sábado, 17 de diciembre de 2016

Dejá el celular y viví.

Es corto lo que te quiero decir hoy, te juro. Y espero que te deje pensando.
Dejá el celular por un día entero y vas a ver lo lindo que es el sol cuando brilla y lo bien que te ves vos observándolo, no necesariamente para una foto casual en Instagram. Ah, ya que estamos hablando de las redes sociales… Nooo, no te dejó de seguir él, no, escuchame. Sos más linda sin tantos filtros. Creeme, no te miento. No necesitás PicsArt y PhotoShop para ser hermosa. Ya lo sos, mirate.
Si está lloviendo y querés postear una foto, ¡posteala! Ya sé que todos hacen la foto de las gotitas en la ventana, pero vos no sos todos. Vos sos vos. Si estás revolviendo la caja de recuerdos y encontraste una imagen hermosa de tu niñez, no esperes a que sea jueves para poder subirla con el hashtag “TBT”. No, no vas a perder seguidores por eso, creeme también. 
Dejá el celular por un ratito, un ratito nada más, y recordale a tus viejos cuánto los querés y lo importantes que son para vos. Deciles gracias, gracias de corazón, con el abrazo que les debés de hace cinco meses. Felicitala a tu vieja por las buenas milanesas que preparó y aplaudilo a tu papá porque quiso lavar los platos.
Dejá el celular y escuchá a tu amiga cuando te habla. Sí, ya sé que te contó la historia más de tres veces, pero ella te necesita, quiere que la contengas, no que la aconsejes y que le digas “ya se te va a pasar”, porque vos y yo sabemos que no es así. Quiere que la mires a los ojos, que le digas “acá estoy yo, llorá en mi hombro”, que la abraces y la llenes de amor. No quiere que se saquen una foto juntas para que todos sepan lo inseparables que son, ¡no! ¡MIMALA!
Dejá el celular y encará a Agustín de una. ¿Emojis? ¿Indirectas? ¿Mensajitos provocativos? ¡Nena, haceme el favor de llamarlo y decirle “te quiero ver”! ¡De ir hasta su casa y proponerle pasar la tarde juntos! ¿Qué vas a perder? Y no me digas que “la dignidad”, porque lejos estás de eso. ¿Tan mal visto está hoy en día demostrarle amor a la persona que querés? Nena, no sabés cuánto va a durar todo esto, no sabés cuándo te vas a ir ni cuándo les va a tocar separarse. Aprovechalo, besalo, abrazalo bien fuerte. Hagan el amor, sáquense fotos para tener de recuerdo, escribile algo en la pared de su habitación. Apretalo, decile cosas lindas en su oído y hacele un regalo. ¿Que le parece demasiado pronto? ¿Entonces cuándo va a ser el momento? Es hoy, nena, es hoy.
Dejá el celular y contale a tu abuela todas las cosas que te pasaron estos meses, que seguro porque está media sorda y no entiende a la nueva generación, no le detallás demasiado. Ella se hace un tiempo para cocinarte, para preguntarte si estás bien, para hacerte tu postre preferido y para ir a comprarte dulces. ¿En serio no podés hacerte un tiempito para comentarle sobre tu nuevo amor y la gran relación que estás teniendo con tus amigas? No te creo. Nada.
Dejá el celular y mirá sin pausas la película que tanto te gusta. Sí, ya sé que te habló Agustín, pero, ¿acaso no puede esperar? ¡Claro que puede! No va a dejar de quererte porque le digas “Che, bancame que estoy viendo una peli hermosa. Después te hablo”, eh. No, para nada. Te va a entender y hasta quizá te diga “¿Puedo ir a verla con vos?”. Y si se te “escapa” por eso, Agustín es un gil. ¿Viste qué simple es? Dale, él puede esperar. Agarrá los tres chocolates que estás guardando hace un año porque no querés engordar, hacete pochoclos, o simplemente sentate en tu sillón con una frazadita cerca y disfrutá. Que ni una llamada, ni un mensaje, ni una notificación de Facebook te interrumpan tu escena preferida. 
Y que ni un celular, ni una computadora, ni una tablet, ni un mp5, ni ninguna red social te interrumpan tu vida. Ya sé que querés postear cada momento lindo que te pasa, que te querés descargar tuiteando a full, que tenés que decirle feliz cumpleaños a Flor. 
El momento lindo, guardalo en tu mente, porque dentro de tres años… la única que se va a acordar de eso sos vos, no el primo del mejor amigo de tu amigo que solo lo conocés por Facebook. 
Si estás triste, llamá a tu amigx de confianza, hablá con tu viejx, largá tus cosas con tu hermanx, ¡pero tus seguidores no quieren saber qué tan triste estás hoy, nena!
Y si tenés que decirle feliz cumpleaños a Flor por una red social… dejame decirte que estás haciendo todo mal. Andá hasta su casa con el mejor abrazo de regalo, mandale un súper desayuno, llamala y hacela llorar de felicidad, pero no dependas de internet...
Dejá el celular y viví.
Por favor.
-Luli.

martes, 6 de diciembre de 2016

Todavía te lloro, papá.

