jueves, 17 de diciembre de 2015

Benjamín y Vera (¿amistad hombre-mujer?).

Vera seria, fría, distante, poco demostrativa, hasta que entraba en confianza, claro.
Benja estilo hippie, colgado, fan de las cosas “sin compromisos”, hasta que se enganchaba, claro.
Ambos con diferentes grupos de amigos, no salían a los mismos lugares, no pensaban muy parecido (lo cual lo hacía mil veces más interesante). Pero si había algo que compartían, aparte del colegio, era la pasión hacia el arte. Él, músico, guitarrista excepcional. Ella, bailarina, amante del teatro y, por qué no, “cantante”.

Gran combinación que pudo haber sido pero el miedo le ganó.

Se conocieron en el 2012, con tan sólo doce años. En el 2013 comenzaron las simples conversaciones por Facebook, una relación de compañeros de curso, nada de otro mundo. Pero poco a poco empezaron a hablar más y más seguido, al punto de que si no podían escribirse por la red social continuaban la conversación por mensajes de texto. Ella ya empezaba a sentirse atraída por él, pero no siguió avanzando por dos razones (o, mejor dicho, dos personas): una de sus mejores amigas a la cual le gustaba este guitarrista y uno de los mejores amigos de Benja, con el que Vera se veía casualmente (y no vamos a entrar en esta historia que es aparte y extremadamente extensa). Hasta que llegó la noche en la que ella, chateando con él y con la amiga mencionada antes, decidió arriesgarse y confesarle a su amiga lo que estaba pasando con él. Es decir, teóricamente aún no había sucedido nada como besos o al menos encuentros, pero pasar de hablar unas horitas por día a estar todo el tiempo escribiéndose… había una gran diferencia. Y su amiga tenía que saberlo, Vera estaba segura de que estaba perdiendo una amistad pero peor sería mentirle.

Sin embargo, esto no pasó. Mía, la amiga de Vera, ya lo presentía o al menos es lo que recuerdo. Se lo tomó muy bien, por suerte, porque gracias a ella la historia sigue en un “Continuará…”. Una vez que Mía le dio el “ok”, Vera empezó con sus chamuyos (básicos, en ese entonces) e histeriqueos para saber qué recibiría del otro lado. Como se lo esperaba, a él también le parecía linda y tenía ganas de seguir conociéndola, pero, con trece años, no iban a llegar demasiado lejos. Además, Tomás, el amigo de Benja chapante de Vera, seguía estando en el medio, y ambos lo sabían, aunque cuando hablaban parecía no existir nadie más.

Hasta que llegó el tan esperado 27 de noviembre del 2013 donde, después de millones de idas y vueltas, se juntaron al salir del colegio. Tanto Benja como Vera estaban nerviosos y a la vez ansiosos, luego de hablar durante alrededor de un año lleno de acercamientos, provocaciones e indirectas, iban a verse y solos. Él esperó que ella salga de la última clase y, tímidos, caminaron juntos hasta una plazoleta. Allí hablaron, se rieron mucho y, al fin, se besaron. Al menos para Vera, no fue un beso más, porque ese beso había estado esperándolo hacía más de medio año. Por ese beso estaba poniendo en juego la relación con Tomás, ¿y qué? A Benja tampoco pareció importarle.

Así estuvieron durante una semana, viéndose, hablando constantemente. Pero, claro, ¿qué iba a esperar Vera de Benja? ¿Una relación más seria? ¿Un “te quiero”? No, nada de eso. Simplemente llegó el día en el que él decidió que lo mejor era continuar como amigos, como si nada hubiese pasado, como si ella no se hubiese arriesgado, en cierto modo, por él. Pero las decisiones se respetan, y eso hizo Vera, si no estaba enganchada ni nada similar. Aceptó que había sido un touch and go y listo, no esperaba mucho más de alguien tan particular como él.

Ahora… ¿Amigos después de casi un año lleno de chamuyos? ¿Amigos después de haber estado? ¿Amigos sabiendo que todavía había ganas? (Discúlpenme, pero esta historia comprobó mi teoría de que la amistad entre el hombre y la mujer no existe). ¿Quieren saber cuánto duró esta “amistad”? No vale reírse: dos meses. Sí, ¡dos meses! En febrero del 2014 Vera decidió tomar la iniciativa, para variar, y le habló con una excusa. Eso provocó un cambio de ánimo en ella, porque lo extrañaba, así que al notar interés por parte de Benja empezó a remar la conversación. Otra vez, hablar todos los días, sólo que ahora tenían el famoso WhatsApp. Y así volvieron a lo de antes, sin besos ni demostraciones de afecto, con sentarse juntos en las clases y hablar todo el tiempo les alcanzaba… O eso creían. Porque, después de un año, llegó el 2015.

Uno con quince años no piensa de la misma forma que cuando tenía trece y, claramente, tampoco tiene las mismas intenciones, lo cual era bastante bueno ya que las cosas podían quedar claras y ser habladas con precisión. Las ganas acumuladas se notaban a simple vista, prácticamente todo el curso ya sabía que algo (sin saber bien qué) estaba pasando entre ellos. Y ella siempre se preguntaba “¿qué pensará la gente cuando nos ve juntos? Parece que no tenemos nada en común, y si es así están confundidos”, porque con el paso de los años compartían cada vez más cosas o gustos.

Una tarde de noviembre (sí, luego de dos años de sus primeros y últimos besos juntos) se juntaron en la casa de Benja para hacer un trabajo, aunque de más está decir que apenas Vera tocó la puerta, los dos se llenaron de nervios como en el primer encuentro con trece años. Ya tenían en claro que algo iba a pasar durante el día, al menos un chape. Y así fue, pero con más intensidad que hacía dos años, obviamente. Estuvieron toda la tarde de esta manera, un rato trabajando, otro rato escuchando música mientras descubrían bandas nuevas, otro rato a los besos, otro rato hablando de la vida, otro rato fumando un pucho, otro rato jugando con los perros.

Un mes después de ese encuentro se vieron de vuelta, pero sin excusas de por medio. Se querían ver y punto. Benja fue a la casa de Vera, la cual estaba sola, y pasó lo que ambos tanto deseaban: sacarse las ganas pero de verdad, teniendo relaciones. Luego de eso, ella empezó a pensar cada vez más y más en él, y hasta el día de hoy lo sigue haciendo. Se sintió especial, cuidada, querida, y espera que él se haya sentido igual. Unos días después de verse, Vera le habló para aclarar las cosas, para que todo siga igual… aunque en el fondo se esté muriendo por decirle “creo que me pasa algo con vos”. El miedo le gana. ¿Y Benja? Benja, aunque no quiera admitirlo, la quiere. O la aprecia. Pero suele demostrárselo, y eso a Vera la compra muchísimo. A él, el miedo también le gana, supongo.

Por lo tanto acá me tienen, escribiendo una historia de amor casual que empezó hace casi tres años y aún continúa. Y déjenme decirles que parece tener para rato… Si ninguno vence el miedo, va a tener para años.



Continuará…

-Luli.

5 comentarios:

  1. No encuentro en donde esta la razón de porque no existe la amistad entre el hombre y la mujer. Básicamente en toda tu historia nunca hubo amistad, eso no son amigos, nunca lo fueron y nunca la iban a ser porque ya desde el principio las intenciones eran otras y con esas intenciones es OBVIO que no se llega a una amistad. Me parece que confundiste un poco los significados de las relaciones, en mi opinión.

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