domingo, 31 de enero de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 6.

Es domingo a la noche, ya pasó un día de todo esto. En serio no sé cómo agradecerte por estar conmigo en momentos como este. No me sale ser fuerte, no me sale sonreír, no me sale hablar, no me sale gritar, no me sale ni siquiera llorar. Sólo puedo escribir y descargar mi bronca acá. Desde que tengo alrededor de diez años, me pregunto por qué algunas cosas son tan injustas. En fin, después hablamos de eso. Sigo contándote cómo terminó mi sábado y empiezo a contarte qué fue de mi domingo.

Después de haber agarrado mis pañuelitos descartables, busqué un broche para el pelo y me hice un rodete. Era hora de abrir la puerta e ir a enfrentar eso que tanto quería saber, ¿no? Apenas puse la mano en el picaporte, mi corazón se aceleró. Me asusté, pero supuse que era normal, los nervios me comían hacía un día antes.

—Vení, Julia, sentate… —y mamá empezó a llorar. Después le siguió papá. —Perdoname, mi amor.

No podía ver llorar a mis viejos. ¡A mis viejos!, son mi debilidad, así que empecé a llorar yo también. Me senté en el sillón chiquito, en el de al lado estaba Nico, y mis papás estaban en el grande mirándonos y mirándose entre ellos.

—Bueno, chicos. Tenemos que hablar con ustedes —empezó a decir papá, con los ojos llorosos. Mamá miraba para abajo mientras lloraba. —No sabemos por dónde empezar, esto es muy difícil para nosotros e incluso lo va a ser para ustedes —silencio. —Antes que nada, quiero que sepan que esto va a cambiar muchas cosas pero a la vez nos va a hacer más fuertes como familia y también como personas.

Con sólo escucharlo a hablar sentí que mi mundo empezaba a derrumbarse, porque claramente era una muy mala noticia. Hubiese preferido que mamá esté embarazada, ahora que lo pienso. Saqué un pañuelito del paquete mientras me secaba las lágrimas.

—Jorge, mi vida, dejame seguir a mí —le dijo mamá. —Los amo, bebés, nunca se olviden de eso, ¿sí? Y pase lo que pase voy a estar con ustedes.

Nico empezaba a llorar, yo creía que él ya sabía la noticia, pero me di cuenta de que no.

—Ay, vieja, dale, me ponés nervioso —y no sé porqué, me tomó la mano. Me sentí acompañada.

Me crucé de piernas híper nerviosa.

—Resulta que hace un par de semanas tuve una hinchazón en el pecho hasta que empezó a dolerme —tanto Nico como yo empezamos a llorar más de lo normal. Listo. Todo estaba dicho— y no sabía el motivo. Le comenté a Jorge y me dijo que vaya al médico por las dudas, cosa que hice hace varios días, y hoy a la mañana fuimos por las ecografías y mamografías, por eso les dejamos la notita de que pidan delivery —empezó a llorar como nunca antes mientras papá la abrazaba. Siguió él.
—Estuvimos varias horas en el consultorio, si bien yo soy doctor no me dedico a esa parte, ¿saben? Y a mamá le encontraron un tumor en el pecho, llamado Cáncer inflamatorio de mama.

No puedo explicarte cómo sentí que mi corazón se rompía en más de mil pedazos. No puedo explicarte el dolor en el alma que me causó escuchar esas palabras. No puedo explicarte cómo se cerraba mi pecho, cómo me faltaba el aire, cómo brotaban mis lágrimas. Lo único que pude hacer en ese momento, aparte de decir “¡¿qué?!” fue abrazar a mamá con todas mis fuerzas. Mi mamá, mi mejor amiga, mi otra mitad, mi compañía, mi amor, mi todo. Ella seguía sentada y yo me agaché frente a ella mientras le tenía las manos y apoyé mi cabeza en sus piernas. No quería escuchar más, quería despertarme de eso que creía un sueño, pero mamá habló llorando.