Cuando te perdí, te lloré con el alma. Lloré de verdad, lloré de la manera que más duele. Lloré, grité, maldecí, puteé, me enojé con la vida, me enojé conmigo misma y me enojé con vos. Volví a llorar, no dormí, no comí, no existí y yo también dejé de vivir por un gran tiempo.
Ahora me doy cuenta de lo mucho que siempre te necesité, de lo indispensable que eras para mi vida, de que tu risa alegraba mis días. De que tus palabras eran magia, de que tus ojos al sonreír brillaban más que nunca, de que tu malhumor un poco me gustaba. Incluso me doy cuenta de la cantidad de abrazos pendientes que nos quedaron, de las charlas que nos debíamos, de las peleas que nos faltaron.

Todavía te lloro, papá, no te preocupes. Te lloro porque te fuiste, pero agradezco porque te tuve. Te lloro porque no nos despedimos, pero agradezco porque todos los días nos separábamos con abrazos reconfortantes. Te lloro porque te extraño, pero agradezco porque tus “te quiero” todavía resuenan en mi cabeza. Te lloro porque no merecías irte, pero agradezco porque lograste todo lo que querías, y cuando partiste, lo hiciste con una sonrisa.
Todavía te lloro, papá, aunque hoy estoy con ganas de gritarte “¡gracias!”. Gracias por cuidarme del mundo exterior, gracias por darme un lugar en tus brazos cuando las cosas no iban bien, gracias por escucharme cuando no tenía con quién hablar, gracias por motivarme a hacer lo que amo, gracias por compartir tus anécdotas conmigo (que de hecho me las sé de memoria). Gracias por estar en los momentos más importantes de mi vida, gracias por hacer de todo por y para mí, gracias por romperte el lomo laburando para que nunca me falte nada, gracias por confiar en esta mujercita que todavía se sigue equivocando y espera seguir escuchando tus sabios consejos incluso desde allá arriba.
Gracias por llegar y quedarte, gracias por estar y permanecer, gracias por ser vos.
Todavía te lloro, papá, y es la manera más hermosa de recordarte.

(Les recomiendo escuchar Nos veremos otra vez de Serú Girán -haciendo click aquí- a todxs los que estén pasando por momentos difíciles como lo es la partida de un ser querido).
-Luli.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Me llevás a otro planeta.

No sé cómo empezar esto. No sé cómo explicar todo lo que me pasa con vos, todo lo que me hacés sentir. No creo poder definirlo con palabras, porque lo nuestro es magia. Tan simple y llenador como eso.
Te miro y el corazón me empieza a latir más rápido de lo normal, y sonrío, y no sé porqué. Pero la sensación me encanta (y no quiero dejar de tenerla).
Me hablás y mi carita va tomando un color rojizo llegando al bordó, porque me gusta que me hables, porque me gusta escuchar tu voz tan cerca de mí. ¿Qué importa el color de mi piel en el momento que decís mi nombre, tan lindo como solo a vos te sale? Vení, buscame, conversame, que por vos me pongo colorada todos los días.
Me llega un mensaje tuyo y mi sonrisa se forma sola, sin siquiera pensarlo. ¿Sabés lo hermoso que es sonreír por alguien? ¿Sabés lo hermoso que es que alguien te haga sonreír? Eso lográs vos en mí: que sonría, que me sienta plena, feliz, completa. Completa, sobre todo; porque  cuando estamos juntos siento que no necesito nada más .

Pero lo que más disfruto de vos, de nosotros, de esto tan pequeño y grande que formamos, es el silencio. Porque podemos pasar toda la tarde escuchando Soda Stereo, The Strokes o Falsa Cubana, y nos encanta, y cantamos despacito para que no nos escuchemos; pero llega un silencio (por más cortito que sea) y todo sigue igual. Cruzamos miradas, nos sonreímos, queremos decir algo y no sabemos qué. Ya fue, ¿no? Gran placer disfrutar de silencios con personas que querés, que valorás, que admirás. Total, con ese estado de tranquilidad que puede durar de uno a tres minutos sumado a tus ojos sobre los míos, ya no quiero más. Esa mirada vale más que mil canciones, más que mil palabras.

Y en ese silencio que parece eterno, se me retuerce el estómago y me dan unas ganas inmensas de abrazarte, de besarte, de decirte “te quiero” y de contarte lo mucho que me gusta tenerte tan cerca.
No lo hago.
Te sigo observando, como siempre, desconcentrándome con tu belleza sobrenatural (física y mental). Te sigo observando, como siempre, mientras pienso lo bien que me hacés, las cosas que me hacés sentir y por qué me hacés sentir de esta forma.

