lunes, 17 de agosto de 2015

Él y ella.

Esta escena la presencié hace dos sábados, alrededor de las siete de la tarde. Fue un flash, un suceso que pasó en muy poco tiempo pero que me dejó pensando hasta hace unos días.
Yo iba en mi auto, en la parte trasera, mirando por la ventana derecha. Ellos dos, los de la secuencia, estaban en una plaza. Los protagonistas eran un hombre de unos 40 años y su hija, supongo, de unos 7 años. También llevaban a su perrito, un caniche toy color negro, que jugaba con ellos a la pelota. Se los veía alegres, contentos de estar allí, especialmente a los dos últimos mencionados. El papá... el papá estaba ausente, triste, sus ojos parecían caídos.En fin. Lo que yo contemplé fue lo siguiente: padre e hija jugaban al fútbol, los dos se reían y se miraban con amor, con ternura. En un momento, el hombre pateó demasiado fuerte la pelota que iba para la nena y ella, riéndose a carcajadas, salió corriendo a buscarla. En esos cinco segundos que la pequeña no estaba, el papá dejó de sonreír y quedó completamente serio. Si mal no recuerdo, tenía los ojos lagrimosos.Cuando ella llegó, el padre se pasó su mano por su cara y salió la sonrisa de vuelta. Una sonrisa muy falsa, evidentemente.Yo seguí mi camino en el auto.Ellos siguieron jugando.Ella muy feliz.Él muy triste.No puedo explicar la cosita en el pecho que me agarró después de presenciar eso. Miles de preguntas vinieron a mi cabeza, y lo más frustrante es que ya no voy a saber las respuestas. "¿Por qué fingía estar feliz?", "¿qué cosas lo hicieron llorar?", "¿habrá salido con su hija para distraerse?". Y no sé nada.Tal vez si yo iba caminando, me acercaba a ver si necesitaba algo, pero no. Me pone mal pensar qué podría haber pasado si yo lo ayudaba, de cualquier forma. Me dejó cierta culpa.A lo que voy es, ¿cuántas veces fuimos este muchacho? ¿Cuántas veces escondimos tristeza bajo una sonrisa? ¿Cuántas veces nos aguantamos las ganas de llorar para no parecer débiles? No hace falta ni pensarlo... Seguro fueron muchas. Incontables.Pero, pará. Alguna vez, también fuimos la pequeña. ¿Cuántas veces, por pensar tanto en nosotros mismos, nos olvidamos de que nuestros seres queridos también sufren? ¿Cuántas veces sabíamos que alguien estaba mal pero nunca preguntamos "por las dudas"? ¿Cuántas veces nos olvidamos de la gente que nos importa? Sí. Varias.Por eso, luego de este "análisis", me fue inevitable no ponerme bastante mal. Porque yo fui él. Porque incluso fui ella. Y porque no quiero serlos más.Quiero decir lo que me pasa en el momento justo. Quiero darle a los demás la misma importancia que ellos me dan a mí. Quiero que la gente se preocupe por ella misma pero que también se preocupe por los de su alrededor.Porque no quiero ver más sonrisas tristes ni sentir corazones reprimidos. Porque las lágrimas y las risas sinceras, son las más lindas.

-Luli.

2 comentarios:

  1. Porque yo fui él. Porque incluso fui ella. Y porque no quiero serlos más

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  2. Quiero decir lo que me pasa en el momento justo.

    para que? si a nadie le importa, a veces uno puede decirlo y nadie le toma importamcia, como si no hubieras dicho nada, a veces es bueno no decir nada que a decirlo y que pase eso...

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