—Yo sé que les duele tanto como a mí, chiquitos, en serio —me soltó una mano y empezó a tocarme la cabeza. —Pero en estos casos tenemos que estar más unidos que nunca y ser fuertes —miró a papá que no paraba de llorar—, el cáncer que tengo es muy poco común, simplemente tenía que pasar. Es uno grande, el médico dijo que lo descubrimos un poco tarde —quería que se callara así la abrazaba y no la soltaba más— y que probablemente se haya expandido. Fue todo tan rápido que aún no alcanzamos a hacer todos los estudios —me pidió que me sentara en el sillón junto a Nico. Eso hice. —Pero confíen en mí y en los doctores, por favor les pido. Yo les prometo que voy a ser la mujer más fuerte y que pase lo que pase voy a estar siempre con ustedes.

Papá tomó a mamá de la mano y nos sonrió. Yo tenía dos preguntas para hacer.

—Mamá, ¿puedo preguntarte dos cosas?

Asintió.

—Primero, ¿Nicolás ya no sabía todo esto?

Él me miró como diciendo “¿sos boluda o te hacés?”.

—No, amor. Cuando llegaste de la fiesta y nosotros estábamos hablando con este sobre en la mano —dijo señalándolo, estaba arriba de la mesita— simplemente estábamos diciéndole a Nico que pronto íbamos a hablar con ustedes de algo importante.
—¿Te vas a morir? —pregunté sin filtro mientras volvía a llorar y me sacaba las lágrimas con la manga del sweater. Y lloraron todos de nuevo.
—¿Te soy sincera, Juli? —me sonrió mientras una lágrima le caía. —La verdad que no sé. Deseo que no, espero que no, intento ser positiva pero la realidad es que nunca se sabe. Yo voy a enfrentar esto lo mejor que pueda para no seguir afectándoles, ¿sí? No quiero que dejen de salir, no quiero que Joaquín deje de venir —me miró—, no quiero que dejen de traer amigos, no quiero que cambien completamente sus vidas por mí.
—Te amamos, mamá —soltó Nico mirando el piso. —Por vos hacemos lo que sea.

Después hablamos un rato más y encargamos lomitos para cenar. A decir verdad, la cena fue bastante incómoda: nadie quería decir nada y tampoco sabía qué decir, mirábamos a mamá cada dos minutos, no reaccionábamos. Más tarde, ella y yo nos quedamos lavando los platos y ordenando un poco. Antes de ir a mi cuarto quise decirle que la amo, a lo que me respondió un “yo mucho más, mi bebé linda” y me dio uno de los mejores abrazos.

Cuando entré a mi habitación, me saqué mis zapatillas y me tiré en la cama. No me importó no haberme cepillado los dientes, no me importó no haberle dicho “buenas noches” a Jo, no me importó no haber hablado con mis amigas, no me importó nada. Sólo quería dormir y despertarme cuando mamá estuviera bien, pero es no pasó, porque me desperté hoy a las once de la mañana y todo seguía igual.

Abrí los ojos y prendí mi celular, el cual tenía bastantes de mensajes de WhatsApp de Jo, mis amigas y un número que no tenía agendado. Empecé por mi novio.

Yo: Hola mi amor, perdón, anoche no usé el celu. Estás?
Y me respondió automáticamente.
Jo: Ay hola negrita hermosa, estaba por llamarte, estuve preocupado por todo
Yo: Perdón de nuevo! Tengo algo q contarte sobre lo q hablamos ayer en tu casa
Jo: Q pasó? Algo grave?
Yo: Sí, es sobre mamá. En un rato te llamo, te amo
Jo: Uh, bueno, yo más!!

No quería leer todos los mensajes del grupo de mis amigas así que les escribí yo cortando sus temas de conversación.

Julia: Amigas, las necesito, están?
Fio: Hola mi solll, acá estoy yo
Pau: Hola ami, contanos
Luz: Al fin aparecés Ju! Decinos
Julia: No, tiene q ser personalmente
Pau: Ay, no nos asustes
Fio: Después de comer vengan a casa, estoy sola

¿Y el desconocido?

+5491124336901: Hola Julia
Yo: Hola?
+5491124336901: Jaja soy Agustín!
Yo: Aaaaah, hola Agus!

¿QUÉ? ¿Cómo había conseguido mi número? En fin, hablamos un poco, me dijo que le caí bien y que le re gustaría ser mi amigo. No me parece mal. Después de eso decidí levantarme, se habían hecho las doce, así que me puse un jean, una musculosa blanca con una inscripción que dice “Sonreíle a la vida” (linda casualidad) y mis infaltables Vans negras. Fui al baño a hacer mis necesidades y a cepillarme los dientes, me miré al espejo, me sonreí y me dije que hoy iba a ser un buen día.