Y mirá, acá te lo digo, cortita y al pie: me llevás a otro planeta. Gracias.

 -Luli.


sábado, 26 de noviembre de 2016

Mensaje para vos.

Espero que la vida te trate bien 
y que puedas lograr todo lo que te propongas,
porque sé que podés.

Espero que encuentres el amor de verdad,
sin importar cuántas noches llores,
sin importar cuántas veces te decepcionen.
Sé que lo vas a hacer, sé que hay alguien especial
que te va amar como te lo merecés.

Espero que puedas ser feliz,
ser feliz haciendo lo que amás,
ser feliz con la gente que amás.
Y que te ames a vos misma, 
que te ames mucho.

Espero que todo lo que hoy te hace pensar
que no sos lo suficientemente buena,
desaparezca.
Que desaparezca, que se vaya bien lejos
para nunca volver.

-Luli.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Mambos internos.

Estás triste. Estás decaída. Llorás antes de dormir o mientras te bañás (porque en esos momentos nadie te puede oír). Sonreír no te sale, y reír, menos.
Te hablan y no escuchás. Vivís en la tuya, en tu mundo, sin poder dejar de pensar en tus quilombos. Cada vez dormís menos, tus mambos internos te quitan el sueño, el café te desvela, la noche te inspira y te hace recordar; y aunque querés dormir constantemente, no podés.
Te preguntás mil veces “¿por qué esto?”, “¿por qué a mí?”, y no encontrás respuesta alguna. Llega un momento en el que te decís a vos misma que lo mejor es cambiar de tema, de página, de vista, y pensar en otras cosas. ¡Y tampoco te sale!

Los días pasan cada vez más rápido, pero no te importa: solo querés dejar de sufrir por cosas que no pasan, o por cosas que ya pasaron, o por cosas que podrían llegar a pasar… en vez de disfrutar el hoy, el ahora, el presente, el estoy.
Pero sí, te dejo con tus mambos internos que, apuesto, te gustan. Los necesitás. Si no los tenés, te sentís incompleta.
Sí, te acostumbraste a vivir con un dolor que podrías haber dado por terminado hace mucho, mucho tiempo.

Luli.

lunes, 31 de octubre de 2016

Extraviada - Capítulo 2.

—Chia, ¿todo bien? —preguntó una voz femenina.
Chiara miró para atrás y estaba Olivia, su mejor amiga desde que había entrado al colegio secundario.
—¡Oli! —gritó alegre. —¡No sabía que ya estabas mejor!
La abrazó fuertemente.
—Sí, no quise decirles nada para sorprenderlas. Ya extrañaba el colegio —contó riendo. —La gripe me mató.
—Sí, me imagino. Es horrible.
Continuaron caminando en silencio hasta que Olivia habló.
—¿Está todo bien? Cuando te encontré caminando tenías una cara…
Chiara jamás le ocultaba cosas a sus amigos, pero esos temas eran demasiado delicados como para charlarlos un viernes a la mañana.
—Sí, estoy cansada nada más —mintió.
—Como digas —se conformó Olivia. Pero sabía perfectamente que algo le estaba pasando.


Ya en el último recreo de las once y media, Chiara y su grupo más íntimo se reunieron en el patio del colegio.  Estaba conformado por cinco: ella, Olivia, Laura –mejor conocida como Loli–, Santi y Jeremías.
Si bien al comenzar cuarto año habían tenido que elegir una orientación para seguir hasta sexto, eso no fue un impedimento para que la amistad continuara intacta.
—Van a haber mil fiestas por el día de la primavera y el estudiante, ¿busco alguna que parezca interesante? —preguntó Loli.
—¡Sí! —gritaron todos.
—Podemos hacer previa en casa y después vamos juntos. Mis viejos están de viaje por una semana —comentó Santiago.
Todos se miraron sonrientes. No era una oportunidad para desaprovechar.
—Cambiando de tema —dijo Jere—, ¿alguien estudió para la prueba de Política?
Chiara se mordió el labio, preocupada. Había estado tan pendiente de su blog y de sus temas familiares que olvidó completamente la evaluación de la próxima hora.
—¡Boludo, me re colgué! —gritó.
Jere sacó del bolsillo de su jean color negro, una hoja llena de cuadros, redes y conceptos. Se lo pasó a Chiara para que leyera un poco los cinco minutos restantes, quizá le quedaba algo de información.
En ese instante, Olivia y Loli se miraron, cómplices. Chiara no entendía, pero prefirió no preguntar. 


