viernes, 4 de agosto de 2017

No me sueltes.

Y es que hoy ya no puedo imaginar mi vida sin vos a mi lado. No puedo imaginarme un día sin oír tu voz, ni un día sin verte reír, ni un día sin tener tus manos entrelazadas con las mías, ni una noche sin despedirnos hasta quedarnos dormidos, ni un día sin estar en tus brazos.
Tu presencia me alegra la vida. Saber que al despertarme seguís a mi lado, contar las horas que faltan para volver a vernos, poder llorar junto a vos porque siempre tenés un oído para mí, planear un futuro juntos y que nada nos detenga. Estoy cada vez más segura de lo capaces que somos para lograr lo que deseamos. Todo esto me hace feliz y por esas mismas razones también te estoy agradecida.
Si supieras todo lo que siento al mirarte detenidamente, si supieras la sonrisa que provocás en mí al decirme lo mucho que me amás, si supieras cuánto disfruto observándote riendo, durmiendo o estando distraído, entenderías porqué te amo tanto y porqué no quiero tenerte lejos jamás.
No me sueltes, ni hoy ni mañana ni nunca; que yo te prometo lo mismo. Te prometo estar para vos tanto en las buenas como en las malas, te prometo hacerte feliz cada día de mi vida.
Te prometo que si estamos juntos, nada malo puede pasar.
Te amo.
-Luli.

viernes, 31 de marzo de 2017

Improvisando mi adolescencia - Capítulo 1 - Parte II.

Esta segunda parte de Improvisando mi adolescencia seguirá teniendo como protagonista a Julia, claramente, pero la única diferencia con la primera parte es que estará escrita en tercera persona y en pretérito. Ella ya no será la que nos cuenta su vida a través de un diario íntimo (el cual quedó guardado en una cajita), sino que miraremos todo desde afuera, sabiendo así qué piensan, hacen y quieren el resto de los personajes.
Ojalá la disfruten.
Gracias por leerme, una vez más.
---------------------------------------------------------------------------

Si bien el mes de agosto estaba llegando, el calor no quería irse del todo. Siempre, aunque fuera una vez por semana, estaba presente. Y este era uno de esos días: soleado, cálido, agradable para dar una vueltita en bicicleta o salir al patio a tomar aire. Un domingo.

—Agus, dale, levantate que no vamos a llegar más —le dijo Julia.
Agustín sonrió, con los ojos entrecerrados y una ternura divina.
—Amor, ¿qué hora es? ¿Las nueve? ¿Diez? —trató de adivinar. —¡Un ratito más!
—No, gordo, dale —insistó ella acostándose a su lado. —Papá dijo que el almuerzo va a estar para la una, tenemos que salir ya para llegar a tiempo.

Un fin de semana por medio, Julia se quedaba a dormir en el departamento de su novio en La Plata ya que ella había decidido volverse a Capital y estudiar su carrera allí. Extrañaba demasiado a su papá, a su hermano, a su barrio.
Agustín hacía ya meses que estaba buscando departamentos en Recoleta para volver a estar cerca de su novia, pero no encontraba ninguno que le gustara o que fuese económico. Por lo tanto, ambos se veían cuando podían.

—Bueno, está bien —dijo él haciéndose el ofendido. —Andá a hacer algo para desayunar que yo me preparo y ordeno todo.
Ella asintió sonriente y se fue al comedor.

A las once de la mañana ya estaban en el auto de Agus saliendo a Capital Federal. Tenían una hora y media de viaje aproximadamente, pero no se preocupaban demasiado porque se divertían muchísimo escuchando música, hablando, contándose chistes; y a veces cuando alguno de los dos tenía que estudiar, se iba al asiento de atrás y manejaba el otro.

—¿Podés poner el tema 58? —pidió él sin sacar los ojos de la ruta.
—¿Cuál es?
Nothing left to say —respondió él con una sonrisa inmensa.
Imagine Dragons —acotó mientras buscaba la canción en el pen drive.
Julia le devolvió la sonrisa y también le robó un beso.
Y es que entre ellos se entendían (y cada vez más).

