana. Yo todavía no. Todavía.


—Mirá en dónde te vengo a encontrar, pequeña —me dijeron a mis espaldas. Me di vuelta y sí, era Agus.

Me reí bastante, el alcohol empezaba a hacer efecto.

—¡Hola, metido! Vos no tenías que venir —¿qué acababa de decir?, explicame. —Quise decir, vos no estabas invitado desde un principio —dije intentando arreglar la situación.

Hizo su típica sonrisita y se acercó para que lo escuchara mejor, la música estaba más fuerte que antes.

—¡Callate, Julia, callate mejor! —reímos. —¿Conocés a alguien de todos estos? —me preguntó mientras ambos mirábamos a la gente.
—Sí, creo que sí —tomé un sorbo de mi Fernet Branca. —¿Vos? —lo miré.
—A algunos. ¿Joaquín no viene?
—¡Joaquín! —grité. —Gracias, bombón, me hiciste acordar que está por llegar —le di un beso en la mejilla y me fui. Él se quedó ahí, sonriendo.

No era consciente de lo que estaba haciendo, las palabras salían de mi boca sin filtro alguno, aunque al día siguiente siempre recuerdo todo (supongo que algo vale). Me alejé de Agustín y me crucé a Fio, quien me preguntó si me sentía bien y le respondí gritando que sí, que estaba mejor que nunca. Ella sonrió simpáticamente y se fue con su vaso de Gancia a cambiar de canción. No suele tomar demasiado, toma lo necesario, lo cual es genial porque puede cuidar a las que se ponen… mal.


Cuando llegué al patio de delante de la casa, Jo estaba bajando del auto de su papá con su mejor amigo Nicolás como copiloto. Sí, ¡le dio la cara para ir con mi hermano! Pero pará, Diario querido, no solo eso, sino que también bajaba Eugenia del asiento trasero…

Luli / Improvisando mi adolescencia - Capítulo 17.

sábado, 27 de febrero de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 16.

Nos quedamos charlando en la cama hasta alrededor de las 17 hs., cuando Jo se fue a entrenar. Aproveché para levantarme y buscar ropa para la noche, si bien sólo era una reunión con amigas para hablar de mi no-virginidad, quería ir linda.
Estaba probándome un short sueltito con una remera cuando golpearon la puerta.

—Soy Nico, ¿puedo pasar? —preguntó del otro lado.
—Sí, sí, obvio —respondí mientras me acomodaba la remera.

Entró y se sentó en mi puf sin dejar de mirarme. Me sentía incómoda, así que me di vuelta mirándolo sin entender.

—¿Qué te pasa?
—Nada, quería molestarte —empezó a reírse. —Pero pará, ¿no fue raro lo de hoy?

Me senté en el borde de la cama para poder seguir teniendo su mirada.

—Sí, bastante. Hubo tensión —dije sinceramente, y él asintió con la cabeza dándome la razón. —Pero qué importa, estuvo divino todo —continué recordando mi tarde con Jo.
—Sí, “todo menos el almuerzo”, dice tu cara —se acercó. —¿Qué pasó?

Me puse coloradísima. Bajé mi mirada. Inevitable.

—Aaaah —soltó con una sonrisita. —No me digas nada, ya entendí todo. Bueno, te dejo sola —se paró y se dirigió hacia la puerta—, cuídense.

Mensaje con doble sentido, claramente. Cuando se fue decidí quedarme así vestida, era algo casual pero bonito.

Fui a la cocina a comer algo y había galletitas caseras, no pregunten cómo aparecieron porque no tengo idea. Un rato después, cuando me estaba por sentar en el sillón a leer un libro, sonó el teléfono de la casa. Tuve que levantarme y atender.

—¿Hola? ¿Quién habla? —pregunté.
—Hola, ¿se encuentra la señora Sara Abadia? —era una voz de hombre.

Pensé.

—No, está trabajando. Soy la hija, ¿en qué lo puedo ayudar?
—Ah, sí, debe ser la famosa Julia.
—Sí, ¿me puede decir quién es?
—Disculpe, habla su doctor, Tomás Catalán, el que está tratando su enfermedad.
—Un gusto, Julia Blanes. ¿Le dejo algún mensaje?
—Sí, por favor dígale que la llamé y que tiene un turno mañana a las 16 horas para hacerle un par de estudios, en la clínica de siempre.

¿Estudios? Nadie me había dicho nada.