Me voy a cenar algo, después termino de contarte. Una vez más, ¡GRACIAS!

Luli / Improvisando mi adolescencia - Capítulo 6.

viernes, 29 de enero de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 5.

Perdón, hoy temprano tuve que dejar de escribirte porque me había agarrado hambre. Sigue siendo sábado pero ya es de noche, ¡no pude abrirte antes! Día agitado, triste, sensible. El peor de mi vida. Sigamos con la historia de mi noche del viernes y de mi día de hoy.

No entendía nada, no sabía qué está pensando y creo que era mejor no saberlo. Después de eso, sí fui a mi habitación, donde hablé en el grupo de mis amigas.

Julia: Holaaa? Hay alguien?
Fio: Hola chuchita, estoy yo, recién terminó mi serie
Julia: Jajaj hola Fio!
Luz: Hola chicas, tamb estoy yo, me volví de la joda porq vi a Ramiro con otra pendeja :(
Julia: Ay no, q garrón ami!! Pero ustedes son nada, arriba, comete al mundo
Fio: Bienvenida a mi mundo, Lucecita
Fio: Eu ju, q pasaba? Necesitabas algo?
Julia: Sí chicas, disculpen la hora… Llegué a casa y estaban todos re raros HABLANDO y con un SOBRE en la mano, no le di mucha pelota pero yendo a mi cuarto escuché a mis viejos hablando y mamá lloraba
Luz: Q? En serio amiga? Bancá
Fio: Ay chuchita, pero pará, no te imaginás q puede ser?
Pau: ZCHICASDDD DODNE ESTMZMM ALS QESTOY BSCUANDOP YNO LAS E?CUENRTTOOOO1!! LAD JODA SE R E PUSOIIII
Julia: Sí eu, en serio, y no sé q puede ser, no se me ocurre nada
Fio: Paula, rajá de acá
Fio: Tranqui amiga, estamos para lo q necesites, cualquier cosa avisanos, pero sé positiva
Luz: No creo q sea grave, arriba Julita
Pau: PORQQQQ ME IGNAORANNNN LAS DOIO LAS ODIOO??? CHAU

Nada anormal que Pau estuviese en pedo. En fin, todo eso pasó la noche del viernes.
¿Te acordás que hoy a la mañana te conté que estaba sola en casa, sin mis papás, y que iban a llegar alrededor de la una? Bueno, llegaron a las tres de la tarde, cuando yo estaba mirando una serie en el living. Nico se había ido a lo de una amiga, creo.

—Hola, Julia —dijo mi papá mientras entraba con mamá. —¿Estás hace mucho levantada?

Mamá no me saludó, me ignoró completamente y se fue al baño con un pañuelito descartable en la mano.

—Hola papi —le bajé el volumen a la serie—, me desperté a las diez y media más o menos —hice una pausa y miré hacia el baño. —¿Qué onda mamá?
—Nada, hijita —pensó—, ¿por?
—¿Me estás cargando, pa? Hoy a la madrugada estaban hablando, había un sobre grande, los escuché hablar en la pie… —me interrumpió con cara de preocupación.
 —¿QUÉ ESCUCHASTE? —levantó la voz.
—Que mamá no puede más y que somos una familia, por eso vamos a solucionar todo juntos. ¿Me pueden explicar qué está pasando acá?

Salió mamá del baño. Tenía los ojos rojísimos y el maquillaje un poco corrido.

—Hola, mi amor —me dio un beso en la frente. —Disculpame, tenía que hacer mis necesidades —pausó. —Lo que escuchaste ayer no fue nada, no te preocu… —interrumpí.
—¿Se piensan que soy boluda? Está bien, gracias igual —me levanté del sillón—, tarde o temprano me voy a enterar por alguien que no sean ustedes. Me voy a lo de Jo, vuelvo tarde —dije respondiendo mal. Agarré mi celular que estaba en la mesa y me fui de un portazo.