Ese tema les hacía acordar a una hermosa noche de pasión que habían tenido hacía unos fines de semana atrás. Agustín le había pedido a su novia que fuera a su departamento a la nochecita y así él tendría tiempo de preparar todo con tiempo.
Cuando Julia llegó al lugar, del cual tenía llaves por cualquier cosa que ocurriese, abrió la puerta y se encontró con el living lleno de velas, luces tenues, un aroma increíble… y a su chico parado al lado del ventanal que daba al balcón, con dos copas de vino.

—¿Qué es todo esto? —preguntó ella muy feliz pero sin entender.
—Un regalo. Una sorpresa, en realidad —se corrigió Agus rápidamente. —No quiero que dudes de lo mucho que te quiero y lo de bien que me hacés.
Empezó a acercarse a ella con una pequeña sonrisa en la cara, estirando su mano para entregarle la copa.
—Ay, amor. Sos hermoso. No tengo palabras, no me lo esperaba —dijo emocionada.
—No quiero que digas nada, en serio. Mientras vos estés feliz, me alcanza y me sobra.

Dicho eso, le dio un beso a Julia y se acercó al equipo de música para poner el tema que recordarían toda su vida: Nothing left to say de Imagine Dragons. Se abrazaron, se miraron, se disfrutaron, se agradecieron.
Comieron ñoquis rellenos que Agustín había cocinado y más tarde, después de haber visto una película de comedia, comieron helado y tuvieron una noche llena de amor e intensidad.
Se hacían bien de verdad. Sentían amor en serio.


—Qué tema del bien —comentó Julia una vez que la canción había terminado.
—Te juro que la amo, por eso la elegí la otra vez.
—Me lo imaginé —contestó mirándolo con ternura.

En ese momento, comenzó a sonar el celular de la morocha. Miró la pantalla y era Fiorella, una de sus mejores amigas. Le hizo una seña a su novio para que hiciera silencio, bajó el volumen de la música y atendió.
—Hola, amiguita.
—¡Hola, Ju! —se escuchó del otro lado con cierta excitación. —¿Qué andás haciendo?
—Volviendo a Capital con Agus, ¿vos qué onda? ¿Por qué tanta felicidad? —preguntó riéndose.
—¡Ay, nena, nada! —rió. —Te extraño, hace como diez días que no nos vemos. ¿Nos juntamos hoy?
Julia pensó.
—Voy a poder a la tardecita casi noche. ¿No importa?
—No. ¿Vas a estar con Agustín?
Lo miró a su novio.
—No sé, capaz. ¿Por?
—Me pinta que hagamos algo los cuatro, ustedes dos y Mateo conmigo —planteó Fio.
—No es mala idea —dijo sonriendo. —Después mandame un mensajito y arreglamos algo.

Terminaron de hablar y Julia guardó el celular en su cartera. Le contó a Agus la idea de su amiga y él, como siempre, simpático y alegre, dijo que sí. Le caían genial Fiorella y su novio, juntos la pasaban genial.
Ya faltando media hora para llegar a destino, Julia buscó en su lista de reproducción del pen drive Dog days are over de Florence + The Machine. Bajó la ventanilla del auto, se puso los lentes de sol y empezó a cantarle al aire, a la naturaleza, al cielo, al sol. Y se acordó de su mamá mirando para arriba, entonces sonrió.
Esa canción siempre la bailaban juntas y aunque Sara jamás había logrado aprenderse la letra, la cantaba con muchas ganas y fuerzas. Como era ella, alegre, hiperactiva y fuerte.

—¿En qué pensás, linda? —le preguntó Agustín, sacándola de sus propios pensamientos.
Julia lo miró confusa, se había perdido en los recuerdos.
—Perdón. En mamá —contestó. —Voy a cambiar de tema porque no quiero ponerme sensible ahora.
Él estiró su brazo y le hizo una suave y dulce caricia para contenerla. No le molestaba para nada que hablara de su mamá, obviamente, pero conocía a Julia a la perfección y entendía cuando un no era no. Ella prefería llorar en soledad, con su corazón abierto pero a escondidas.