—Suerte —le dijo Jere a Chiara en voz baja.
—Gracias, amiguito. Suerte para vos también —contestó sonriente.
Él le devolvió la sonrisa.
—Cualquier cosa me tocás el codo y te fijás mis respuestas, total va a ser multiple choice.
—¡No, tonto! —dijo Chiara. —Si no me sale la entregaré en blanco y listo. No va a ser la muerte de nadie. No te preocupes.
Ambos miraron para atrás y le desearon suerte a Oli, la tercera y última del grupo que había elegido la orientación de Ciencias Sociales.
La profesora se paró luego de haber ordenado su escritorio y comenzó a entregar las hojas. Pidió silencio absoluto y se quedó quieta frente al pizarrón, observando todo y a todos.
La mente de Chiara estaba en blanco. Bueno, no en blanco totalmente, porque se distraía con cualquiera de sus pensamientos y no lograba concentrarse en las consignas. Después de mucho pensar, decidió elegir opciones al azar. «Que sea lo que tenga que ser», concluyó.
—¿Ya terminó, Acosta? —preguntó la profesora.
—Sí —respondió tratando de parecer segura.
—¿Quiere que la vea ahora?
—¡No! —exclamó. —No te preo… No se preocupe —se corrigió. —Tome —y se la entregó.

A la salida del colegio, Jere, Fiona y Chiara se volvían caminando juntos. Ese día, Loli se había sumado porque tenía que hacer otro recorrido.
—¿Cómo les fue al final? —preguntó intrigada.
—Bien, era fácil —contestó Jere.
Chiara rió.
—Mal. Estaba en otra.
Su amiga y su hermana la miraron, sorprendidas.
—¿Mal? ¿A vos? —volvió a preguntar Loli.
—Sí, te juro. Parecía chino básico cada palabra que leía.
—Eso que la quise ayudar, pero no quiso —contó Jere.
Loli sonrió para sus adentros y frenó en seco.
—Me voy acá. Nos vemos mañana.
—¿No vas a lo de tus abuelos?
Dudó.
—Sí, pero tengo que pasar a comprar —mintió. —Cuídense, los quiero —se despidió. 

El resto del trayecto lo hicieron hablando del fin de semana y de la fiesta del día de la primavera y del estudiante. Tardaron alrededor de veinte minutos y, al llegar a la casa de las hermanas, Fiona se despidió primero y entró rogando que la comida estuviera lista.
—Gracias por querer ayudarme hoy —dijo Chiara.
Jere sonrió.
—No es nada, Chia. Para eso estoy.
—Sos el uno, no me canso de decirlo —le dio un beso en la mejilla y abrió la puerta de su casa, la cual su hermana había cerrado agresivamente. —Te quiero —sonrió y entró.
Él permaneció en su lugar, quieto. Sonriente y alegre.
—Yo también te quiero —dijo en voz baja.
Y se fue.

—¡Hola! —saludó Chiara al ingresar a su casa.
—Hola, Chiarita. Lavate las manos y vení a la mesa que hay tarta de verdura —dijo su papá.
Se acercó a darle un beso en la frente y fue al baño.
Se estaba lavando la cara para refrescarse, cuando le sonó el celular. «Es una notificación del blog», pensó, recordando el timbre que había elegido para el mismo. Lo ignoró sin preocuparse demasiado porque el hambre la estaba matando.

—Mamá hoy vuelve más temprano —comentó Bernardo. —Me pidió que les avisara que cuando llegue, van a ir a comprar.
Fiona y Chiara sonrieron y chocaron los cinco.
—No me digan que van a ir a comprar ropa —bromeó su papá.
—¡Obvio! —gritaron las dos al unísono.

—¿Puedo cerrar los postigos, Chiari? —preguntó Fiona mientras se ponía su pijama para dormir la siesta.
—Sí, no me molesta.
—Gracias. ¿No pensás acostarte aunque sea media hora? —volvió a preguntar dirigiéndose a la ventana de su habitación, la cual daba al patio de la casa.
—No —respondió sin dudar. Prendió la notebook, concentrada, y encendió el velador que estaba al costado.
—Chiara, tenés que dormir un poco. Tenés unas ojeras inmensas y una cara de cansada impresio…
—Basta, Fio —interrumpió con paciencia. —Dejame hacer mis cosas. Si vos querés dormir, dormí.
Fiona se acostó en su cama, se tapó con una sabana fina y se durmió enseguida.

Chiara abrió Spotify desde su computadora y buscó a Gnash, uno de sus artistas favoritos. Eligió la canción First day of my life y luego entró a su blog.
Tenía varios comentarios nuevos en sus entradas más recientes, pero uno en particular le llamó bastante la atención.
sos increíble. no sabés lo mucho que me gusta todo lo que escribís. te sigo hace poco pero nunca me había animado a comentar. te vi varias veces personalmente y parecés una mina genial.
C.

Luli.

martes, 25 de octubre de 2016

Lo que sea, pero juntos.