—¿Ella está bien? —pregunté temerosamente.
—Ella tiene cáncer, Julia. Está como puede.

Silencio bastante incómodo.

—Bueno, gracias por su atención. Saludos a la familia.

Y cortó. Me pareció un médico bastante desubicado, pero bueno. Dejé el teléfono sobre la mesa y fui a mi sillón donde empecé a leer. Estuve así solo media hora, hasta que llegó mi mamá.

—Hola, hermosa —saludó ingresando a casa con unas cuantas bolsas.
—Má, llegaste —dije mientras dejaba mi libro sobre la mesita y me levantaba a ayudarla. —¿Fuiste a comprar?
—Sí, faltaba comida —nos dirigimos a la cocina para acomodar. —¿Qué hiciste hoy? ¿Estuviste acá con Joaquín?

Sonreí y asentí.

—¿Se fue recién? —preguntó sospechosamente, guardando el dulce de leche en la heladera.
—No, hace como una hora más o menos.

Se quedó callada, se limitó a sonreírme y a decirme que quería hablar conmigo.

—Sí, obvio, ¿qué pasa?
—Vayamos al living.

Una vez que llegamos, nos sentamos enfrentadas mirándonos.

—Vos sabés que siempre me podés contar todo, ¿no?

No mienten cuando dicen que las madres tienen intuición.

—Uh, sí, má, ya sé.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Sí —respondí queriendo decir que no.
—¿Vos ya estuviste con Joaquín? —soltó sin filtro.
—Mamá, tengo cosas que hacer —dije queriendo zafar.
—Sí, me imagino, como leer un libro o echarte en tu cama a estar con el celular —se puso seria. —Hija, no hagas las cosas tan complicadas, siempre das vueltas para to… —la interrumpí.
—¡Sí, má! Hace dos horas dejé de ser virgen, ¿listo? ¿Me puedo ir? —mierda.

Hubo un gran silencio que cortó ella con una sonrisa simpática.

—Qué sutil —dijo irónicamente. —¿Se cuidaron?
—Sabés que sí.
—Bueno, otro día me contás —¡gracias! —¿Hacés algo hoy?
—Sí, voy a dormir a lo de Fio.
—¿De nuevo a lo de Fio? —preguntó con una voz rara.
—Sí, nos queremos ver y… Qué tantas explicaciones, má, sabés que es verdad. Llevame antes de comer, por fa —le di un beso para irme. Me acordé. —Ah, te llamó tu doctor.
—¿Tomás?
—Sí, ese. Dijo que tenés turno mañana a las cuatro, en la clínica de siempre.
—Ah, bueno, gracias, amor —sacó su celular haciéndose la boluda. Si la conozco…
—¿Está todo bien, má? —me acerqué a ella.
—No sé, hija, para eso son los estudios. Estoy como puedo, mejor imposible —se paró, me dio un beso en la frente y fue al baño.

Cuando entré a mi habitación, puse Té para tres de Soda Stereo. Me acosté en mi cama, agarré mi celular y vi que tenía un WhatsApp. Agustín.

Agustín: Hola chiqui
Yo: Holaaa
Agustín: Cómo va eso?
Yo: Te referís a Joaquín? Jajaja bien, gracias por preguntar. Vos? Bien?
Agustín: Jajaj sisi, me alegro. Yo bien, recién llegué de andar en skate
Yo: Debés estar re cansado! Yo preparándome
Agustín: La verdad q sí! Por? A dónde vas?
Yo: Me junto con las chicas
Agustín: Salen?
Yo: Nop, tranqui, en la casa de una de las chicas

Estuvo En línea como diez minutos sin abrir mi mensaje, “¿con quién carajo estás hablando?”, “¿tan ocupado estás como para no responderme?”, pensaba. Y mientras pensaba eso, me auto-puteaba por ser capaz de pensarlo.

Agustín: Ah, piolaaa, pasala bien!
Yo: Vos hacés algo?
Agustín: Non, por ahora no. Guardo energías para el finde, como se debe
Yo: Jajajaja bien ahí, yo seguro también salgo el finde, el último!!
Agustín: Ni lo digaaas! Avisame y arreglamos algo entre todos si querés
Yo: Dale, dale


Y comí visto de nuevo. “¡Tan forro ibas a ser!”, seguía pensando.


Aproximadamente tres horas después, estaba en el auto con mamá yendo a la casa de Fio.