Una vez en Recoleta, decidieron ir a comprar pan y bebidas para no caer con las manos vacías al almuerzo. Tardaron unos quince minutos en ir y otros en llegar a la casa.
—Hola, papi —saludó Juli con un abrazo.
—Hola, hermosa —respondió ayudándola con los pocos bolsos que se había llevado para el fin de semana.
Se saludaron los restantes, incluso estaba Nico, hasta que apareció una mujer alta con un cuerpo curvilíneo bellísimo, unos ojos verdes potentes, cabello marrón oscuro y una sonrisa que llamaba mucho la atención. “Debe ser la novia de mi hermano”, pensó Julia.
Pero no.
—Hija, Agus, ella es Carolina —la presentó su papá.
La pareja se miró desentendida, pero no querían ser irrespetuosos o maleducados, por lo tanto saludaron.
—Hola, un gusto —dijo de manera agradable la nueva invitada. —¿Así que ella es la famosa Julia?
Ella alzó las cejas, más confundida aún. ¿Quién era la mujer? ¿Por qué sabía de su persona pero la adolescente jamás había escuchado su nombre?

La situación fue bastante tensa hasta que Pablo decidió llamar a su hija a la cocina para hablar de manera rápida, mientras los demás se dirigían al patio para ver cómo avanzaba el asado.
—¿Y esto? —preguntó Julia en un mal tono.
—Carolina, hija —contestó como si fuera algo obvio. —Si te conté que estaba conoci…
Interrumpió.
—Ya sé lo que me dijiste, pero podrías haberme avisado que vendría más gente.
Pablo revoleó los ojos.
—Es buena, alegre, sabe un montón sobre todo lo que le preguntes. Dale, hija, te va a caer bien.
—Voy a hacer el esfuerzo solo por vos, porque te quiero y mi mayor deseo es verte bien.
Le dio un beso en la mejilla, dejó su cartera en la barra y se fue al patio también.

Cuando llegó, se acercó a ver la carne en la parrilla y comentó que se moría de hambre. Luego, se recostó en la hamaca paraguaya junto a Agustín.
—¿Le hablo a Fiorella para concretar lo de hoy?
—Sí, dale —contestó entusiasmado.
—¿Hicieron algo allá? —preguntó Nico acercándose y metiéndose en la conversación.
—El viernes no, estábamos re cansados, y el sábado a la noche fuimos al teatro —comentó Julia.
—¿Te gusta el teatro? ¡A mí también! —se sumó Caro.
Julia intentó sonreír, ser simpática, pero no le cerraba. Sí, recién la conocía, pero se esperaba otra… cosa para su papá.
Pensó dos segundos.
¡Acababa de conocerla! Debía darle una oportunidad.
—Sí, soy bastante fan —dijo por fin. —Pero no voy muy seguido, menos ahora que estoy con los estudios a full.
—Algo me había comentado tu papá. ¿Agustín vive en La Plata todavía?
Lo miró a él para que respondiera.
—Sí. Igual sigo averiguando para volver a Capital, no soporto estar muy lejos de esta chiquita —dijo entre risas, abrazando a su novia.

Todos seguían hablando y contando cosas para conocerse, era cierto que Carolina se destacaba por su alegría y simpatía. Pero Julia no, estaba desconectada, colgada y muy pensativa.
Algo shockeante e inesperado le llegó a su mente de golpe, porque sí, porque pensaba demasiado. ¿Lo peor? Que no era imposible. Tranquilamente podía suceder. Pero aún no era el momento de hablar, preguntar o investigar.
La semana recién estaba comenzando. Y esta nueva etapa, también.

-Luli.

viernes, 3 de febrero de 2017

La vida es causa y consecuencia.

