viernes, 11 de diciembre de 2015

Amiga desagradecida.

"Eu, necesito un consejo."
"Podés venir a casa que tengo que contarte algo?"
"Ayudame, no sé qué hacer."
"Me prestás ropa?"
"Salgamos a hacer algo."
"Puedo ir a tu casa? No aguanto más estar acá."

Sí, sin agradecerme. Sí, sin preguntarme cómo estoy yo. Sí, me pasan mil cosas pero no te das cuenta.
Y sí, estoy hablando de vos, amiga.
Decime cuántas veces fui a tu casa sólo para escucharte hablar a vos, para que cuando yo diga "ay, no sabés lo que pasó hoy" vos saltes con tu "ah, ¡eso!" y empieces con otra historia. Sobre vos, por supuesto. 
Decime cuántas veces te escuché hablar sobre los mambos de tus viejos, sobre el pibe que te gusta y tiene novia, sobre tus quilombos con el colegio. Y ahora decime cuántas veces me escuchaste a mí, pero escucharme de verdad, sin el celular en tus manos, con un brillito de preocupación en tus ojos, haciéndome preguntas en el medio. ¿Ya pensaste? Y sí, ninguna.
Decime cuántas veces estuve tirada en mi cama llorando y apareciste vos para contenerme. Claro, no podés decirme porque nunca estuviste.
No sé si hoy, mañana o en un mes, pero cuanto más temprano pueda largarte esto que siento, mucho mejor. Cada vez que me hablás para pedirme algo, quiero que mis manos tomen valor y empiecen a escribir lo que me pasa. Pero no, freno mis impulsos por el bien de nosotras dos y también por el bien del grupo. Debería pensar más en mí y no tanto en el resto, ¿no? A veces está bien ser egoísta. ¡Y no me sale! Una vocecita muy en el fondo me dice que no lo haga, que no es el momento, y por algo debe ser.
Así que acá estoy, esperando que te des cuenta que tenés que abrir tus ojos y ver qué le pasa a tu alrededor. Esperando que te des cuenta que no todo gira en torno tuyo. Esperando que te des cuenta que a veces la gente da mil consejos pero no sabe qué hacer con su propia vida. 
Así que acá sigo, ayudándote sin un "gracias" a cambio.

-Luli.

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