miércoles, 27 de enero de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 4.

Afortunadamente apareció Pau con un par de tragos, mientras bailaba muy sacada el final de El taxi.

—Eu, Ju, ¿no lo viste a Joaquín? —me preguntó gritando.

Agustín nos miró extrañado.

—No, no vino, ¿por qué? —le respondí.
—Me pareció verlo con los chicos, capaz flasheé —tomó un sorbo de su Fernet—, pero era idéntico.

Mientras Pau le contaba a Agustín quién era Joaquín, yo saqué mi celular y vi las dos llamadas perdidas y los siete mensajes de él.

Jo: Amor, ahora vamos c los pibes, t aviso cuando estemos afuera
Jo: Ju, estamos llegando
Jo: Euuuu
Jo: Vení a buscarnossss!!!
Jo: JULIA DALE NOS CAGAMOS DE FRÍO
Jo: Eu mi vida estás bien?
Jo: Fue estamos adentro, llamame

Agustín me miraba como impactado, no sé cómo explicarlo, pero no me importó. Mi novio estaba en el mismo lugar que yo y yo no lo sabía. Automáticamente lo llamé y, por suerte, me atendió enseguida.

Jo: Al fin aparecés, boluda!
Yo: Bueno, no estoy pendiente del celu. Dónde estás?
Jo: Ahora en el baño, esperame en la puerta

Y eso hice. Cuando llegué, sus amigos empezaron a gritar, parecían emocionados por verme. Los saludé a todos y Jo elogió mi outfit, lo que provocó un color rojizo en mis mejillas. Él y su grupo me siguieron adonde estaban mis amigos, ya se conocían todos y se llevaban re bien.


Estaba empezando Sábado rebelde cuando Bruno y Agustín se acercaron para saludar a mi novio. Tuve que actuar y presentarlos.

—Gordo, él es Agustín —lo señalé con una sonrisa—. Agustín, él es Joaquín —hice una pausa—. Mi novio.

Ambos se sonrieron falsamente. Creo que Bruno lo notó y por eso quiso calmar la tensión.

—Bueno, Agus, ¿vamos a buscar a las chicas? —y me miró como diciendo ayudame.
—Jo, yo me estoy aburriendo bastante, creo que voy a volver a casa —encima tenía sueño. —¿Vos te quedás?

Agustín lo miró mal. Bah, con un “mal” me quedo corta, lo miró muy mal, pero saludó y se fue con mi amigo.

—No, amor, yo te alcanzo —dijo abrazándome. —Papá me prestó el auto. ¿Querés?

Asentí, me sonrió.

—Che, ¿qué onda el chiquito ese? —claramente se refería al amigo de Pau.
—Nada, es amigo de Paula.
—Es raro, ¿no? Conmigo estuvo raro.

¿Eso fue un planteo o qué?

—No sé, Jo, no me interesa, lo conocí en la previa —me estaba hartando. —¿Podemos irnos que, repito, estoy cansada?

Me dio un beso, me agarró de la mano y fuimos a buscar a nuestros amigos para avisarles que nos íbamos. Supuse que ninguno quería volver porque era temprano, tres y media de la mañana, y parecía que estaban divirtiéndose. Así fue, nadie nos siguió, todos querían quedarse hasta el final.


El trayecto en el auto de Jo fue súper aburrido o yo estaba muy dormida, no sé. Tomó el camino más corto porque seguramente notó mi cara de destruida, lo cual me pareció bien. Llegamos a casa en menos de diez minutos.

—Bueno, llegaste —dijo apagando el motor.
—Gracias, amor. Y perdón si te hice salir de ahí, si querés volvé —creo que no sabía lo que decía.
—No pasa una, chiqui —adivinen quién se enrojeció hasta los tobillos. —Acordate de ir a casa, Emma pregunta por vos.

Nos reímos y empezamos a recordar cómo la conocí. Ella no tenía ni seis años cumplidos y me decía cosas hermosas, es como una princesita. Después de eso nos despedimos y me bajé del auto. No se fue hasta que me vio entrar, gesto divino que tiene siempre.



Tenía pensado prender el velador que está en el living para guiarme y poder llegar a mi habitación, pero me sorprendí cuando Nico, mamá y papá hablaban en los sillones. Me parece que no había llegado en un buen momento.

—Ay, hija —mamá se levantó del sillón. —Creímos que ibas a llegar más tarde —miró a mi papá y él, nervioso, agarró un sobre que estaba sobre la mesita.

No entendía nada.

—Boluda, ¿qué hacés acá? —Nico.
—¿Perdón? Es mi casa, les aviso a todos, por si no se enteraron —algo estaba pasando. —¿Qué hacés VOS acá? ¿No salías? —me saqué la cartera y la colgué en el perchero, sin dejar de mirar a mi familia.
—Bueno, basta, no se van a poner a discutir ahora —papá me dio un beso, aún con el sobre en la mano, y se despidió para irse a dormir. Le hizo una seña a mi mamá, ella nos sonrió con cierta tristeza y los dos se fueron.

Momento tenso con mi hermano.

—¿Vos también te vas a ir como si no hubiese pasado nada? —le dije en un mal tono, lo admito, mientras me sacaba los zapatos.
—Hablame bien, por empezar. Y segundo, son temas de grandes, no te metas y listo —hizo su inaguantable cara de soberbio, dio media vuelta y encaró a su cuarto.

No podía quedarme callada. Me lleva dos años de diferencia y recién tiene dieciocho pero actúa como un nene de dos, ¿en serio iba a hablarme así?

—Pará, Nicolás —lo agarré del brazo. —¿Quién te pensás que sos? Calmate un toque, en serio, no sé qué te pasa pero estoy cansada de tus malos tratos. Soy tu hermana, no un amiguito, ¿sabés?

Volvió a darse vuelta para mirarme y en su cara se notaba la bronca.

—Cómo te gusta romperme las pelotas, Julia, en serio. ¿No te cansás? Sos irritable —y no sé porqué, los ojos se me pusieron llorosos. —Mirate, sabés que tengo razón y por eso estás así. No me jodas, no me hables, y si querés saber algo, preguntale a tus viejos.

Lo miré fijo y me obligué a no llorar.

—Me canso de vos, de cómo sos conmigo y de lo mal que tratás a mamá y a papá —todavía no sé cómo salió eso de mi boca. —¿Vos no te cansás de cagarle la vida a los demás? Ya tenés dieciocho años, andá a hacer algo por vos, madurá un poco.

Se quedó callado. Agarré mis zapatos, saqué el celular de mi cartera y me fui a mi habitación. Sin querer, vi y escuché a mis viejos hablando en su cuarto y mamá creo que lloraba, o eso parecía.

—Pablo, en serio, no puedo más —ella lo abrazó.
—Tranquila, Sarita, amor, vamos a solucionar todo. Somos una familia, ¿sí? Juntos. —le respondió papá.

Luli / Improvisando mi adolescencia - Capítulo 4.

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