¿Qué es la vida? Y… Podría decir que es bastante complicada, porque uno no sabe porqué vino ni tampoco cómo se va a ir… No sé dónde estoy, no sé lo que quiero, no sé en dónde voy a terminar. ¡Tengo tantas dudas e inseguridades! Tengo miedo. De hecho, creo que la adolescencia se basa en eso, en las inseguridades que empezamos a tener porque somos chicos para algunas cosas y grandes para otras. No sabemos qué decisiones tomar, le tenemos terror al fracaso y a que las personas de nuestro alrededor no nos acepten. Es decir, la vida en la que se encuentran la mayoría de los adolescentes se basa en la aceptación de los demás. Estamos tan pendientes del qué dirán que no valoramos las cosas que tenemos hoy, ahora. Y al perderlas nos frustramos y empezamos a hacer la típica pregunta de “¿por qué a mí?”.
Creo que la vida es causa y consecuencia. Todo lo que hacemos tiene una razón, y automáticamente crea una consecuencia, ya sea a corto o a largo plazo, y puede ser tanto negativa como positiva. Sin embargo, las cosas malas que nos suceden no son problemas, son retos. Retos que nos ayudan a crecer, a madurar, a comprender, a ser mejor persona.
Todo tiene solución. De todo podemos salir. En serio. En la vida no existe una sola oportunidad, si nos caemos nos podemos levantar y volver a empezar. Puede quien creé que puede. Como dije, de todo podemos volver a empezar.
Menos de la vida.
Porque es una sola, y si termina ya no hay marcha atrás.
Entonces… ¿Qué es la vida?
Ah, sí. Es como un juego de cartas que solo podemos jugar una vez. Las cartas nos tocan al azar, ojo, pero nosotros decidimos cómo usarlas.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Dejá el celular y viví.