No sabía adónde iba realmente, sólo quería salir de ahí adentro. ¿Qué carajo estaba pasando? ¿Qué tenían que ocultarme y por qué? ¿Por qué Nicolás que es un mantenido e inmaduro se tuvo que enterar antes que yo? ¿Se trataba sobre mí? ¿Le pasaba algo a alguien? Mientras me preguntaba todo eso, se nubló bastante y el viento se hacía notar. Llamé a Jo.


Jo: Hola, linda. ¿Cómo estás?
Yo: Hola, amor. Maso. Escuchame, voy a tu casa ahora, tengo que hablar con vos y quiero ver a Emma. Me quedo sin crédito.
Jo: Dale, vení, está jugando a las barbies.

Y fui hasta su casa. Me iba a hacer bien. Joaquín es de esas personas a las que le podés contar cualquier cosa y sabés que, por más ridículo que sea, nunca va a juzgarte. Me escucha como nadie lo hace, ni siquiera mi mejor amiga, y es lo que más valoro de él. Siempre tiene las palabras justas para todo, siempre sabe sacarme a flote, y aunque no sabía qué estaba pasando en casa, sabía que él iba a ayudarme a descubrir qué estaban ocultándome. Aunque no hizo falta.

Cuando llegué me abrió Ana, su mamá.

—¡Hola, hermosa! —me dijo abrazándome. —¿Cómo estás? Pasá, pasá —entré—, ahora llamo a Joaco.
—Hola Ani, gracias. Bien, bien —dije forzando una sonrisa.
—Me alegro, Julia. Siempre tan bella y amorosa —típicas palabras de suegra—, esperame acá.

En la espera recibí dos mensajes de mi papá.

Papi: Hola reina, si podés volver a la noche, mejor
Papi: Nos gustaría hablar c vos y tamb c Nico

Mientras los leía, aclaro que no le respondí, salió Emma de su habitación. Estaba con su pijama de Tinker Bell y su cabello largo agarrado por una trenza espiga. No puedo explicar la enorme sonrisa que se le formó apenas me vio, acto seguido corrió a abrazarme.

—¡¡Julia!! —no me soltaba. —Al fin viniste, te súper extrañaba.
—Hola, princesa —le encanta que le diga así—, yo también te re extrañaba —nos separamos y se sentó en el piso en posición indiecito. Siempre lo hace. —¿Cómo andás? ¿Todo bien?
—Sip, todo re re re re bien —sonrió. —Joaco se está bañando me parece, ¿querés que vayamos a mi cuarto?

Suena raro que le digan Joaco. Yo estoy acostumbrada a Jo.

—Sí, dale, me parece bien.

Y nos fuimos a su palacio, como le dice ella. Apenas entramos me mostró que en un portarretratos puso una foto de nosotras dos juntas, si mal no recuerdo fue la primera foto que nos sacamos. No pude evitar sonreír, esta nena se merece el mundo. Estuvimos mirando sus cuentos nuevos y le leí uno, porque ama que le lean. Unos quince minutos después entró Jo. Emma se enojó porque, según ella, él siempre arruina nuestras charlas, pero dejó que me vaya y le prometí que la próxima vez voy a llevarle un regalo. Me dio un beso, me abrazó híper fuerte y nos fuimos al cuarto de mi novio.


Me senté en su puf y él se sentó en el borde de su cama, mirándome fijo.

—Bueno, gorda, contame. ¿Qué pasó?

Y, con unas lágrimas de por medio, le conté todo, incluyendo los mensajes que papá me había mandado. Me escuchó atentamente sin interrumpirme, se acomodó el cabello unas cinco veces durante el relato y yo, mientras hablaba, me enamoré una vez más de él.

—Entonces, resumiendo, te están escondiendo algo sola y únicamente a vos, ¿no? —se paró y empezó a caminar de una punta a otra, pensativo.
—Exacto.
—Y Nicolás te trató mal y pensás que está sensible, ¿no?

Asentí.

—No quiero preocuparte, amor, pero probablemente sea algo grave —y me acordé de mis amigas diciéndome que seguro no era nada, que esté tranquila. Muchas contradicciones. —Pensá —pausó—, tus viejos hablando con tu hermano re tarde, un sobre que va de mano en mano, Sara llorando, Pablo consolándola —se sentó a mi lado, en el piso, y me agarró las manos con ternura en sus ojos.

