viernes, 29 de enero de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 5.

Perdón, hoy temprano tuve que dejar de escribirte porque me había agarrado hambre. Sigue siendo sábado pero ya es de noche, ¡no pude abrirte antes! Día agitado, triste, sensible. El peor de mi vida. Sigamos con la historia de mi noche del viernes y de mi día de hoy.

No entendía nada, no sabía qué está pensando y creo que era mejor no saberlo. Después de eso, sí fui a mi habitación, donde hablé en el grupo de mis amigas.

Julia: Holaaa? Hay alguien?
Fio: Hola chuchita, estoy yo, recién terminó mi serie
Julia: Jajaj hola Fio!
Luz: Hola chicas, tamb estoy yo, me volví de la joda porq vi a Ramiro con otra pendeja :(
Julia: Ay no, q garrón ami!! Pero ustedes son nada, arriba, comete al mundo
Fio: Bienvenida a mi mundo, Lucecita
Fio: Eu ju, q pasaba? Necesitabas algo?
Julia: Sí chicas, disculpen la hora… Llegué a casa y estaban todos re raros HABLANDO y con un SOBRE en la mano, no le di mucha pelota pero yendo a mi cuarto escuché a mis viejos hablando y mamá lloraba
Luz: Q? En serio amiga? Bancá
Fio: Ay chuchita, pero pará, no te imaginás q puede ser?
Pau: ZCHICASDDD DODNE ESTMZMM ALS QESTOY BSCUANDOP YNO LAS E?CUENRTTOOOO1!! LAD JODA SE R E PUSOIIII
Julia: Sí eu, en serio, y no sé q puede ser, no se me ocurre nada
Fio: Paula, rajá de acá
Fio: Tranqui amiga, estamos para lo q necesites, cualquier cosa avisanos, pero sé positiva
Luz: No creo q sea grave, arriba Julita
Pau: PORQQQQ ME IGNAORANNNN LAS DOIO LAS ODIOO??? CHAU

Nada anormal que Pau estuviese en pedo. En fin, todo eso pasó la noche del viernes.
¿Te acordás que hoy a la mañana te conté que estaba sola en casa, sin mis papás, y que iban a llegar alrededor de la una? Bueno, llegaron a las tres de la tarde, cuando yo estaba mirando una serie en el living. Nico se había ido a lo de una amiga, creo.

—Hola, Julia —dijo mi papá mientras entraba con mamá. —¿Estás hace mucho levantada?

Mamá no me saludó, me ignoró completamente y se fue al baño con un pañuelito descartable en la mano.

—Hola papi —le bajé el volumen a la serie—, me desperté a las diez y media más o menos —hice una pausa y miré hacia el baño. —¿Qué onda mamá?
—Nada, hijita —pensó—, ¿por?
—¿Me estás cargando, pa? Hoy a la madrugada estaban hablando, había un sobre grande, los escuché hablar en la pie… —me interrumpió con cara de preocupación.
 —¿QUÉ ESCUCHASTE? —levantó la voz.
—Que mamá no puede más y que somos una familia, por eso vamos a solucionar todo juntos. ¿Me pueden explicar qué está pasando acá?

Salió mamá del baño. Tenía los ojos rojísimos y el maquillaje un poco corrido.

—Hola, mi amor —me dio un beso en la frente. —Disculpame, tenía que hacer mis necesidades —pausó. —Lo que escuchaste ayer no fue nada, no te preocu… —interrumpí.
—¿Se piensan que soy boluda? Está bien, gracias igual —me levanté del sillón—, tarde o temprano me voy a enterar por alguien que no sean ustedes. Me voy a lo de Jo, vuelvo tarde —dije respondiendo mal. Agarré mi celular que estaba en la mesa y me fui de un portazo.