Es corto lo que te quiero decir hoy, te juro. Y espero que te deje pensando.
Dejá el celular por un día entero y vas a ver lo lindo que es el sol cuando brilla y lo bien que te ves vos observándolo, no necesariamente para una foto casual en Instagram. Ah, ya que estamos hablando de las redes sociales… Nooo, no te dejó de seguir él, no, escuchame. Sos más linda sin tantos filtros. Creeme, no te miento. No necesitás PicsArt y PhotoShop para ser hermosa. Ya lo sos, mirate.
Si está lloviendo y querés postear una foto, ¡posteala! Ya sé que todos hacen la foto de las gotitas en la ventana, pero vos no sos todos. Vos sos vos. Si estás revolviendo la caja de recuerdos y encontraste una imagen hermosa de tu niñez, no esperes a que sea jueves para poder subirla con el hashtag “TBT”. No, no vas a perder seguidores por eso, creeme también. 
Dejá el celular por un ratito, un ratito nada más, y recordale a tus viejos cuánto los querés y lo importantes que son para vos. Deciles gracias, gracias de corazón, con el abrazo que les debés de hace cinco meses. Felicitala a tu vieja por las buenas milanesas que preparó y aplaudilo a tu papá porque quiso lavar los platos.
Dejá el celular y escuchá a tu amiga cuando te habla. Sí, ya sé que te contó la historia más de tres veces, pero ella te necesita, quiere que la contengas, no que la aconsejes y que le digas “ya se te va a pasar”, porque vos y yo sabemos que no es así. Quiere que la mires a los ojos, que le digas “acá estoy yo, llorá en mi hombro”, que la abraces y la llenes de amor. No quiere que se saquen una foto juntas para que todos sepan lo inseparables que son, ¡no! ¡MIMALA!
Dejá el celular y encará a Agustín de una. ¿Emojis? ¿Indirectas? ¿Mensajitos provocativos? ¡Nena, haceme el favor de llamarlo y decirle “te quiero ver”! ¡De ir hasta su casa y proponerle pasar la tarde juntos! ¿Qué vas a perder? Y no me digas que “la dignidad”, porque lejos estás de eso. ¿Tan mal visto está hoy en día demostrarle amor a la persona que querés? Nena, no sabés cuánto va a durar todo esto, no sabés cuándo te vas a ir ni cuándo les va a tocar separarse. Aprovechalo, besalo, abrazalo bien fuerte. Hagan el amor, sáquense fotos para tener de recuerdo, escribile algo en la pared de su habitación. Apretalo, decile cosas lindas en su oído y hacele un regalo. ¿Que le parece demasiado pronto? ¿Entonces cuándo va a ser el momento? Es hoy, nena, es hoy.
Dejá el celular y contale a tu abuela todas las cosas que te pasaron estos meses, que seguro porque está media sorda y no entiende a la nueva generación, no le detallás demasiado. Ella se hace un tiempo para cocinarte, para preguntarte si estás bien, para hacerte tu postre preferido y para ir a comprarte dulces. ¿En serio no podés hacerte un tiempito para comentarle sobre tu nuevo amor y la gran relación que estás teniendo con tus amigas? No te creo. Nada.
Dejá el celular y mirá sin pausas la película que tanto te gusta. Sí, ya sé que te habló Agustín, pero, ¿acaso no puede esperar? ¡Claro que puede! No va a dejar de quererte porque le digas “Che, bancame que estoy viendo una peli hermosa. Después te hablo”, eh. No, para nada. Te va a entender y hasta quizá te diga “¿Puedo ir a verla con vos?”. Y si se te “escapa” por eso, Agustín es un gil. ¿Viste qué simple es? Dale, él puede esperar. Agarrá los tres chocolates que estás guardando hace un año porque no querés engordar, hacete pochoclos, o simplemente sentate en tu sillón con una frazadita cerca y disfrutá. Que ni una llamada, ni un mensaje, ni una notificación de Facebook te interrumpan tu escena preferida. 
Y que ni un celular, ni una computadora, ni una tablet, ni un mp5, ni ninguna red social te interrumpan tu vida. Ya sé que querés postear cada momento lindo que te pasa, que te querés descargar tuiteando a full, que tenés que decirle feliz cumpleaños a Flor. 
El momento lindo, guardalo en tu mente, porque dentro de tres años… la única que se va a acordar de eso sos vos, no el primo del mejor amigo de tu amigo que solo lo conocés por Facebook. 
Si estás triste, llamá a tu amigx de confianza, hablá con tu viejx, largá tus cosas con tu hermanx, ¡pero tus seguidores no quieren saber qué tan triste estás hoy, nena!
Y si tenés que decirle feliz cumpleaños a Flor por una red social… dejame decirte que estás haciendo todo mal. Andá hasta su casa con el mejor abrazo de regalo, mandale un súper desayuno, llamala y hacela llorar de felicidad, pero no dependas de internet...
Dejá el celular y viví.
Por favor.
-Luli.

martes, 6 de diciembre de 2016

Todavía te lloro, papá.

Cuando te perdí, te lloré con el alma. Lloré de verdad, lloré de la manera que más duele. Lloré, grité, maldecí, puteé, me enojé con la vida, me enojé conmigo misma y me enojé con vos. Volví a llorar, no dormí, no comí, no existí y yo también dejé de vivir por un gran tiempo.
Ahora me doy cuenta de lo mucho que siempre te necesité, de lo indispensable que eras para mi vida, de que tu risa alegraba mis días. De que tus palabras eran magia, de que tus ojos al sonreír brillaban más que nunca, de que tu malhumor un poco me gustaba. Incluso me doy cuenta de la cantidad de abrazos pendientes que nos quedaron, de las charlas que nos debíamos, de las peleas que nos faltaron.

Todavía te lloro, papá, no te preocupes. Te lloro porque te fuiste, pero agradezco porque te tuve. Te lloro porque no nos despedimos, pero agradezco porque todos los días nos separábamos con abrazos reconfortantes. Te lloro porque te extraño, pero agradezco porque tus “te quiero” todavía resuenan en mi cabeza. Te lloro porque no merecías irte, pero agradezco porque lograste todo lo que querías, y cuando partiste, lo hiciste con una sonrisa.
Todavía te lloro, papá, aunque hoy estoy con ganas de gritarte “¡gracias!”. Gracias por cuidarme del mundo exterior, gracias por darme un lugar en tus brazos cuando las cosas no iban bien, gracias por escucharme cuando no tenía con quién hablar, gracias por motivarme a hacer lo que amo, gracias por compartir tus anécdotas conmigo (que de hecho me las sé de memoria). Gracias por estar en los momentos más importantes de mi vida, gracias por hacer de todo por y para mí, gracias por romperte el lomo laburando para que nunca me falte nada, gracias por confiar en esta mujercita que todavía se sigue equivocando y espera seguir escuchando tus sabios consejos incluso desde allá arriba.
Gracias por llegar y quedarte, gracias por estar y permanecer, gracias por ser vos.
Todavía te lloro, papá, y es la manera más hermosa de recordarte.