Invitame un café, cociname un plato de fideos, jueguemos a la play, saquemos a pasear a los perros, haceme conocer música diferente, mostrame qué tan bien te sale el nuevo tema en la guitarra, llevame a ver un partido de fútbol.
Hablemos de tu niñez, contame tus mambos, dormamos la siesta, salgamos a caminar, pasemos un día entero en la playa.
Demos una vuelta en bici, juguemos al ring raje, cortemos flores para entregárselas a las personas que pasen por al lado nuestro.
Dibujemos un sol brillante, pintemos mandalas, leamos una poesía, juguemos un ratito a las escondidas o, si te animás , al tutti frutti.

Lo que pinte
Lo que quieras
Lo que sea.
Pero juntos.

 -Luli.

lunes, 24 de octubre de 2016

Extraviada - Capítulo 1.

Cerró sus ojos e intentó dormir. Contó ovejas, cantó canciones lentas dentro de su cabeza, pensó en cosas lindas, y nada.
Los recuerdos, una vez más, atormentaban su cabeza. Pero Chiara ya estaba más que acostumbrada: le pasaba lo mismo desde los diez años, aproximadamente, cuando comenzó a comprender el mundo en el que vivía y la clase de personas que la rodeaban.
Volvió a abrir los ojos para que el pasado saliera de su cabeza y se dio media vuelta para observar a su hermana, a su incondicional, a su pilar.

—Fio, ¿estás despierta? —preguntó en voz baja.
Silencio.
—Fio —volvió a llamar.
Silencio.
Sonrió para sus adentros y, sin hacer demasiado ruido, se levantó de la cama para ir a su escritorio.

Su habitación era su parte favorita de la casa: además de dormir con su hermana, cosa que le encantaba, tenía una parte en la que estaba su mesa de estudio y una notebook (aunque más que estudiar, la usaba para escribir) donde se pasaba horas y horas mirando series, actualizando su blog y chateando con sus amigas.
Las cuatro paredes de la habitación estaban pintadas de rosa palo, color que ambas eligieron apenas llegaron a la casa. Había pósters de artistas que les encantaban y fotos de ellas juntas, con sus amigas, solas, de chiquitas, con sus papás, y demás. Era un lugar muy reconfortante para Chiara y Fiona, pero sobre todo, una guarida.
Porque allí se escondían sus secretos, sus chismes, sus llantos, sus historias, sus risas. Todo lo que compartían, todo lo que amaban, todo lo que las entristecía; todo estaba en esa habitación, incluso las cajas de recuerdos.

Se sentó en la silla giratoria de su escritorio y prendió la notebook. Abrió WhatsApp Web para ver si alguna de sus amigas estaba conectada y enchufó sus auriculares tras buscar Dollhouse de Melanie Martinez. «Qué tema del bien», pensó.

Chia: Hola Vic
Vicky: Hola Chia! Qué hacés despierta?
Chia: No me puedo dormir, estoy re desvelada. Me quiero morir. Siempre me pasa lo mismo
Vicky: Uy nena, acostate y relajate, estás muy estresada creo yo…
Chia: Nooo, estresada de qué?! Estresada debés estar vos con tantas cosas!
Vicky: Jajaja sí, puede ser. Justo me agarraste repasando para un parcial que tengo mañana
Chia: Entonces te dejo estudiar tranquila. El sábado vas a estar trabajando?
Vicky: Sí mi amor
Chia: bueno, entonces voy a pasar con Fiona a merendar y charlamos un ratito
Vicky: Dale, amiga. Gracias. Que duermas bien
Chia: Que te sea leve el estudio! Te quiero.

Si había algo que le costaba horrores a Chiara, era demostrar cariño. Había pasado por situaciones tan difíciles y dolorosas, principalmente causada por adultos, que sentía que todos eran iguales, que todos la tratarían de la misma manera. Nunca decía “te quiero”, nunca abrazaba y pocas veces sonreía.
Después de varios años de terapia pudo soltarse y renovarse, por lo que comenzó a ser afectuosa y a dar amor cada vez que podía. «Tengo que demostrarle a la gente que me rodea cuán importante es para mí, nunca sé cuándo la vida nos va a separar», se decía siempre pensando en su familia biológica.


—¿A qué hora se durmieron ayer, chicas? —preguntó Bernardo.
—Yo a las doce, me parece —contestó Fiona algo dubitativa. —Pero alguien que conozco —dijo levantando su voz— se durmió re tarde.
Pilar y Bernardo se miraron, cómplices, riéndose.
—¿De nuevo, mi amor?
—Es que, pá, no me agarra sueño. ¿Qué querés que haga? —se atajó Chiara.
Él no respondió y miró el reloj. Todavía faltaba para que cada uno entrara a sus actividades.
—¿Piensan hacer algo este finde largo? —preguntó la mamá de las hermanas.
—Dormir y ver películas —contestó Fiona simpáticamente. —Excepto mañana a la tarde que voy a merendar con Chia —comentó sonriéndole.
Chiara le devolvió la sonrisa.
—Como todos los sábados —acotó alegre. Todos los sábados, desde hacía años, iban al Starbucks más cercano a merendar, sin excepción alguna. —Pero no creo hacer nada aparte de eso. Tengo que adelantar cosas del colegio y de mi página.



