martes, 29 de diciembre de 2015

Me preocupa.

Me preocupa la gente que no se arriesga por miedo a perder
Me preocupa la gente que no viaja por miedo a que no le guste el destino
Me preocupa la gente que no se tatúa por miedo a que le quede mal
Me preocupa la gente que no confía por miedo a sufrir
Me preocupa la gente que no hace lo que le gusta por miedo al que dirán
Me preocupa la gente que no expresa lo que le pasa por miedo al rechazo
Me preocupa la gente que no se anima a hablarle a alguien por miedo a que no le agrade la respuesta del otro
Me preocupa la gente que no besa por vergüenza a hacerlo mal
Me preocupa la gente que no se viste como quiere por miedo a que los demás lo tilden como ridículo
Me preocupa la gente que demuestra ser alguien que no es por miedo a no encajar
Sin darse cuenta que lo único que hacen es vivir para que cuando les llegue el final, se den cuenta que no vivieron, sólo por miedo.

-Sofi.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Mirarte.

Podría pasar horas mirándote sin cansarme, y lo digo en el sentido literal.. Sos tan perfecto ante mis ojos, no hay nada de vos que me disguste, no te cambiaría absolutamente nada, para mí sos de otro planeta, porque nunca nadie logró ese efecto que vos provocás en mí.
Me la pasaría mirando tus gestos, tus ojos, tu mirada, los hoyuelos que se te dibujan cuando sonreís, tus manos, tus brazos, tu pelo, tu cuello, tu boca.. (que de hecho
me vuelve loca) tu forma de caminar, tu manera de hablar, me gusta ver tu boca cuando pronuncias mi nombre, me gusta verme reflejada en tus ojos, me gusta que me mires de esa manera que sólo vos lo haces, ese escalofrío que siento cuando veo que me estás mirando realmente es único.
Pero más que nada me gusta mirarte cuando estás distraído, cuando no sabés que te estoy mirando, cuando estás concentrado en otra cosa porque creo que es cuando mejor te ves, porque estás siendo 100% vos y eso para mí, es lo que más me gusta. Porque cuando te miro, me resulta inevitable no sonreír
-Sofi.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Benjamín y Vera (¿amistad hombre-mujer?).

Vera seria, fría, distante, poco demostrativa, hasta que entraba en confianza, claro.
Benja estilo hippie, colgado, fan de las cosas “sin compromisos”, hasta que se enganchaba, claro.
Ambos con diferentes grupos de amigos, no salían a los mismos lugares, no pensaban muy parecido (lo cual lo hacía mil veces más interesante). Pero si había algo que compartían, aparte del colegio, era la pasión hacia el arte. Él, músico, guitarrista excepcional. Ella, bailarina, amante del teatro y, por qué no, “cantante”.

Gran combinación que pudo haber sido pero el miedo le ganó.

Se conocieron en el 2012, con tan sólo doce años. En el 2013 comenzaron las simples conversaciones por Facebook, una relación de compañeros de curso, nada de otro mundo. Pero poco a poco empezaron a hablar más y más seguido, al punto de que si no podían escribirse por la red social continuaban la conversación por mensajes de texto. Ella ya empezaba a sentirse atraída por él, pero no siguió avanzando por dos razones (o, mejor dicho, dos personas): una de sus mejores amigas a la cual le gustaba este guitarrista y uno de los mejores amigos de Benja, con el que Vera se veía casualmente (y no vamos a entrar en esta historia que es aparte y extremadamente extensa). Hasta que llegó la noche en la que ella, chateando con él y con la amiga mencionada antes, decidió arriesgarse y confesarle a su amiga lo que estaba pasando con él. Es decir, teóricamente aún no había sucedido nada como besos o al menos encuentros, pero pasar de hablar unas horitas por día a estar todo el tiempo escribiéndose… había una gran diferencia. Y su amiga tenía que saberlo, Vera estaba segura de que estaba perdiendo una amistad pero peor sería mentirle.