No sabía adónde iba realmente, sólo quería salir de ahí adentro. ¿Qué carajo estaba pasando? ¿Qué tenían que ocultarme y por qué? ¿Por qué Nicolás que es un mantenido e inmaduro se tuvo que enterar antes que yo? ¿Se trataba sobre mí? ¿Le pasaba algo a alguien? Mientras me preguntaba todo eso, se nubló bastante y el viento se hacía notar. Llamé a Jo.


Jo: Hola, linda. ¿Cómo estás?
Yo: Hola, amor. Maso. Escuchame, voy a tu casa ahora, tengo que hablar con vos y quiero ver a Emma. Me quedo sin crédito.
Jo: Dale, vení, está jugando a las barbies.

Y fui hasta su casa. Me iba a hacer bien. Joaquín es de esas personas a las que le podés contar cualquier cosa y sabés que, por más ridículo que sea, nunca va a juzgarte. Me escucha como nadie lo hace, ni siquiera mi mejor amiga, y es lo que más valoro de él. Siempre tiene las palabras justas para todo, siempre sabe sacarme a flote, y aunque no sabía qué estaba pasando en casa, sabía que él iba a ayudarme a descubrir qué estaban ocultándome. Aunque no hizo falta.

Cuando llegué me abrió Ana, su mamá.

—¡Hola, hermosa! —me dijo abrazándome. —¿Cómo estás? Pasá, pasá —entré—, ahora llamo a Joaco.
—Hola Ani, gracias. Bien, bien —dije forzando una sonrisa.
—Me alegro, Julia. Siempre tan bella y amorosa —típicas palabras de suegra—, esperame acá.

En la espera recibí dos mensajes de mi papá.

Papi: Hola reina, si podés volver a la noche, mejor
Papi: Nos gustaría hablar c vos y tamb c Nico

Mientras los leía, aclaro que no le respondí, salió Emma de su habitación. Estaba con su pijama de Tinker Bell y su cabello largo agarrado por una trenza espiga. No puedo explicar la enorme sonrisa que se le formó apenas me vio, acto seguido corrió a abrazarme.

—¡¡Julia!! —no me soltaba. —Al fin viniste, te súper extrañaba.
—Hola, princesa —le encanta que le diga así—, yo también te re extrañaba —nos separamos y se sentó en el piso en posición indiecito. Siempre lo hace. —¿Cómo andás? ¿Todo bien?
—Sip, todo re re re re bien —sonrió. —Joaco se está bañando me parece, ¿querés que vayamos a mi cuarto?

Suena raro que le digan Joaco. Yo estoy acostumbrada a Jo.

—Sí, dale, me parece bien.

Y nos fuimos a su palacio, como le dice ella. Apenas entramos me mostró que en un portarretratos puso una foto de nosotras dos juntas, si mal no recuerdo fue la primera foto que nos sacamos. No pude evitar sonreír, esta nena se merece el mundo. Estuvimos mirando sus cuentos nuevos y le leí uno, porque ama que le lean. Unos quince minutos después entró Jo. Emma se enojó porque, según ella, él siempre arruina nuestras charlas, pero dejó que me vaya y le prometí que la próxima vez voy a llevarle un regalo. Me dio un beso, me abrazó híper fuerte y nos fuimos al cuarto de mi novio.


Me senté en su puf y él se sentó en el borde de su cama, mirándome fijo.

—Bueno, gorda, contame. ¿Qué pasó?

Y, con unas lágrimas de por medio, le conté todo, incluyendo los mensajes que papá me había mandado. Me escuchó atentamente sin interrumpirme, se acomodó el cabello unas cinco veces durante el relato y yo, mientras hablaba, me enamoré una vez más de él.

—Entonces, resumiendo, te están escondiendo algo sola y únicamente a vos, ¿no? —se paró y empezó a caminar de una punta a otra, pensativo.
—Exacto.
—Y Nicolás te trató mal y pensás que está sensible, ¿no?

Asentí.