Evidentemente tenía razón, ¿sino para qué tanto misterio? Analizamos las opciones pero casi ninguna nos cerraba del todo, excepto una: mamá embarazada. Digamos, es poco probable, ya es una mujer grande y nunca habló de querer otro hijo, además sabe que nosotros no queremos hermanos. Podía ser una posibilidad, claro, nunca se sabe, pero traté de eliminarla de mi cabeza y lo logré. Embarazada no estaba, ya lo tenía claro.
Decidimos cambiar de tema porque yo ya estaba bastante bajoneada, hasta que me llamó papá.

Papi: Hola, mi linda, ¿dónde estás?
Yo: En lo de Jo.
Papi: ¿A qué hora volvés?
Yo: No sé, estamos hablando.
Papi: ¿Te parece bien llegar alrededor de las ocho?
Yo: Si me van a tratar como tarada y Nicolás me va a seguir tratando como si fuera un amigo, prefiero quedarme. Gracias.
Papi: Dale, hija, te estoy hablando en serio.
Yo: ¿Te pensás que yo no?
Papi: Vos volvé, ya decidimos hablar con vos y con todos.
Yo: ¿Quiénes son todos?
Papi: Mamá, Nico, vos y yo.
Yo: A las ocho voy.


Ana nos hizo una merienda riquísima pero no pude disfrutarla demasiado, tenía el estómago cerrado. La cabeza no paraba de darme vueltas y sentía unas inmensas ganas de seguir llorando. A las seis y media me fui, necesitaba tiempo para mí.
Una vez en la plaza, me senté en el pasto y se largó a llover. Aproveché que todos empezaban a irse y pensé en más posibilidades, pero nada se me ocurría. Miré a mi alrededor y observé a nenitos corriendo, a autos tocando bocinas, al pasto mojándose, al cielo nublándose cada vez más, a las gotas mojando a cada persona que pasaba. Se sentía bien estar así, en paz, sin nadie que te gritara, sin nadie que te molestara, sin nadie que hablara. Se sentía bien estar así, tranquila, con la lluvia debajo de mí y mis zapatillas Vans llenas de barro. Yo me sentía bien, me había olvidado de todo por un buen rato, quería quedarme así para siempre, pero ese “para siempre” duró una hora más.


A las ocho en punto ya estaba en casa, encerrada en mi habitación intentando dormir y esperando que me busquen para hablar. Había entrado en un sueño cuando golpearon mi puerta.
—Vení, vamos al living —me dijo Nicolás apenas ingresando.
—Hola —dije. —Ya voy.
—Apurate, te estamos esperando a vos —y cerró la puerta.
No sé porqué tuve el impulso de agarrar mi paquete de pañuelitos descartables. Horas después, me di cuenta que me hicieron mucha falta.


Me voy a dormir, fue un sábado larguísimo. Ya pasaron tres horas de la charla, todavía no caigo y no quiero caer. Apenas terminamos de hablar, apagué mi celular para desconectarme de todo y de todos. Escribí todo esto llorando, recordando el peor día de mi vida. Perdón que te deje con la intriga de nuevo, pero te juro que no doy más. Necesito dormir eternamente, despertarme con una buena noticia, aunque sé que eso no va a pasar.
Mañana es domingo y prometo contarte cómo terminó mi sábado. Mis ojos están hinchados y ya no sé ni lo que escribo. Gracias por escucharme. 

-Luli / Improvisando mi adolescencia - Capítulo 5.

miércoles, 27 de enero de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 4.

Afortunadamente apareció Pau con un par de tragos, mientras bailaba muy sacada el final de El taxi.

—Eu, Ju, ¿no lo viste a Joaquín? —me preguntó gritando.

Agustín nos miró extrañado.

—No, no vino, ¿por qué? —le respondí.
—Me pareció verlo con los chicos, capaz flasheé —tomó un sorbo de su Fernet—, pero era idéntico.

Mientras Pau le contaba a Agustín quién era Joaquín, yo saqué mi celular y vi las dos llamadas perdidas y los siete mensajes de él.