Sin embargo, esto no pasó. Mía, la amiga de Vera, ya lo presentía o al menos es lo que recuerdo. Se lo tomó muy bien, por suerte, porque gracias a ella la historia sigue en un “Continuará…”. Una vez que Mía le dio el “ok”, Vera empezó con sus chamuyos (básicos, en ese entonces) e histeriqueos para saber qué recibiría del otro lado. Como se lo esperaba, a él también le parecía linda y tenía ganas de seguir conociéndola, pero, con trece años, no iban a llegar demasiado lejos. Además, Tomás, el amigo de Benja chapante de Vera, seguía estando en el medio, y ambos lo sabían, aunque cuando hablaban parecía no existir nadie más.

Hasta que llegó el tan esperado 27 de noviembre del 2013 donde, después de millones de idas y vueltas, se juntaron al salir del colegio. Tanto Benja como Vera estaban nerviosos y a la vez ansiosos, luego de hablar durante alrededor de un año lleno de acercamientos, provocaciones e indirectas, iban a verse y solos. Él esperó que ella salga de la última clase y, tímidos, caminaron juntos hasta una plazoleta. Allí hablaron, se rieron mucho y, al fin, se besaron. Al menos para Vera, no fue un beso más, porque ese beso había estado esperándolo hacía más de medio año. Por ese beso estaba poniendo en juego la relación con Tomás, ¿y qué? A Benja tampoco pareció importarle.

Así estuvieron durante una semana, viéndose, hablando constantemente. Pero, claro, ¿qué iba a esperar Vera de Benja? ¿Una relación más seria? ¿Un “te quiero”? No, nada de eso. Simplemente llegó el día en el que él decidió que lo mejor era continuar como amigos, como si nada hubiese pasado, como si ella no se hubiese arriesgado, en cierto modo, por él. Pero las decisiones se respetan, y eso hizo Vera, si no estaba enganchada ni nada similar. Aceptó que había sido un touch and go y listo, no esperaba mucho más de alguien tan particular como él.

Ahora… ¿Amigos después de casi un año lleno de chamuyos? ¿Amigos después de haber estado? ¿Amigos sabiendo que todavía había ganas? (Discúlpenme, pero esta historia comprobó mi teoría de que la amistad entre el hombre y la mujer no existe). ¿Quieren saber cuánto duró esta “amistad”? No vale reírse: dos meses. Sí, ¡dos meses! En febrero del 2014 Vera decidió tomar la iniciativa, para variar, y le habló con una excusa. Eso provocó un cambio de ánimo en ella, porque lo extrañaba, así que al notar interés por parte de Benja empezó a remar la conversación. Otra vez, hablar todos los días, sólo que ahora tenían el famoso WhatsApp. Y así volvieron a lo de antes, sin besos ni demostraciones de afecto, con sentarse juntos en las clases y hablar todo el tiempo les alcanzaba… O eso creían. Porque, después de un año, llegó el 2015.

Uno con quince años no piensa de la misma forma que cuando tenía trece y, claramente, tampoco tiene las mismas intenciones, lo cual era bastante bueno ya que las cosas podían quedar claras y ser habladas con precisión. Las ganas acumuladas se notaban a simple vista, prácticamente todo el curso ya sabía que algo (sin saber bien qué) estaba pasando entre ellos. Y ella siempre se preguntaba “¿qué pensará la gente cuando nos ve juntos? Parece que no tenemos nada en común, y si es así están confundidos”, porque con el paso de los años compartían cada vez más cosas o gustos.

Una tarde de noviembre (sí, luego de dos años de sus primeros y últimos besos juntos) se juntaron en la casa de Benja para hacer un trabajo, aunque de más está decir que apenas Vera tocó la puerta, los dos se llenaron de nervios como en el primer encuentro con trece años. Ya tenían en claro que algo iba a pasar durante el día, al menos un chape. Y así fue, pero con más intensidad que hacía dos años, obviamente. Estuvieron toda la tarde de esta manera, un rato trabajando, otro rato escuchando música mientras descubrían bandas nuevas, otro rato a los besos, otro rato hablando de la vida, otro rato fumando un pucho, otro rato jugando con los perros.

