miércoles, 26 de agosto de 2015

Vos, mi pasado más lindo.

Me acuerdo del día en que empezamos a hablar, y admito que sonrío al escribir esto. Eras (y sos) pura simpatía, una de esas personas de las que la gente nunca se cansa, que siempre está con una sonrisa. Y eso me enamoró.

Empezaste a gustarme cuando tenías novia, pero a mí no me importaba nada, yo te seguía hablando y hacía de todo para que te dieras cuenta de que ya no te quería como amigo, sino como algo más.

Y pasó: llegó el día que decidiste verme. Y pasó: después de hablar nos dimos nuestro primer beso. Y pasó: comenzamos a salir.

Fue el mes más lindo que pasé. Pero no todo es de color rosa, y generalmente las cosas buenas que me pasan, me duran poco y eso lo entendí más tarde: llegó el día que no quería que llegara, el día que lloré más que nunca, el día que me pregunté cincuenta veces qué había hecho mal, el día que lo nuestro había acabado, el día que empecé a obsesionarme con vos.

"Me gusta alguien más, no sé qué me pasa. ¿Podemos seguir como amigos?" y obvio, antes que no tenerte prefería que seas mi amigo. De más está decir que recién hoy entiendo la frase "si no hay amor, que no haya nada entonces".
Los meses pasaban y nosotros seguíamos manteniendo esa amistad... La verdad, la menos creíble que conocí. Miradas, sonrisas, mensajes, risas, enojos... ¿Eso era lo que quería? Sí, pero no lo que necesitaba. Yo sólo necesitaba alejarme de vos, no verte más, superarte, pero no podía, no me salía. Estaba obsesionada y quise ir más lejos, aunque eso viene después.
El 21 de septiembre más genial de mi vida. Yo estaba con mis amigas en la playa y vos con tus amigos en la ciudad, a punto de tener una presentación que te tenía muy nervioso. Antes de que llegue la hora, te deseé suerte y te dije que todo iba a salir bien, y así fue. Seguimos hablando, siempre como amigos, no habían otras intenciones; hasta que me hiciste la pregunta que tanto estaba esperando y de la que probablemente me iba a arrepentir bastante. Volvimos. Ese 21/09/13 jamás lo voy a olvidar, por más superado que estés.
Dos días después fui a tu casa por primera vez pero no como amigos, sino como salientes, chapantes... supongo. Día por medio salía de la escuela e iba a visitarte. Se había hecho rutina ir en secreto, sin que nadie sepa, sin que nadie nos vea. Creo que eso le daba adrenalina a mis tardes junto a vos, el preguntarnos "¿nos verá alguien?""¿llegarán tus viejos?" me hacía feliz, pero a la vez me destrozaba. Ya no era lo mismo que antes, lo sentía. Yo te amaba y vos me querías, ahí la diferencia. ¿Qué debía hacer? ¿Decirte todo lo que me pasaba? ¿Para qué? Si no sabíamos ni qué eramos...
Lloré cada noche después de llevar otro mes juntos, o sea, a partir de Octubre. ¿Cómo decirte "me hacés mal" si eras el mal más hermoso de mi vida? ¿Cómo dejarte ir si vos me mantenías de pie?
Y ahí, en ese mes, mi mente me empezó a atormentar con frases como "te usa""no le importás""no le gustás" y lloraba más y más. ¿Serían ciertos esos pensamientos? Creía que sí, y por eso comencé a hacer de todo para enamorarte: rímel, planchita, menos alimentos, mejor ropa, etc. Hay momentos en que el miedo se vuelve una obsesión, y mi miedo era perderte.
Poco a poco nos dejamos de hablar y sigo sin saber por qué. Empecé a conocer más a ciertas personas... Poco a poco fui sabiendo menos de vos, poco a poco me dejaste de importar, poco a poco te fui superando aunque me dolía más que nada, pero iba a ser lo mejor, aunque me costaba entenderlo.
Llegó el verano y yo estuve con otros flacos así como vos estuviste con más chicas. Ahí volvimos a hablar, pero me di cuenta que no podía seguir atrás de alguien que me buscaba cuando prácticamente se quedaba solo, que decía que me quería pero nunca lo demostraba. No podía estar enamorada de vos, ¡de vos!, que te convertiste en mi mayor y única obsesión, que hiciste que odie mi cuerpo, mi forma de ser. Por vos yo empecé a causarme rechazo, me odiaba con mi alma entera e incluso te odiaba a vos por haberme convertido en eso que era y en eso de lo que todavía no puedo despegarme del todo.
A vos, que fuiste la razón de mis sonrisas y la razón de mis lágrimas durante un año; a vos, que te amé y odié con locura; quiero decirte que, a pesar de todo, no me arrepiento de tantos meses de idas y vueltas. Gracias a vos aprendí lo que es el amor, el respeto y el cariño hacia uno mismo, la obsesión, la indecisión, la ansiedad, la adrenalina, el miedo, el insomnio.
Gracias por enseñarme a sonreír aunque me esté muriendo por dentro.


-Luli.

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