Jo: Amor, ahora vamos c los pibes, t aviso cuando estemos afuera
Jo: Ju, estamos llegando
Jo: Euuuu
Jo: Vení a buscarnossss!!!
Jo: JULIA DALE NOS CAGAMOS DE FRÍO
Jo: Eu mi vida estás bien?
Jo: Fue estamos adentro, llamame

Agustín me miraba como impactado, no sé cómo explicarlo, pero no me importó. Mi novio estaba en el mismo lugar que yo y yo no lo sabía. Automáticamente lo llamé y, por suerte, me atendió enseguida.

Jo: Al fin aparecés, boluda!
Yo: Bueno, no estoy pendiente del celu. Dónde estás?
Jo: Ahora en el baño, esperame en la puerta

Y eso hice. Cuando llegué, sus amigos empezaron a gritar, parecían emocionados por verme. Los saludé a todos y Jo elogió mi outfit, lo que provocó un color rojizo en mis mejillas. Él y su grupo me siguieron adonde estaban mis amigos, ya se conocían todos y se llevaban re bien.


Estaba empezando Sábado rebelde cuando Bruno y Agustín se acercaron para saludar a mi novio. Tuve que actuar y presentarlos.

—Gordo, él es Agustín —lo señalé con una sonrisa—. Agustín, él es Joaquín —hice una pausa—. Mi novio.

Ambos se sonrieron falsamente. Creo que Bruno lo notó y por eso quiso calmar la tensión.

—Bueno, Agus, ¿vamos a buscar a las chicas? —y me miró como diciendo ayudame.
—Jo, yo me estoy aburriendo bastante, creo que voy a volver a casa —encima tenía sueño. —¿Vos te quedás?

Agustín lo miró mal. Bah, con un “mal” me quedo corta, lo miró muy mal, pero saludó y se fue con mi amigo.

—No, amor, yo te alcanzo —dijo abrazándome. —Papá me prestó el auto. ¿Querés?

Asentí, me sonrió.

—Che, ¿qué onda el chiquito ese? —claramente se refería al amigo de Pau.
—Nada, es amigo de Paula.
—Es raro, ¿no? Conmigo estuvo raro.

¿Eso fue un planteo o qué?

—No sé, Jo, no me interesa, lo conocí en la previa —me estaba hartando. —¿Podemos irnos que, repito, estoy cansada?

Me dio un beso, me agarró de la mano y fuimos a buscar a nuestros amigos para avisarles que nos íbamos. Supuse que ninguno quería volver porque era temprano, tres y media de la mañana, y parecía que estaban divirtiéndose. Así fue, nadie nos siguió, todos querían quedarse hasta el final.


El trayecto en el auto de Jo fue súper aburrido o yo estaba muy dormida, no sé. Tomó el camino más corto porque seguramente notó mi cara de destruida, lo cual me pareció bien. Llegamos a casa en menos de diez minutos.

—Bueno, llegaste —dijo apagando el motor.
—Gracias, amor. Y perdón si te hice salir de ahí, si querés volvé —creo que no sabía lo que decía.
—No pasa una, chiqui —adivinen quién se enrojeció hasta los tobillos. —Acordate de ir a casa, Emma pregunta por vos.

Nos reímos y empezamos a recordar cómo la conocí. Ella no tenía ni seis años cumplidos y me decía cosas hermosas, es como una princesita. Después de eso nos despedimos y me bajé del auto. No se fue hasta que me vio entrar, gesto divino que tiene siempre.



Tenía pensado prender el velador que está en el living para guiarme y poder llegar a mi habitación, pero me sorprendí cuando Nico, mamá y papá hablaban en los sillones. Me parece que no había llegado en un buen momento.

—Ay, hija —mamá se levantó del sillón. —Creímos que ibas a llegar más tarde —miró a mi papá y él, nervioso, agarró un sobre que estaba sobre la mesita.

No entendía nada.

—Boluda, ¿qué hacés acá? —Nico.
—¿Perdón? Es mi casa, les aviso a todos, por si no se enteraron —algo estaba pasando. —¿Qué hacés VOS acá? ¿No salías? —me saqué la cartera y la colgué en el perchero, sin dejar de mirar a mi familia.
—Bueno, basta, no se van a poner a discutir ahora —papá me dio un beso, aún con el sobre en la mano, y se despidió para irse a dormir. Le hizo una seña a mi mamá, ella nos sonrió con cierta tristeza y los dos se fueron.