Chiara salió de su casa media hora antes de entrar al colegio porque, si bien quedaba a quince minutos caminando, a ella le gustaba ir escuchando música e inspirándose para nuevos relatos en su blog. Abrió Spotify en su celular y eligió Deja vu de Gustavo Cerati. «Sacar belleza de este caos es virtud», pensó mientras cantaba en voz baja. Su parte favorita.

Pasó por un quiosco a comprar un atado de cigarrillos mentolados y un paquete de chicles de fruta. Sacó de su mochila su encendedor violeta y prendió uno. Hizo el mismo recorrido de siempre, solo que la sensación fue diferente.
Para ir hasta el colegio necesitaba pasar por un jardín de infantes, al cual asistían nenes de hasta cinco años. Ya estaba acostumbrada a verlos entrar, a verlos reír, a verlos jugar en el patio delantero, a verlos aprender. De hecho, varios de los nenes la reconocían por su rubio ceniza tan particular y por su habitual cigarrillo en mano, y la saludaban contentos.
Pero ese día fue distinto, porque al pasar por allí decidió quedarse en la vereda un rato para observarlos detenidamente. Todos entraban con un adulto hasta la puerta de ingreso, les daban un beso y un abrazo, y se iban, sabiendo que volverían a sus casas con las personas que querían. Todos con sus abuelos, sus papás, sus hermanos mayores, sus tíos; todos rodeados de familiares, y eso fue lo que le provocó algo en el pecho. Que tuvieran a sus parientes biológicos tan cerca, que supieran quiénes son, que los despidieran sabiendo que a las cuatro horas los verían de nuevo.

«Un día más sin vos», pensó como todas las mañanas.

Ignoró por completo esa sensación y se quedó con un gran nudo en el pecho, pero ese nudo ya venía estando en ella desde hacía meses. Ese nudo significaba algo, pero Chiara no sabía bien qué.
 ¿Necesitaba llorar? ¿Necesitaba gritar?
¿Necesitaba hablar? ¿Necesitaba descargarse emocionalmente?
¿Necesitaba saber quién era Chiara, en realidad?  Sí. Y necesitaba dejar de buscar gente que se pareciera a ella por si era un familiar. Un tío, un primo, un abuelo.
Su mamá. Su papá.
Cualquiera.

Necesitaba dejar de estar perdida entre la multitud.

-Luli.

domingo, 23 de octubre de 2016

NOVELA: Extraviada (sinopsis).

SINOPSIS: 
Cuando el pasado te atormenta cada noche de tu vida desde tu niñez, cuando no podés dormir, cuando necesitás saber qué hubiese sido de vos si lo que pasó no pasaba, cuando no contás con nadie más que con vos mismo… Es cuando tenés que sacarte la duda y averiguar.
Recorrer, investigar, gritar, renunciar, volver, pedir ayuda. Todo lo que sea necesario con tal de saber quién sos, por qué estás donde estás, por qué tu vida es la que es y no es otra.

Chiara (16) y Fiona (13) son hermanas. Estuvieron juntas en sus momentos más difíciles y siempre se prometen nunca dejarse solas, porque sobre eso saben bastante.

La menor vive como quiere, disfruta el presente y nada más. En cambio, Chiara, todas las noches antes de cerrar sus ojos y dormirse, piensa y se tortura sin cansancio. Ella solo quiere saber quiénes fueron los hijos de puta que la abandonaron junto a su hermanita cuando tenía cuatro años y Fiona, un año. ¿No las querían? ¿No fueron deseadas? ¿Tenían otros planes más importantes? ¿No podían hacerse cargo?

La adolescente también tiene un blog muy popular en el que habla acerca de diversos temas que interesan a hombres y mujeres, pero jamás escribió sobre la familia; ninguno de sus seguidores sabe que es adoptada, solo sus amigas, quienes les son fieles a la escritura de Chiara.
Pero, entre tantos seguidores y con el éxito creciendo cada vez más, Chiara conocerá a alguien que será imprescindible para llegar a su familia biológica; a escondidas de su hermana y de sus padres adoptivos, porque sola lo puede todo.
O tal vez no.

-Luli.
(gracias por leerme una vez más en otra historia adolescente 💛).

lunes, 17 de octubre de 2016

Sensaciones.

Un café caliente con mucha espuma. Un té de frutos rojos. La comida de la abuela. El postre de mamá. Los asados de papá.
Las peleas con tus primos, con tus hermanos. Los abrazos de tu abuelo y los consejos de tus tías. Las discusiones familiares en plena sobremesa, ¿y qué importa?

Abrazar a una amiga. Escuchar a una amiga. Apoyar a una amiga. Contenerla, quererla, serle sincera, compartir, reír, ¡estar!