—No quiero preocuparte, amor, pero probablemente sea algo grave —y me acordé de mis amigas diciéndome que seguro no era nada, que esté tranquila. Muchas contradicciones. —Pensá —pausó—, tus viejos hablando con tu hermano re tarde, un sobre que va de mano en mano, Sara llorando, Pablo consolándola —se sentó a mi lado, en el piso, y me agarró las manos con ternura en sus ojos.

Evidentemente tenía razón, ¿sino para qué tanto misterio? Analizamos las opciones pero casi ninguna nos cerraba del todo, excepto una: mamá embarazada. Digamos, es poco probable, ya es una mujer grande y nunca habló de querer otro hijo, además sabe que nosotros no queremos hermanos. Podía ser una posibilidad, claro, nunca se sabe, pero traté de eliminarla de mi cabeza y lo logré. Embarazada no estaba, ya lo tenía claro.
Decidimos cambiar de tema porque yo ya estaba bastante bajoneada, hasta que me llamó papá.

Papi: Hola, mi linda, ¿dónde estás?
Yo: En lo de Jo.
Papi: ¿A qué hora volvés?
Yo: No sé, estamos hablando.
Papi: ¿Te parece bien llegar alrededor de las ocho?
Yo: Si me van a tratar como tarada y Nicolás me va a seguir tratando como si fuera un amigo, prefiero quedarme. Gracias.
Papi: Dale, hija, te estoy hablando en serio.
Yo: ¿Te pensás que yo no?
Papi: Vos volvé, ya decidimos hablar con vos y con todos.
Yo: ¿Quiénes son todos?
Papi: Mamá, Nico, vos y yo.
Yo: A las ocho voy.


Ana nos hizo una merienda riquísima pero no pude disfrutarla demasiado, tenía el estómago cerrado. La cabeza no paraba de darme vueltas y sentía unas inmensas ganas de seguir llorando. A las seis y media me fui, necesitaba tiempo para mí.
Una vez en la plaza, me senté en el pasto y se largó a llover. Aproveché que todos empezaban a irse y pensé en más posibilidades, pero nada se me ocurría. Miré a mi alrededor y observé a nenitos corriendo, a autos tocando bocinas, al pasto mojándose, al cielo nublándose cada vez más, a las gotas mojando a cada persona que pasaba. Se sentía bien estar así, en paz, sin nadie que te gritara, sin nadie que te molestara, sin nadie que hablara. Se sentía bien estar así, tranquila, con la lluvia debajo de mí y mis zapatillas Vans llenas de barro. Yo me sentía bien, me había olvidado de todo por un buen rato, quería quedarme así para siempre, pero ese “para siempre” duró una hora más.


A las ocho en punto ya estaba en casa, encerrada en mi habitación intentando dormir y esperando que me busquen para hablar. Había entrado en un sueño cuando golpearon mi puerta.
—Vení, vamos al living —me dijo Nicolás apenas ingresando.
—Hola —dije. —Ya voy.
—Apurate, te estamos esperando a vos —y cerró la puerta.
No sé porqué tuve el impulso de agarrar mi paquete de pañuelitos descartables. Horas después, me di cuenta que me hicieron mucha falta.


Me voy a dormir, fue un sábado larguísimo. Ya pasaron tres horas de la charla, todavía no caigo y no quiero caer. Apenas terminamos de hablar, apagué mi celular para desconectarme de todo y de todos. Escribí todo esto llorando, recordando el peor día de mi vida. Perdón que te deje con la intriga de nuevo, pero te juro que no doy más. Necesito dormir eternamente, despertarme con una buena noticia, aunque sé que eso no va a pasar.
Mañana es domingo y prometo contarte cómo terminó mi sábado. Mis ojos están hinchados y ya no sé ni lo que escribo. Gracias por escucharme. 

-Luli / Improvisando mi adolescencia - Capítulo 5.

5 comentarios:

  1. Ah no, pero vos me querés matar. Seguí que me encanta������

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  2. Voy a morir����������

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  3. Ojala todo mejore <3

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  4. Seguilo esta buenisimo,me dejas con una re intrigaaa

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