Un mes después de ese encuentro se vieron de vuelta, pero sin excusas de por medio. Se querían ver y punto. Benja fue a la casa de Vera, la cual estaba sola, y pasó lo que ambos tanto deseaban: sacarse las ganas pero de verdad, teniendo relaciones. Luego de eso, ella empezó a pensar cada vez más y más en él, y hasta el día de hoy lo sigue haciendo. Se sintió especial, cuidada, querida, y espera que él se haya sentido igual. Unos días después de verse, Vera le habló para aclarar las cosas, para que todo siga igual… aunque en el fondo se esté muriendo por decirle “creo que me pasa algo con vos”. El miedo le gana. ¿Y Benja? Benja, aunque no quiera admitirlo, la quiere. O la aprecia. Pero suele demostrárselo, y eso a Vera la compra muchísimo. A él, el miedo también le gana, supongo.

Por lo tanto acá me tienen, escribiendo una historia de amor casual que empezó hace casi tres años y aún continúa. Y déjenme decirles que parece tener para rato… Si ninguno vence el miedo, va a tener para años.



Continuará…

-Luli.

martes, 15 de diciembre de 2015

Él.

Cuando me toca hablar de él sinceramente no sé por donde empezar, me resulta difícil describir lo que me pasa. Pero voy a hacer el intento. 
Él fue la persona que más amo y más amé en mi vida, mi único y último amor, sé que por más que pasen años y años lo voy a seguir recordando como el primer día, voy a seguir recordando esos ojos cafés que se achinaban cuando te reías que me volvían loca, esa sonrisa que me hacia olvidar de todo, esa manera de ser tan única que tenías, pero lo voy a recordar con una mezcla entre nostalgia, felicidad y tristeza. ¿Por qué tristeza? Porque se fue de mi vida, no sé exactamente cómo ni porqué pero se fue.. y a partir de ese día algo en mí murió, nunca pude volver a ser esa chica que era antes, algo en mí se apagó, es como si me hubieran sacado una parte de mí. Creí que al pasar el tiempo iba a poder recuperarme, pero no, siempre estás en todas partes aunque en realidad no estés en ninguna. Me parece verte todo el tiempo, relaciono todo con vos, cierro los ojos y ahí estás.. tus recuerdos inundan mi cabeza, y cada vez que pienso en vos me es inevitable no llorar, porque te extraño, te necesito, daría lo que sea por un último abrazo, un último beso.. Sos lo que más quise en mi vida y ese lugar no te lo va a quitar nadie. Algo de vos quedó tatuado en mí y no se va a borrar nunca. Sólo espero que el destino algún día nos haga coincidir, sólo eso. Hasta siempre, mi gran amor. 
-Sofi.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Diciembre.

El mes más lindo, el más triste o simplemente otro mes para muchos.. Cuando llega esta época siempre hacemos un balance sobre lo que nos pasó durante todo el año, empezamos a recordar aquellos momentos que hasta teníamos un poco olvidados, nos ponemos a pensar en las personas que se fueron y las que conocimos durante todo el transcurso del año. Para muchos es un mes lindo ¿Por qué? Porque ya se termina el año, por ende empieza un nuevo ciclo con nuevas experiencias, comienzan las tan deseadas vacaciones, se va todo lo malo que nos pasó durante el año, y nos enfocamos en lo que vendrá y ponemos expectativas en eso.
Y para otros puede que este mes no sea muy agradable.. ¿Por qué motivo? Porque sabemos que todo lo bueno que vivimos durante este año jamás lo vamos a volver a repetir, va a quedar como un recuerdo más, nos agarra una especie de nostalgia al recordar por todo lo que pasamos por ende no tenemos ganas de que se termine, queremos que todo lo lindo que nos pasó forme parte
de este año, no 'del año pasado'.
En fin, creo que cada año trae cosas buenas y cosas malas y siempre nos dejan un aprendizaje estas últimas, algunas personas fueron estrellas fugaces que sólo llegaron a nuestra vida para hacernos más fuertes, más duros o más felices y se van, dejándonos muchas enseñanzas.
No nos quedemos con lo malo, ni tampoco nos pongamos mal por lo bueno, recórdemoslo con una sonrisa y miremos hacia delante que nos esperan un millón de oportunidades y experiencias nuevas que van a hacer que nuestro próximo año sea inolvidable. 
-Sofi.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Amiga desagradecida.