Un beso en los labios, un beso en la mejilla o un beso en la frente. Un beso tímido en la comisura de los labios. No importa cómo sea, sino de quién venga. 
Una caricia. Un mensaje. Una salida. Un “te adoro” sin vueltas, un “te quiero ver” directo y un “estoy hasta las manos con vos” para enamorarme.
Un recital con alguien que querés. Una birra en un balcón, un pucho de a dos, una sonrisa compartida. 

La luna con el cielo despejado. Las nubes grises cuando está por llover. La lluvia, caminar debajo de ella, el arcoíris que se forma después. El viento en la cara, ¡sí, que te despeine!, el cabello desatado y una sonrisa gigante. El mar, el sonido de las olas, los gritos de los nenes y los nenes hundiéndose en la arena.
El sol. El sol brillando, el sol en el amanecer, el sol en el atardecer. El sol rodeado de nubes o el sol con un cielo totalmente celeste.

El olor a libro viejo. Sentir un libro nuevo. Leerlo y formar parte de la historia, irte por un rato, ser otra persona.
El sonido de la guitarra, ¿qué importa si es acústica, criolla o eléctrica? Todas suenan igual de bien. Todas son música.
La música. Tu canción preferida, la que te hace bailar, la que te hace llorar o la que te provoca mil emociones diferentes en solo cuatro minutos. La canción que te dedicó esa persona, la canción que dedicaste, la canción que querés dedicar. Todas causan algo.

Sensaciones que vivís a diario y que tenés que valorar más.
Disfrutalas, ¡no sabés cuándo vas a dejar de sentirlas!



-Luli.

lunes, 10 de octubre de 2016

Extraño tu amistad.

¿Te acordás cuando pasábamos horas, horas y horas hablando y no nos cansábamos nunca? Siempre teníamos algo que contarnos, algo para opinar, algo de qué reírnos. ¿Y te acordás cuando venías a casa un día y te quedabas dos más porque mi familia era la tuya? (y viceversa). No importaba si dormíamos, mirábamos películas o charlábamos sobre la vida; lo importante era estar pegadas y divertirnos.

Todos nos preguntaban si no nos aburríamos de estar juntas constantemente, y nosotras con la mejor sonrisa respondíamos que no. ¿Cómo nos íbamos a aburrir? Éramos como hermanas.
Hasta que un día, “todos” dejaron de preguntar. Porque la respuesta fue evidente.

De repente todo cambió: no nos contábamos con quién habíamos hablado, no nos sacábamos más fotos para ver juntas en un futuro y emocionarnos con eso, no salíamos a bailar y ni siquiera a tomar un café, no nos reíamos más de los chistes que solo nosotras entendíamos.
De repente dejamos de ser lo que alguna vez habíamos sido.
Y fue un dolor alma, porque la persona más importante para mí ya no formaba parte de mi vida.

Hoy en día extraño tu amistad y todo lo que vivimos de la mano de la otra, pero entendí que nada es para siempre y que a veces es necesario distanciarse para extrañarse y saber valorar a la persona que tenemos al lado.
Me encantaría que volvieras, que me contaras todo lo que te pasó en este tiempo, que me sacaras sonrisas como antes, que vinieras hasta casa solo a molestarme. Pero también quiero que seas feliz, porque te lo merecés por la gran amiga que fuiste mientras nuestra gran y linda hermandad duró, y aunque hayamos tomado caminos diferentes siempre voy a esta esperándote con los brazos abiertos para llenarte de amor y que todo empiece de cero.

-Luli.

miércoles, 5 de octubre de 2016

El indeciso.

Sos tan indeciso que me complicás la vida de la manera más linda que alguien podría hacerlo. Somos un círculo vicioso interminable, un café que nunca acaba, una canción que jamás deja de sonar, un par de besos que no concluyen.
Vas y venís todo el tiempo, hoy sí y mañana no. ¿Quién sabe?, si sos una caja de sorpresas.
Me mirás, me sonreís, hacemos cosas juntos. Tres días después, la tierra te tragó; no sé dónde ni cómo estás, no te preocupás por hablarme y mucho menos por saber de mí.
Sin embargo, yo sigo atrás tuyo haciéndome la indiferente para, justamente, no quedar como una estúpida. Seguro te reís a mis espaldas de lo ingenua que soy, de lo fácil que caigo a tus pies y de lo sencillo que es para vos, tenerme.
Pero tranquilo, pibe. Todo va a cambiar; acordate que el que ríe último, ríe mejor.

-Luli.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Es amor.