—¿Van a estar solo ustedes, Ju? —preguntó ella ya casi llegando.
—Sí, eso creo, no dijimos de invitar a alguien más —respondí mirándola alegremente.

Llegamos.

—Bueno, cuídense, cualquier cosa me llamás —estaba por bajarme del auto pero me tomó el brazo. —Hija, pará.

La mire como diciendo “ajá”.

—Te voy a sacar un turno con una ginecóloga, ¿te parece bien? En la clínica donde trabajo hay varias y son buenísimas —me causó mucha ternura, sí.
—Sí, má, dale —le di un beso y me bajé del auto. —¡Gracias! —le grité.

Y vi cómo me sonrió a través de la ventanilla.



—¡Hola! —volví a gritar para saludar a mis amigas apenas Fio me abrió la puerta.
—¡Miren quién llegó, muchachas! —mencionó mirando a donde estaban las chicas.
—Entrá, ya —dijo Luz.

Apenas ingresé pude ver a Pau cocinando, parecían ser pizzas. En el living estaban Luz y probablemente Fiorella, con la música bastante fuerte.

—¿Tus viejos no están? —pregunté mientras dejaba mi bolsito en una silla.
—No, ¿saben qué significa?
—¡ALCOHOL! —gritó Pau desde la otra habitación.
—Sí, también, pero no iba al caso —dijo Fio sentándose y haciéndome una seña para que imite su gesto.

Me senté.

—¿Chicos? —preguntó Luz dudosamente.
—¡Sí! —gritó la dueña de la casa. —¿No tienen ganas de invitar a sus chongos, chicas?
¿Qué? ¿No nos juntábamos a escuchar mi historia de amor?
—Pero… —dije haciendo una pausa. —¿No era que… —Fio me interrumpió.
—Sí, chichita, obvio que nos vas a contar todo tu relato —me abrazó. —Pero yo digo después de comer y todo eso, ¿no quieren?

Se acercó Pau a saludarme y se sentó a mi lado. Tenía olor a pizza.

—A mí me parece ge nial —dijo separando en sílabas la palabra “genial”.
—¿Y quiénes vendrían? —pregunté.
—Joaquín por vos, Ramiro por Luz… —ella la interrumpió.
—¿Ramiro? ¿Dicen que da? No somos nada…
—¡Obvio que da, Lu! —dijo Pau casi gritando. —Sigo. Santi por Fio y bueno, yo nada, yo las miro.

Empezamos a reírnos pero ella parecía decirlo muy en serio.

—¿Y Camilo? ¿Qué onda? ¿Ya fue? —pregunté. Hacía mucho no hablaba de él, era un ex novio de Pau.

Ella pensó bastante y luego respondió.

—No, nos vemos cuando pinta, pero hoy no quiero que esté.
—Entonces no hacemos nada, amiga. No te vas a quedar sola o… —no dejé que Fio terminara de hablar.
—Tampoco es que vamos a estar chapando siete horas seguidas, chicas. Podemos hacer juegos o lo que sea, ya fue.

Y así decidimos que podría ser una gran idea. Cada una empezó a mandarle mensajes a sus pibes y los cuatro aceptaron la propuesta. Se venía una buena y divertida noche, o eso pensaba.

Luli / Improvisando mi adolescencia - Capítulo 16.

viernes, 26 de febrero de 2016

Friendzone.

Y hoy te volví a ver después de tanto tiempo. Cómo extrañaba tu mirada intimidante, tu sonrisa perfecta, tu cabello despeinado; cómo extrañaba tu voz gruesa, tu risa contagiosa… Cómo te extrañaba a vos. Tu simple presencia me alegra la vida, es así.
Estoy feliz de tenerte cerca de nuevo, de que me cuentes tus cosas, de que me abraces, de que me saques sonrisas en mis peores momentos, de que me escuches, de que me molestes, de saber que te tengo aunque no de la manera que yo quisiera. Porque claro, estoy en la maldita friendzone: sos mi amigo, no me verías como algo más, y aunque en cierto modo duele… me conformo. “Y qué mal hago”, pienso a veces. ¿Con tan poco me conformo? ¿En serio? Sí, la respuesta es esa: prefiero tenerte entre mis amigos antes que no tenerte o, peor, perderte por haberme enamorado.
También me duele que hables de otras chicas enfrente de mí, pero te entiendo, ¿qué culpa tenés vos de que yo me haya enganchado? Si nunca me chamuyaste, nunca intentaste ir más lejos. Tus palabras, tu forma de hablar, tu mirada, tu hermosa sonrisa fueron los culpables de que yo me vaya enamorando.

