miércoles, 19 de agosto de 2015

Si no intentás, perdés.

Me gusta la gente alegre, pero también la que a la hora de ponerse seria, lo hace.
Me gusta la gente madura, pero también la que sabe divertirse.
Me gusta la gente que dice lo que piensa pero que antes piensa lo que va a decir.
Me gusta la gente que se toma su tiempo para hacer lo que le gusta.
Me gusta la gente que logra todo lo que se propone.
Pero especialmente, me gusta la gente que se arriesga, la gente que se la juega por lo que quiere, la gente que se tira a la pileta sin pensar cuánta agua tendrá, la gente que hace lo que quiere para no quedarse con la duda de "¿qué hubiera pasado si...?". Y lamentablemente, ese es el tipo de personas que falta.
O por miedo al qué dirán, o por miedo a "perder la dignidad", o por miedo a que se rían de vos, o por miedo a que la respuesta de su lado no sea la misma que vos esperaste, o por miedo al arrepentimiento, o por miedo a que después nada sea igual... Por esas inseguridades, uno no se la juega.
A vos, que un poco identificada te debés sentir, te pregunto algo: ¿vas a perderte tu posible felicidad solo por miedos? Mirá si nadie se ríe de vos, si nadie opina, si todo sigue igual, si su respuesta es la que tanto pensaste. Mirá si es así y vos no te arriesgás "por miedos". ¿Sabés la cantidad de oportunidades que te podés estar perdiendo, ahora, en este instante, solo por cobardía?
Si nunca te arriesgás, nunca vas a saber qué hubiera pasado si lo hacías. ¿Y por qué quedarse con la duda cuando tranquilamente podés saltar al pozo y hasta con los ojos cerrados? Recordá que un tropezón no es caída, que si hoy es 'no' mañana puede ser 'sí'.
Si te arriesgás, vas a descubrir qué tan lejos podés llegar.
Si te arriesgás, no vas a ver los logros de otros porque vas a estar muy ocupada disfrutando TU logro. El tuyo. El que tanto deseaste.
Y acordate constantemente que el que no arriesga, no gana.
¡Si intentaste, no perdiste!


-Luli.

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