Momento tenso con mi hermano.

—¿Vos también te vas a ir como si no hubiese pasado nada? —le dije en un mal tono, lo admito, mientras me sacaba los zapatos.
—Hablame bien, por empezar. Y segundo, son temas de grandes, no te metas y listo —hizo su inaguantable cara de soberbio, dio media vuelta y encaró a su cuarto.

No podía quedarme callada. Me lleva dos años de diferencia y recién tiene dieciocho pero actúa como un nene de dos, ¿en serio iba a hablarme así?

—Pará, Nicolás —lo agarré del brazo. —¿Quién te pensás que sos? Calmate un toque, en serio, no sé qué te pasa pero estoy cansada de tus malos tratos. Soy tu hermana, no un amiguito, ¿sabés?

Volvió a darse vuelta para mirarme y en su cara se notaba la bronca.

—Cómo te gusta romperme las pelotas, Julia, en serio. ¿No te cansás? Sos irritable —y no sé porqué, los ojos se me pusieron llorosos. —Mirate, sabés que tengo razón y por eso estás así. No me jodas, no me hables, y si querés saber algo, preguntale a tus viejos.

Lo miré fijo y me obligué a no llorar.

—Me canso de vos, de cómo sos conmigo y de lo mal que tratás a mamá y a papá —todavía no sé cómo salió eso de mi boca. —¿Vos no te cansás de cagarle la vida a los demás? Ya tenés dieciocho años, andá a hacer algo por vos, madurá un poco.

Se quedó callado. Agarré mis zapatos, saqué el celular de mi cartera y me fui a mi habitación. Sin querer, vi y escuché a mis viejos hablando en su cuarto y mamá creo que lloraba, o eso parecía.

—Pablo, en serio, no puedo más —ella lo abrazó.
—Tranquila, Sarita, amor, vamos a solucionar todo. Somos una familia, ¿sí? Juntos. —le respondió papá.

Luli / Improvisando mi adolescencia - Capítulo 4.

lunes, 25 de enero de 2016

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 3.

Me desperté a las diez, no me preguntes por qué tan temprano. Desayuné un licuado de banana, aunque lo que menos tengo es hambre. Cuando fui a la cocina no había nadie, pero mis papás dejaron una notita que decía “Chicos, nos fuimos a comprar. Si no volvemos para la una, pidan delivery, tienen plata arriba de la heladera”, cuestión que todavía no volvieron y son las dos.
Bueno, ahora vayamos a lo importante, yo sé que estás muy intrigado por que escriba la noche de ayer en tus hojas, ¿no? Comencemos: mis abuelos no se fueron hasta las doce y media, hablamos de todo un poco y lo mejor fue que mi postre les fascinó. 
Alrededor de las once, las chicas empezaron a hablar en el grupo de WhatsApp para ver qué comprar para la previa, para saber quiénes iban, para ver quién se encargaba de la música, blablablá. Yo leí todo pero no respondí más que un “en una hora y media caigo. Llevo Gancia y me encargo de la música”, como siempre. Cuando en la mesa empezaron a hablar de política fui a mi habitación a cambiarme y a guardar mi maquillaje en una cartera, hasta que alguien golpeó mi puerta.

    —Pase. —Dije mientras buscaba zapatos.

  —Sopermi, negra. —Ah, Nico, pensé. —¿Qué andabas haciendo? —Y se sentó en mi cama.

   —Me estaba por cambiar, tengo previa en una hora, te dije hoy. —Saqué el mono del placard y me paré cruzada de brazos, esperando que se vaya o algo. —¿Necesitás algo?

  —Ya sé que tenés previa, yo también. Sólo quería decirte que mis amigos quieren ir a esa joda, así que probablemente nos veamos. —E hizo su sonrisa traviesa, advirtiéndome con la mirada que tenga cuidado con todo y todos.


Cuando se fue de mi cuarto, empecé a cambiarme, me puse mi collar plateado y unos aritos chiquitos más mis anillos. Fui al baño a cepillarme los dientes y de paso me puse el rímel de mamá. Volví a mi guarida, como le digo yo, busqué mi cartera y algo de plata. Antes de irme le escribí a Jo.