Seguiré conformándome hasta que tenga el coraje suficiente para arriesgarme. Tengo miedo, miedo de que te alejes. Entendeme, corazón, no siempre que se quiere, se puede.

-Luli.

jueves, 25 de febrero de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 15.

Nico me miró pensando que yo sabía algo, pero no, estaba equivocado.

—Hola, Eugenia —saludó Jo. —Bueno, ella y yo fuimos compañeros en el secundario hasta el año pasado —explicó.
—Hasta que yo me cambié este año para hacer el último en otro colegio —continuó ella.

Nos reímos por la extraña casualidad.

—En fin —dijo mi hermano—, y ella es mi hermana —me señaló.

Eugenia se acercó a darme un beso, parece una mina simpática. Es alta, de contextura normal, tiene los ojos grandes de color verde y el pelo castaño hasta el pecho. Estaba con un look genial (acá el look) y un make up tranquilo. Nos sentamos en su mesa.

—Qué loco haberse reencontrado, ¿no? —pregunté.
—Sí, la verdad que sí —Jo rio. —Nunca hubiese pensado en vos como novia de Nico.

Nos reímos todos menos… sí, Nico.

—Y acá me tenés, con esta belleza —dijo él sonriendo. Se besaron. —Bueno, ¿qué comemos?

Nos pusimos de acuerdo en pedir unas papas fritas de entrada y como menú principal, pizzas. El almuerzo fue normal, le hicimos preguntas para conocerla, ella nos hizo a nosotros, hablamos del colegio y cosas estúpidas. Al terminar, Euge dijo que le encantaría volver a vernos, por lo que quedamos en acordar otro encuentro durante la semana. Mi hermano estaba feliz y eso era lo que más me alegraba. Nico tenía que ir a buscar el auto que había quedado medio lejos, por lo que decidí acompañarlo. Jo y Eugenia esperaban afuera del restaurante.

—Fuera de joda, qué locura volver a vernos acá —soltó ella.
—Sí, la verdad que sí.
—Joaco, gracias por no haber dicho nada de… —silencio incómodo. —Bueno, vos sabés.
—No es nada, Euge. Yo también prefiero que no se enteren, fue hace mucho y ya está.

Ella sonrió.

—Totalmente. Hace como dos años, fue… —pensó— nada, básicamente.

Mi hermano y su nueva chica se fueron a tomar un helado, o eso creo, y Jo y yo fuimos a mi casa a ver a mamá.


—Suegraaaaa —gritó él apenas entramos. Mamá salió del baño. —Acá está.

Se abrazaron como si fuera el último día de sus vidas, lo juro.

—¿Cómo estuvo su almuerzo? —preguntó mamá mientras nos sentábamos en el sillón.
—¡Excelente! La pasamos re bien, fue re divertido —quise interrumpirlo para que no meta la pata pero no pude—, simpática tu… —pude interrumpir.
—Hija —terminé la frase. Jo me miró extrañado. —Quiso decir que yo soy re simpática, ¿no, amor? —y le toqué el codo para que me siga la corriente.
—Sí, sí, eso —respondió nervioso.

Mamá no entendía nada.

—Como digan —dijo mamá. —Me tengo que ir a la clínica a atender a un par de nenes, ¿ustedes se quedan?
—¿Estás trabajando? —pregunté impactada. —Creí que te habías tomado una licencia, má.
—Ay, hija, no, todavía no —agarró su bolso, se puso la chaqueta blanca y se fue. Es una gran pediatra.

Cuando cerró la puerta, Jo me besó y automáticamente me llegó un mensaje. Me separé un poco de mi novio y lo leí: era papá avisándome que hoy llegaba tarde. Nico no estaba. Mamá acababa de salir. Casa sola. Nos levantamos del sillón y fuimos a mi pieza.


Apenas entramos, ingresé a Spotify de la computadora y puse Trátame suavemente de Soda Stereo: nuestro tema. Estaba nerviosa, sabía que estaba por pasar eso con lo que tanto había estado soñando. Me di vuelta para dirigirme hacia donde estaba Jo pero él estaba atrás mío. Nos quedamos mirando fijamente como unos diez segundos hasta que puso sus manos en mi cintura y comenzamos a besarnos. La intensidad iba aumentando y me gustaba. Después de dos minutos aproximadamente, nos dirigimos (besándonos) a mi cama. Yo quedé abajo y él arriba. Mi corazón iba a cien por segundo, no es broma.