Que alguien venga y me explique por qué cuando te veo se me para el mundo, por qué cuando me hablás se me corta la respiración o me pongo nerviosa.
También que me explique por qué no logro encontrarte un defecto, o por qué nunca me canso de hablar sobre vos, o por qué necesito tu sonrisa para que mi día sea el mejor.
Que me explique por qué pienso tanto en vos, por qué gasto tantas horas de mi vida en imaginarnos una vida juntos, por qué te encuentro en cada sueño que tengo.
Y, si puede, que me explique por qué llegaste a mi vida de un momento a otro cambiando todas mis ideas, mis esquemas, mi rutina; haciéndome entender qué es el amor.
Me das paz, tan simple como eso. ¡Y qué agradecida estoy!

-Luli.

lunes, 19 de septiembre de 2016

La (des)ilusión.

Desde el punto de vista femenino (y minitah, por qué no) sabemos que es posible que esa ilusión no se concrete, que puede no ser real; no nos toma por sorpresa. Lo que sí nos toma por sorpresa es la forma y el momento en el que nos desilusionamos: es como una cachetada que nos da la vida para que abramos los ojos, para que volvamos a la realidad. ¿Y qué sucede cuando ya no tenemos esa ilusión? Nos queda un vacío inmenso con gusto dulce, recordamos lo bueno e intentamos descartar lo malo. Nos queda una experiencia de la cual hay que aprender a través del mejor remedio: el tiempo.

Llega un momento en que esa desilusión ya no existe y, en su lugar, aparece una nueva ilusión. Queremos, ¡deseamos! que no pase lo mismo; pero sí pasa, y por más que nos disguste tenemos que entender que son necesarias, tanto para el ilusionador como para el desilusionado.

Creer en ilusiones es similar a una forma de esclavitud que nos mantiene desconectados del mundo real. Por eso, no dejemos de ilusionarnos y desilusionarnos, de aprender de nuestras caídas y saber levantarnos con más fuerza.

-Luli.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Punto y aparte.

Mi cabeza no para de pensar, de imaginar, de maquinear, de preguntarse cosas que no tienen respuestas (¿o será que no me esfuerzo por encontrarlas?). Ya no sé qué hacer, no puedo dormir en paz, no puedo estudiar, no puedo siquiera hacer las cosas que amo con cierta tranquilidad mental.

¿Por qué se fue todo tan al carajo en un abrir y cerrar de ojos? ¿En qué momento llegamos adonde estamos? ¿Será que no supimos aprovechar cada situación? ¿Y dónde quedaron las promesas que me hiciste? ¿Qué va a pasar con nosotros?

Uno piensa que lo tiene todo y, sin embargo, cuando se va… ¿qué sucede? Nos quedamos sin nada.

Punto final.
Punto y aparte.

-Luli.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Volver a sentir.

Llega un momento en el que todo me da igual, en el que si me pasa algo groso o no, no me pongo ni feliz ni triste. Un momento en el que si duermo o estoy despierta es lo mismo porque nada de lo que hago me transmite algo. Un momento en el que todas las caras me aburren y necesito aislarme, estar sola, encerrarme en mi mundo.
Intento encontrar el porqué de todo esto, pero no aparece… simplemente sucede.

Quiero nuevas personas en mi vida, quiero experiencias tanto buenas como malas, quiero que llegue algo o alguien que me cause una pequeña sensación en el pecho, algo o alguien que me haga volver a sentir.
Me aburre la rutina y necesito cambios constantemente. ¿Y qué? Espero que una simple acción, palabra o persona dé un giro de 360º en mí, porque es exactamente lo que estoy buscando pero aún no encuentro.


-Luli.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Mi mejor amiga.

Sos una persona llena de luz, de energía, de creatividad, de amor. Una persona que siempre me roba las sonrisas más reales, que siempre va a apoyarme sea cual sea mi decisión, que siempre va a serme sincera aunque eso pueda herirme; pero no por maldad, sino por el cariño inmenso que sé que me tenés. Y eso es lo que más amo de vos: que siempre estás conmigo a pesar de todo. Que siempre me decís lo que sentís y lo que pensás, que no tenés dos caras. Que soportás mis cagadas, mis llantos, mis histerias, pero también me soportás cuando el corazón me estalla de felicidad y soy la amiga más pesada del mundo.

Tu sentido del humor y tu forma de ver la vida tan particulares me ayudaron en mis peores momentos, y de eso te voy a estar agradecida de por vida.
Sos la persona que más quiero y valoro, la persona que nunca quiero perder porque sin vos, yo no soy yo. Te convertiste en mi confidente, en mi mamá, en mi mejor amiga, en mi hermana (y me encanta que ocupes tantos roles).

Nunca me dejaste caer. Los días en lo que lo único que quiero es no existir, vos me hacés reír. Compartís conmigo los mejores y los peores momentos. Me ayudás y escuchás cuando mi tristeza no puede ser mayor.
Tus abrazos, tus besos, tus mimos, tus palabras. Tu llegada, tu apoyo incondicional, tu confianza. Ser parte de tu vida.

Por más años de amistad.
De tropiezos y recuperaciones. 
Lo que pase, ¡pero juntas!
-Luli.