(Les recomiendo escuchar Nos veremos otra vez de Serú Girán -haciendo click aquí- a todxs los que estén pasando por momentos difíciles como lo es la partida de un ser querido).
-Luli.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Me llevás a otro planeta.

No sé cómo empezar esto. No sé cómo explicar todo lo que me pasa con vos, todo lo que me hacés sentir. No creo poder definirlo con palabras, porque lo nuestro es magia. Tan simple y llenador como eso.
Te miro y el corazón me empieza a latir más rápido de lo normal, y sonrío, y no sé porqué. Pero la sensación me encanta (y no quiero dejar de tenerla).
Me hablás y mi carita va tomando un color rojizo llegando al bordó, porque me gusta que me hables, porque me gusta escuchar tu voz tan cerca de mí. ¿Qué importa el color de mi piel en el momento que decís mi nombre, tan lindo como solo a vos te sale? Vení, buscame, conversame, que por vos me pongo colorada todos los días.
Me llega un mensaje tuyo y mi sonrisa se forma sola, sin siquiera pensarlo. ¿Sabés lo hermoso que es sonreír por alguien? ¿Sabés lo hermoso que es que alguien te haga sonreír? Eso lográs vos en mí: que sonría, que me sienta plena, feliz, completa. Completa, sobre todo; porque  cuando estamos juntos siento que no necesito nada más .

Pero lo que más disfruto de vos, de nosotros, de esto tan pequeño y grande que formamos, es el silencio. Porque podemos pasar toda la tarde escuchando Soda Stereo, The Strokes o Falsa Cubana, y nos encanta, y cantamos despacito para que no nos escuchemos; pero llega un silencio (por más cortito que sea) y todo sigue igual. Cruzamos miradas, nos sonreímos, queremos decir algo y no sabemos qué. Ya fue, ¿no? Gran placer disfrutar de silencios con personas que querés, que valorás, que admirás. Total, con ese estado de tranquilidad que puede durar de uno a tres minutos sumado a tus ojos sobre los míos, ya no quiero más. Esa mirada vale más que mil canciones, más que mil palabras.

Y en ese silencio que parece eterno, se me retuerce el estómago y me dan unas ganas inmensas de abrazarte, de besarte, de decirte “te quiero” y de contarte lo mucho que me gusta tenerte tan cerca.
No lo hago.
Te sigo observando, como siempre, desconcentrándome con tu belleza sobrenatural (física y mental). Te sigo observando, como siempre, mientras pienso lo bien que me hacés, las cosas que me hacés sentir y por qué me hacés sentir de esta forma.

Y mirá, acá te lo digo, cortita y al pie: me llevás a otro planeta. Gracias.

 -Luli.


sábado, 26 de noviembre de 2016

Mensaje para vos.

Espero que la vida te trate bien 
y que puedas lograr todo lo que te propongas,
porque sé que podés.

Espero que encuentres el amor de verdad,
sin importar cuántas noches llores,
sin importar cuántas veces te decepcionen.
Sé que lo vas a hacer, sé que hay alguien especial
que te va amar como te lo merecés.

Espero que puedas ser feliz,
ser feliz haciendo lo que amás,
ser feliz con la gente que amás.
Y que te ames a vos misma, 
que te ames mucho.

Espero que todo lo que hoy te hace pensar
que no sos lo suficientemente buena,
desaparezca.
Que desaparezca, que se vaya bien lejos
para nunca volver.

-Luli.