"Eu, necesito un consejo."
"Podés venir a casa que tengo que contarte algo?"
"Ayudame, no sé qué hacer."
"Me prestás ropa?"
"Salgamos a hacer algo."
"Puedo ir a tu casa? No aguanto más estar acá."

Sí, sin agradecerme. Sí, sin preguntarme cómo estoy yo. Sí, me pasan mil cosas pero no te das cuenta.
Y sí, estoy hablando de vos, amiga.
Decime cuántas veces fui a tu casa sólo para escucharte hablar a vos, para que cuando yo diga "ay, no sabés lo que pasó hoy" vos saltes con tu "ah, ¡eso!" y empieces con otra historia. Sobre vos, por supuesto. 
Decime cuántas veces te escuché hablar sobre los mambos de tus viejos, sobre el pibe que te gusta y tiene novia, sobre tus quilombos con el colegio. Y ahora decime cuántas veces me escuchaste a mí, pero escucharme de verdad, sin el celular en tus manos, con un brillito de preocupación en tus ojos, haciéndome preguntas en el medio. ¿Ya pensaste? Y sí, ninguna.
Decime cuántas veces estuve tirada en mi cama llorando y apareciste vos para contenerme. Claro, no podés decirme porque nunca estuviste.
No sé si hoy, mañana o en un mes, pero cuanto más temprano pueda largarte esto que siento, mucho mejor. Cada vez que me hablás para pedirme algo, quiero que mis manos tomen valor y empiecen a escribir lo que me pasa. Pero no, freno mis impulsos por el bien de nosotras dos y también por el bien del grupo. Debería pensar más en mí y no tanto en el resto, ¿no? A veces está bien ser egoísta. ¡Y no me sale! Una vocecita muy en el fondo me dice que no lo haga, que no es el momento, y por algo debe ser.
Así que acá estoy, esperando que te des cuenta que tenés que abrir tus ojos y ver qué le pasa a tu alrededor. Esperando que te des cuenta que no todo gira en torno tuyo. Esperando que te des cuenta que a veces la gente da mil consejos pero no sabe qué hacer con su propia vida. 
Así que acá sigo, ayudándote sin un "gracias" a cambio.

-Luli.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Todo llega.

Casi siempre nos pasa que estamos hartas de esperar algo que pareciera que jamás va a llegar, estamos constantemente pensando en eso, en cuando será el día que por fin se nos dé eso que tanto queremos, sea lo que sea.. Pero en la mayoría de los casos lo asociamos con el amor, queremos que justamente nos llegue ese amor ideal, ese que tanto soñamos, ese que tanto anhelamos. Porque estamos cansadas de amores baratos, de amores no correspondidos, de amores pasajeros.. Vemos como a muchas les llega el amor y nosotras todavía no podemos sacarnos de la cabeza a ese flaco que nos re boludeó. Pensamos: ¿Cuándo llegará esa persona que me haga olvidar de todo? ¿Cuándo va a aparecer ese alguien que me haga sentir linda, querida, amada? Y miles de preguntas más. Pero mientras más lo pensemos, menos va a llegar, es así. Las cosas llegan cuando menos las esperas, y pareciera una frase hecha sí, pero es que realmente es así. Hay que empezar a disfrutar más nuestro presente y no pensar tanto en lo que vendrá, que de eso se va a encargar el destino. Porque cuando no esperas nada, llega todo
-Sofi.