Julia: Hola mi amor, q hacés? Te fue bien en el entrenamiento? Yo salgo con las chicas a la joda del club de vóley, avisame si querés ir, hacemos previa en lo de Pau con todo el grupo! Te amo
Jo: Justo estaba x escribirte, gordaaa! Me fue bastante bien, estaba medio colgado pero nada importante. Llegué re cansado, seguro no salgo, pero si pinta algo con los chicos caemos ahí, yo t aviso. Mañana vení a casa, Emma quiere verte. T amo
Julia: Dale, avisame. Yo tbn quiero verla, la súper extraño

Emma, mi chiquita. Es la hermana de Joaquín, tiene siete años y nos llevamos excelente. Para su cumpleaños sus papás le regalaron una muñeca divina, ella la re quería, y le puso Julia en mi honor, ja.

Después de haberme escrito con mi novio fui a buscar a mi papá al comedor para que me dé el Gancia que le había pedido que comprara y para que me lleve a lo de Pau. Mis abuelos se estaban yendo, así que me quisieron alcanzar, y mi nona me dio plata “por si acaso”. Saludé a mis viejos y a Nico y nos fuimos.

  —Y contame, mi sol, ¿qué hacen en esas famosas previas? —Me preguntó mi abuelo mientras íbamos en el auto camino a lo de mi amiga.

No pude evitar reírme y apoyé mi mano sobre su hombro, como una caricia. Me miró por el espejo retrovisor y me sonrió. Amo sus arrugas, por cierto.

   —La verdad que de todo. Escuchamos música, tomamos, las chicas nos preparamos, charlamos. —Traté de pasar por alto el “tomamos”, pero no lo logré.

   —¿Y qué toman? —Mi abuela lo miró soltando carcajadas, las cuales también amo. —Bueno, sí, fue una pregunta media absurda. —Admitió con una sonrisa.

   —Ju, amor, —ella se dio vuelta mirándome con confianza— cuidate, ¿sabés? Yo sé que ya estás grande y sos muy madura, pero en serio, nunca se sabe. —Hizo una pausa y me sonrió. —Salí todo lo que quieras, como dice tu madre, pero no dejes de cuidarte. —Me acerqué a ella y le acaricié las manos. 

Llegamos a lo de Pau y la música se escuchaba desde el auto, Ginza de J. Balvin sonaba a todo lo que daba. Les agradecí a mis abuelos no sólo por el trayecto sino también por sus palabras. Agarré mi cartera, el Gancia y bajé.


Entré y saludé a todos con un “hola” general. Dejé la bebida en la mesa y me agarré un vaso para preparármela. Pau me pidió mi pen drive para que haya más música, y antes de irse a ponerlo en la computadora me pidió que integre a dos amigos de ella. Los ubiqué rápidamente con la mirada, eran los únicos que no conocía, así que preparé tres Gancia con Sprite y me acerqué a hacer social.

   —Hola, chicos. Soy Julia —dije con una sonrisa—, amiga de Paula. ¿Quieren? —Y les ofrecí los vasos.

 Me los aceptaron y pude agarrar el mío que había quedado sobre la mesa.

   —Yo soy Abril, compañera de vóley de Pau. —Parecía simpática. —Él es Agustín, mi primo. —Y él sonrió.

  —Un gusto conocerlos —dije. Hice una pausa para tomar. —Yo voy al colegio con…—Paula se acercó a hacernos compañía—, con ella.

Habremos estado alrededor de dos horas charlando entre los cuatro, hasta que decidimos ir al salón. Tres de los presentes, incluyendo a mi amiga, tenían auto. Por suerte todos fuimos muy cómodos.


Una vez allá, nos empezamos a separar por grupos, obvio. Yo estaba con Luz, Pau y Bruno. Fiorella no quiso ir ¡por mirar una serie! OK. Comenzaba a sonar El taxi cuando alguien me tocó el hombro. Dejé a mis amigos de lado y me di vuelta.

   —¡Ay, qué susto! —Grité. —¿Querés bailar con nosotros?

  —No, no me gusta este tema. —Mantenía sus ojos en los míos.

Incómodo. Sonreí y me puse un par de mechones de cabello detrás de las orejas.

   —Julia, ¿no? —Me pregunta.
   —Así es, ¡y vos Agustín! —Reímos.