—No te voy a presionar, mi amor —dijo él mirándome. Estaba excitado y se notaba.

Simplemente sonreí y continué besándolo. Con eso dije todo. Me devolvió la sonrisa y me sacó la camisita de jean que tenía puesta (por si no recuerdan el look acá está). Yo le saqué su remera y, acto seguido, él me sacó mi top. A pesar de que llevamos juntos más de un año, nunca me había visto en corpiño pero sí en bikini, aunque tuve “vergüenza” de todos modos. Empecé a desabrocharle el jean que llevaba y le bajé el cierre, dejé que él hiciera el resto. Cuando se lo sacó, empezó a besarme lentamente el cuello y fue bajando hasta llegar a mi cintura, donde me sacó el cinturón y luego el jean. Quedamos en ropa interior y yo no sabía cómo continuar, por suerte él me supo guiar. Antes de continuar se puso un preservativo, obvio, sin protección no hubiese pasado nada.

—Te amo —soltó.
—Te amo —le respondí.
—Avisame cualquier cosa.

Le sonreí e hizo su trabajo.

Todavía recuerdo el dolor que pasé, creo que me cayeron algunas lágrimas, aunque tal vez eran por la emoción. Me trató como una reina, me cuidó y me repetía constantemente lo mucho que me ama. No me arrepiento, estoy más que feliz con la decisión que tomé: comprobé que esperar vale la pena. Había dejado de ser una nena para convertirme en una mujer, ahora ambos tenemos que ser conscientes de lo que hacemos.
Cuando terminamos, nos quedamos dormidos una hora más o menos. A mí me despertó mi celular sonando, pero él continuó su siesta. Era Nico.

Nico: Hola, estás en casa?
Yo: Hola, recién lo veo! Sisi, estoy con Jo, por?
Nico: Apa.. No, por nada, entonces no voy, los dejo solossss, jaja
Yo: Qué tarado, vení si querés
Nico: Nono, posta, no pasa una. Quería agradecerte por lo de hoy, la pasé re bien y espero que uds también
Yo: De nada, hermanito. Fue un placer. Te queremos
Nico: Yo a ustedes!!

Cerré su chat y entré al grupo con las chicas. Una vez más interrumpía su tema de conversación, pero casualmente estaban preguntando por mí.

Julia: Hola amiiiis!!
Fio: Apareció la perdida! Cómo estuvo tu almuerzo familiar?
Pau: Contá todooo
Julia: Genial!! No saben LO que fue este día, el mejor. LEJOS!
Luz: Ay, amiguitaaa, contanos! Q pasó?
Julia: Me van a creer?
Pau: Sos boluda? OBVIO! Dale!!
Julia: Ya no soy más virgen. NO SOY MÁS VIRGEN!!!
Fio: WHAT’S!!!!!!!!!
Pau: QUÉ!!!
Luz: TE AMOOOO, largá todo
Julia: Sólo les digo que fue con Jo, para el resto necesito verlas
Fio: Ay, menos mal, me llegabas a decir con el tarado de Agustín y te mandaba a la mierda, amiga
Pau: Qué lindooo, cuándo nos juntamos entonces?
Luz: Tendríamos que organizar algo antes del lunes que empezamos las clases, no?
Fio: Bueno, si quieren haecmos algo esta noche! Vengan ustedes a dormir
Pau: Allá vamos a estar
Julia: Dale, genia
Luz: Y después hagamos algo el finde, nos la damos en la pera MAL para terminar las vacaciones
Pau: Apoyo a Lu, claramente
Julia: Jajajajajaja Luz tiró la posta
Fio: Siempre pensando en la joda. Bueno, hoy arreglamos eso también

Estaba tan contenta. ¡Nada podía ir mejor! Un ratito después me volví a acostar. Pensando con los ojos abiertos, me interrumpió Jo despertándose.

—Hola, Ju —me dijo abrazándome.
—Hola, lindo.
—¿Estás bien? —me preguntó con una sonrisa hermosa.
—Perfecta. ¿Vos?
—Feliz.

Luli / Improvisando mi adolescencia - Capítulo 15.